Las mentiras de Neutrina
Mi bitácora está llena de mentiras. Pero no te preocupes, no puede ser peor que los comerciales en la tele o tu querido amigo, peor aún, tu pareja, leyéndote el horóscopo del domingo...otra vez.
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Un final de Spielberg para Jesucristo

"Sor Ana, ¿qué se siente estar casada con el Señor?"

Era mi voz, unos decibeles más alta. Mis cuerdas vocales no tenían mucha experiencia aún. Estaba en el preescolar de un colegio llamado “Apostolado”, Neka y Lina se encontraban en mi futuro, y yo en el de ellas, pero no lo sabíamos todavía.

Sor Ana era la profesora, y mi ídolo personal. No somos muy exigentes a los cuatro años y la querida hermana era dulce, cariñosa, le gustaba cantar y tenía una voz melodiosa. Con ella, sin saberlo, comencé a sentir cierta atracción hacia lo sublime, sin entender la palabra pero con una curiosidad espantosa por conocer el sentimiento. Creía verlo en la sonrisa española de Ana, en sus ojos azules, su piel blanca como las nubes, sus manos largas y suaves.

"Es una responsabilidad enorme, Neutri, tu mente de niña aún no es capaz de entenderlo", sus labios sonreían pero su semblante era serio. La ambigüedad en su rostro me provocó un cosquilleo en el estómago. Sentí miedo y pena por Sor Ana, pero no entendía por qué.

"¿Habla usted con Él?"

La hermana me miró con interés, su rostro a media asta de la diversión completa.

"¿Y a qué viene tanta curiosidad, jovencita?"

No estaba enojada conmigo pero en sus palabras leía otro mensaje. No le gustaba mi curiosidad, quizá estaba siendo muy metiche. Me sentí avergonzada y enmudecí.

"Neutrina", escuché su voz al mismo tiempo que sentí su mano delicada sobre mi pelo crespo, "no te preocupes tanto por estas cosas. Eres muy niña aún para comprender y no quiero verte triste. Anda, ve y juega con tus amigas y deja de pensar en cosas de adultos".

Acaté sus dulces órdenes pero no logré apartar de mí la sensación amarga de que había hecho algo mal, de que la había importunado de alguna forma. Aquella preocupación me la llevé a casa. Recuerdo que hasta mi madre lo notó. Ella misma me recordaría aquella conversación mucho tiempo después.

Vivíamos en un barrio de clase-media-baja en el centro de la pequeña y creciente ciudad. En menos de un año mi padre aceptaría un trabajo en una provincia del país donde más tarde conocería a Neka y a Lina y viviría años muy felices. Mientras tanto, mi joven memoria se llenaba de sensaciones extrañas que veía expresadas en mis sueños y que sólo décadas después lograría articular.

Esa noche mi madre leyó La Cenicienta por centésima vez pero no hice las preguntas habituales y ella se mortificó. Era una buena madre mi madre.

"A ver, chiquita, ¿por dónde andan tus pensamientos? ¿Estás en el colegio? ¿Donde los abuelos? ¡Ya sé! Estás pensando en tu lista de regalos para Navidad".

"¿Cómo es que Cristo puede tener todas esas esposas?" le pregunté honestamente, acurrucada entre cómodos almohadones hechos para mí por mi querida abuela Bucha.

"¿Quieres decir las monjas?"

"Ajá".

"Eeehhh...bueno, esas son cosas divinas, cosas de la iglesia quiero decir".

Por supuesto, no la entendí.

"Pero si Cristo puede, entonces papi podría casarse con muchas también ¿no?"

"Oooooh no no no, cariño, la poligamia está prohibida por la iglesia".

"¿Por la iglesia de Sor Ana?"

"Así es, corazón, los hombres cristianos no pueden casarse más que con una mujer y si quieren casarse con otra entonces tienen que divorciarse de la primera ¿entiendes?"

Asentí con la mirada llena de dudas. Mi madre me besó la frente y acarició mis rizos negros.

"Atiéndeme, morsita, la iglesia tiene leyes y yo no las entiendo todas. Imagino que las monjas se casan con Cristo de palabra....eeehhh...a ver como te lo explico..."

"¿De mentira?"

"Pues más o menos, cariño, ellas dicen que están casadas con él porque de esa forma no pueden casarse con nadie más".

"¿Y ellas se pueden divorciar de Cristo?"

Me miró entusiasmada, sus ojos conservaban hermosas huellas, negras, grandes y alargadas, de su padre libanés, sus facciones parecían pertenecerle a uno de los personajes en Las mil y una noches.

"Si, corazón, a estas alturas, hasta a Cristo se le puede pedir el divorcio".

Aquella conversación me colmó de estupendas ideas. Sor Ana no estaba presa ni secuestrada por Cristo y sus secuaces divinos. Si ella así lo quería, podía dejarlos en un santiamén.

"Sor Ana..."

"¿Si, Neutri?"

"¿Usted es feliz con Cristo?"

"Muy muy feliz, niña mía, tan feliz que quisiera esta misma felicidad para todo el mundo".

"Mi mami me dijo que usted podía divorciarse de Cristo si así lo quería".

"Oh, pero Neutri, yo nunca me voy a alejar de mi Señor Jesús. Es lo mejor que me ha pasado en la vida".

"Pero ¿habla usted con él?"

"Todo el tiempo, amor".

"Y él, ¿le responde a usted?"

"Oh, si, Neutri, me responde de muchas formas". La miré y asentí. Sabía que no obtendría mayor claridad de sus respuestas.

Cuando nos mudamos de la ciudad y me inscribieron en el nuevo colegio, "El Cristo Rey", llevaba conmigo la impresión de que las monjas conocían secretos divinos que llenaban de sublimidad sus vidas. Cuando conocí a Sor Alegría, a Neka y a Lina, especialmente a Lina, las cosas sencillamente se complicaron aún más.

"Las monjas tienen dos secretos, Neutri, los vibradores y los curas pervertidos". Cuando Lina hablaba así, Neka se persignaba mientras yo reía a carcajadas. Intentaba ocultar mi nerviosismo ante la incredulidad firme de Lina.

"Eres insoportable a veces, Lina. Creo que deberías mostrar un poco más de respeto".

"¿Por qué?"

"Porque esas personas no te han hecho nada".

"Yo no les hago nada a ellos tampoco. No veo a ninguna monja o cura por aquí".

"Si, pero Dios está en todas partes".

"Creo que te has equivocado, Neka cariño, Dios ha dejado de estar en muchos lugares. Creo que no eran de su agrado".

Neka la miró con ganas de asesinarla delante de todos los arcángeles.

"Seguro que no lo eran, son lugares donde sólo cabe el mal y Dios no está donde se encuentra el mal".

"Wrong again, darling. A Dios le encanta el mal y las tragedias, le gusta inventarlas y pensar en cada detalle morboso. Piensa en todas las que ha perpetrado él solito, y hablo de ese dios tuyo y de Sor Alegría, el mismo Dios a quien le teme mi querida y agnóstica Neutrina. A Dios no le gustan las acciones de Madre Teresa, ni la justicia, su labor es crear odio entre pueblos, guerras, sacrificios, tirar recién nacidos contra las piedras, quemar ciudades completas, programar diluvios, cortar cabezas, tomar bandos, discriminar y salvar a unos pocos, dependiendo de su Divino Estado de Ánimo".

Neka estaba al borde de las lágrimas y yo sentí un nudo, forjado de miedo, que crecía en mi estómago con cada palabra acusatoria que salía de la boca de aquella hereje a quien tanto quería. A veces pensaba que un rayo la partiría en dos en cualquier instante. "Dios gusta de las hijaputas como yo, Neutri, él y yo somos el uno para el otro. Ya me matará algún día", me respondió una vez que le confesé mi temor. "Eres una pendeja", se burló entre risas luego de pensarlo. Ese día logró que me sonrojara.

"No consigo entenderte, Lina, a veces pienso....creo que te sientes di...dis...dif...no sé. Pero no puedes hablar de Dios de esa forma, no mientras yo esté presente".

"Pues por respeto a ti me callo, porque eres mi amiga y eres educada, ni siquiera puedes decirme a la cara que estoy frustrada por ser albina, te lo agradezco". Hizo una pausa se puso de pie y buscó un libro. Cuando volvió a sentarse lo tenía abierto en una página marcada por un pedazo de cartulina negra. "¿Sabes lo que quiere decir ser albino? ¿Sabes lo que me hace una albina?"

Neka me miró y ambas negamos con la cabeza, aunque la mirada de Lina se mantenía fija en nuestra católica amiga.

"Es una condición genética, mutaciones de varios genes que impiden que el organismo produzca melanina que es lo que le da el color a la piel. Hay mucho tipos de albinismo, algunos sólo ocurren en los ojos, otros en algunas partes de la piel, yo tengo hipopigmentación y sufro de síntomas como el movimiento rápido de los ojos". Lina pasó una página y continuó mirando el libro con interés. "Cuando era pequeña, mi papá me regaló este libro y me explicó sobre mi condición. Me dijo que todo el que se burlara de mí era un ignorante que no entendía lo que eran mutaciones genéticas ni condiciones heredadas", sonrió con sus ojos llenos de lindos recuerdos de épocas inocentes, cuando aún existía dentro de un submundo creado para ella por papá y mamá. Miró a Neka y suspiró.

"¿Qué tiene que ver todo eso con Dios?"

La pregunta de Neka produjo en mi cerebro imágenes absurdas. La percibí como una mariposa que vuela inocentemente, Lina era el vidrio del carro que aceleraba indiferente en su metálico camino.

"Mi condición me llevó a la conclusión de que no existe tu Dios omnipotente".

"No entiendo".

"Por supuesto que no".

Se levantó y puso el libro de vuelta en su lugar.

"Para mí fue el hambre en el mundo, especialmente entre niños, lo que derrotó lo de la omnipotencia", dije más que nada para romper el estúpido silencio. "Si no puede acabar con eso es porque no es omnipotente".

"Si, algo similar me ocurrió a mí, pero tenía que ver con genes. Neka, tu dios no es omnipotente, no puede serlo porque si lo es y no hace nada para remediar las cosas entonces es malvado, que es en realidad mi teoría inicial".

"Yo a veces no las entiendo y me parecen crueles y como que suenan muy académicas pero creo que tienen miedo de aceptar lo que el corazón les dice. Dios existe, amigas, escuchen con el alma y no con la carne. Hay cosas inexplicables en el mundo que sólo Dios conoce. Nosotras no debemos preguntarnos ni cuestionar sus decisiones. Él tiene muchas cosas reservadas para aquellos que sufren por él, y es cierto lo que les digo..."

"Pruébalo", la interrumpí.

"¿Qué quieres que pruebe?"

"Prueba que todo eso que dices es verdad. Dile a tu Dios que erradique el hambre en África como una señal de que existe y así todos tendremos que creer en él y sacrificar nuestros hijos por él".

Lina comenzó a reír. Se arrojó de espaldas en la cama y su risa se desplazó por toda la habitación. Con lágrimas en los ojos y respiros entrecortados me aseguró festivamente: "es lo mejor que he escuchado en años".

Lina era lo mejor que me había pasado en la vida.



Una semana después de su muerte, años más tarde, Neka celebraría una pequeña reunión de amigas, para que nos despidiéramos “solemnemente” de Lina. Mis padres me obligaron a ir. Llevé conmigo una mascota de mi último año en el bachillerato. Ese día las odié a todas.

La supersticiosa madre de Neka nos sirvió chocolate caliente y panecillos mientras algunas de sus amigas, de Neka no de Lina, recordaban morbosamente la última vez que habían hablado con ella. Una de ellas decidió que era preciso que oráramos todas por el alma de la difunta.

"Creo que sería una hipócrita si me pusiera a rezar por el alma de Lina. Lo mejor es que les lea este cuento que escribió mi amiga en las dos últimas páginas de mi cuaderno de matemáticas. Creo que refleja muy bien su personalidad, su inteligencia, su visión moderna de la vida, sus creencias, su anticlericalismo, su forma radical de ver la vida, sus esperanzas y sus ilusiones sobre el mundo".

Mi regalo para Jesucristo


Si fuera a escribir de nuevo la Biblia emplearía a Steven Spielberg como uno de los más importantes y confiables profetas. Le daría plena libertad para rescribir el guión y hacer las cosas un poco más digeribles para la población humana que tanto se debate por explicar la divinidad de lo divino.

Le diría que enfatizara la esencia jipi de Cristo y que empleara su magia única en el personaje de Dios, un dictador cruel y temerario donde los haya.

Creo que Steven es el profeta capaz de sacar a la Biblia y a Dios del embrollo en que se encuentran, además, haría las cosas más alegres y menos trágicas. La gente quiere ir a la iglesia a cantar y a olvidar los problemas, no a sentirse culpables por algo que nadie sabe si ocurrió o no.

El final del guión de Steven sería más o menos así:

El Hombre entró a la taberna, lucía cansado, su barba estaba descuidada y la ropa parecía haber franqueado varios tipos de climas. Pero su mirada no era terrenal y el tabernero, al notarlo, tuvo deseos de abrazarlo y lavarle los pies. Lo alimentó y le escuchó hablar por un rato. Su filosofía era pacífica pero revolucionaria, quería cambios para los que estaban mal.

Pero algo en Él iba más allá de sus palabras.

Los profetas llegaron y comenzaron a escribir lo que decía. Uno de ellos se le acercó, lucía consternado. Hablaba sin parar de las profecías y le rogaba que huyeran a otro lado, lejos de allí.

Pero en la mirada de Jesús no había miedo. Estaba seguro.

"¿Por qué he de temer, hermano? Mi padre es Dios. Tengo un padre omnipotente, omnipresente y he hecho todo lo que me ha dicho que haga. No lo he desobedecido, he cumplido sus leyes y lo amo con todo mi corazón. Él también dice amarme. ¿Crees entonces que tenga que preocuparme? Mi padre no me abandonará ni me dejará sufrir. Él estará allí para salvarme".

Pero el profeta no lucía tan seguro. Su escepticismo y la ficción en sus propios relatos lo hacían dudar.

Esa noche uno de ellos lo traicionó y Jesús fue arrestado.

Sentía los cuerpos de muchos hombres a su alrededor pero sus pensamientos yacían con los de María Magdalena, quería volver a besarla en los labios, quería tener una familia con ella, continuar predicando la palabra de su Padre para siempre, literalmente esta vez.

Con todos los milagros que era capaz de hacer y la inmortalidad otorgada por Derecho Divino, era seguro que estaba destinado a ser alguien importante. Seguro que iba a ayudar a la humanidad. Verdaderamente.

Pero ahora escuchaba que lo crucificarían. ¡Lo iban a clavar en una cruz! ¡Los muy bestias!

Lo retiraron de la celda y lo obligaron a cargar la maldita cruz. No entendía nada de lo que ocurría pero por ratos, cada vez menos espaciados, sentía el látigo pegarle en la espalda. Las lágrimas bajaban constantes, no se merecía aquello. Una piedra le pegó en la cabeza y se pensó una hormiga. Sus sueños comenzaban a evaporarse con el polvo que levantaban sus cansados y ampollados pies. Se desmayaría en cualquier momento, aquella cruz era demasiado pesada, le dolía todo el cuerpo.

Y el verdugo que no cesaba con el maldito látigo.

"¿Padre....?" preguntó esperanzado y miró a los cielos. Pero sólo vio nubes grises que se agrupaban. Iba a llover, seguro se caería en el lodo.

"¿Padre...?" esta vez su voz iba cargada de ansias, miedo, sonó un poco más fuerte, temblaba en su garganta antes de dejar su cuerpo para siempre. Observó que un círculo de sol se abría entre las nubes. Un sentimiento fuerte e inexplicable lo llenó de júbilo y exclamó con todas sus fuerzas.

"¡PADRE!"

Del cielo bajó un gigantesco y hermoso arcángel montado en un Pegasus plateado, las alas del caballo producían ráfagas espectaculares de viento por todo el lugar.

"Vengo en nombre de Dios y les ordeno suelten a su único hijo de inmediato".

La aparición hizo que muchos corrieran despavoridos gritando improperios y que otros cayeran de rodillas al suelo alabando con nueva y recuperada fuerza al Señor Verdadero. El arcángel no podía bajar del cielo porque era demasiado grande para la Tierra, su voz se escuchaba por todas partes.

"De ahora en adelante, Dios les ordena honrar y adorar a su hijo Jesucristo y seguir el ejemplo de vida que Él llevará desde ahora".

Los profetas escribían con urgencia cada palabra, lágrimas caían de sus ojos al papel. Las voces angelicales de un coro de niños, o de ángeles, comenzaban a desplazarse como si fueran parte de la brisa y el aire. La melodía regocijó a toda la humanidad.

Muchos aseguran que los sueños de los romanos no fueron los mismos desde entonces. Jesús no quiso ningún puesto político aunque sí tenía la última palabra en las decisiones que afectarían a los miembros de su Iglesia Cristiana.

Se casó, por supuesto, con María Magdalena y la Virgen llegó a tener místicos nietos. Fue el precursor del movimiento feminista y presidió otras muchas organizaciones pacifistas, naturistas, ecológicas (ha salvado a millones de especies) y ha velado por la libertad de creencias y de expresión. Aún trabaja activamente con Dios, y a pesar de las fuerzas del mal que obstaculizan sus caminos, El Hombre ha logrado un mundo donde todos los niños están protegidos del hambre, el abuso y la criminalidad".

Si las cosas fueran así, hoy yo sería cristiana.

Abre los ojos, Neutrina,

Lina.


No volvieron a invitarme a sus reuniones religiosas. Noticia lo suficientemente alegre como para sugerir, por el momento, un delicioso y meloso final feliz, ‘a lo Spielberg’.

Seguiremos charlando,

Neutrina :)

06:43 | glenys | 7 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: Algernon Fecha: 2003-08-05 18:22

Excelente, como siempre :)



2
De: Glenys Fecha: 2006-11-17 03:34

Gracias mil, querido Algernon :)))



3
De: anarosa Fecha: 2007-06-21 02:41

ADONDE FUISTES TE ANDABA BUSCANDO TU MAMA Y TU PAPA Y TE BAN A PEGAR PORKE NO ESTABAS EN LA CASA YMEBOOOOOOOOOYYYY



4
De: anarosa Fecha: 2007-06-21 02:41

ADONDE FUISTES TE ANDABA BUSCANDO TU MAMA Y TU PAPA Y TE BAN A PEGAR PORKE NO ESTABAS EN LA CASA YMEBOOOOOOOOOYYYY



5
De: anarosa Fecha: 2007-06-21 02:42

ADONDE ESTABAS



6
De: anarosa Fecha: 2007-06-21 02:42

ADONDE ESTABAS



7
De: anarosa Fecha: 2007-06-21 02:42

ADONDE ESTABAS







		
 

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