Las mentiras de Neutrina
Mi bitácora está llena de mentiras. Pero no te preocupes, no puede ser peor que los comerciales en la tele o tu querido amigo, peor aún, tu pareja, leyéndote el horóscopo del domingo...otra vez.
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Primer Príncipe Neutrino: longitud de onda 420 nanómetros

No tenía ganas de ir. Me tiré de nuevo en la cama y me puse a contar mis anillos, Neka no tardaría en llamar de nuevo. En el tercer dedo timbró el aparato mágico.

"Dímelo", le dije tratando de parecer animada.

"¿Estás ready, Neutrina? No me suenas muy ready, me parece que me vas a salir con una de las tuyas de que no quieres ir. A que sí".

"No quiero ir, Neka, pero voy a ir".

"Eso espero. Mami ya está en el carro. Cámbiate, coño, que la pasaremos bien".

No quisiera tener quince años otra vez.

Dos cosas interesantes me habían pasado en el complejo y confuso ámbito sexual de aquellos adolescentes años de mi vida: me habían metido la lengua en la boca, un chico llamado Rubén que me caía muy bien y a quien ya de repente llamaban mi novio. También, en un viejo "cepillo" blanco (uno de esos carritos Volkswagen que parecen mariquitas), un tipo cuyo nombre no recuerdo pero a quien apodaban Chichí, me chupó uno por uno los dedos de mis manos, fue fascinante. Entonces comprendí que era posible sentir placer sin amar al hombre. Después de todo, las monjitas NO tenían razón...otra vez. La vida estaba llena de sorpresas.

Neka estaba alborotada por la Kermesse del colegio Loyola, santuario de todo muchacho lindo y de buena familia en la pequeña ciudad. Un nido de curas y niños hermosos, combinación explosiva que debía ser prohibida por ley, a menos que sea bajo supervisión médica*.

Aquella tarde, sentadas sobre el murito de ladrillos que rodeaba uno de los tantos árboles que adornaban el amplio patio del colegio, Neka me dijo, con la cara brillante por el sudor y el pelo encogido por la humedad:

"Esta tarde en la Kermesse enamoraré a mi príncipe azul".

Yo me reí de su cara llena de romanticismo y, por razones que no me dediqué a buscar, pensé en los átomos. Había descubierto, de verdad, no como lo había memorizado antes, que todo, TODO, estaba hecho de átomos. Esta noticia me dejó perpleja, pensé que era imprescindible que la gente lo supiera, estaba segura que nadie se daba cuenta de lo impresionante de este hecho.

Neka no me entendía tampoco y por eso me callaba, no quería que se aburriera o se burlara de mí. Ella quería un novio, y punto, no tenía interés en nada más.

Yo la verdad que no le veía el sentido de ir a esa Kermesse. Año tras año era lo mismo, al final, ninguno de esos niñitos lindos se iba a fijar en nosotras...uh-uh. Había descubierto aquel club y no me gustaban sus miembros. Les concendían muchas cosas y luego pensaban que todo había que dárselo, sólo por sus lindas caras y largos apellidos. Como el vestido de la comunión. Esa Kermesse era para las chicas como Noni. Pero Neka se empeñaba en sufrir, en mantener ideales de origen "Tellado", como le decía, burlándome de sus salamerías.

"Eres una comunista", me respondió una vez. Estuve riéndome por días.

La madre de Neka nos da los consejos habituales.

"No se beban nada que le den, los muchachos les endrogan los refrescos para hacerles toda clase de cosas".

Neka se burlaba abiertamente de sus comentarios.

"¡Ojalá y José Pablo hiciera algo así conmigo!" exclamaba con su boca sonriente, sus labios carnosos y oscuros, su sonrisa perfecta. Su madre movía la cabeza de un lado a otro pero sonreía, era una chulería de mujer la mamá de Neka pero se lo creía todo. Una bolsa ambulante y heterogénea de leyendas urbanas, nunca cesaba de añadir una más a su abundante repertorio.

Pensé que el humo del cigarrillo que fumaba la madre de Neka también estaba hecho de átomos."Bichitos" invisibles a nuestros ojos que andan siempre vibrantes, en movimiento.

"Todo se mueve", le repetía a Neka quien me hizo una divertida mueca de aburrimiento mientras se ponía pintalabios frente al espejo cuadrado en mi cuarto. "Tu pintalabios también está hecho de átomos".

"¿Ah si? Y también la paliza que te voy a dar si vuelves a mencionarme esas jodidas vainas que sólo me recuerdan al profesor Báez...¡uuuurrrgggghhh!¡Diosito me libre!"

A mí, por supuesto, me encantaba el profesor Báez. Fue el primero en hacerme entender toda esa información que había memorizado sin asimilar, además, siempre estaba ahí para ayudarme. Creo que era la única alumna seriamente interesada en lo que él tenía que decir. Pobrecito. Ese día me había explicado los estados de energía de los electrones que bailan alrededor del núcleo atómico. Estos electrones van jugando el juego de la tablita de un nivel a otro según la energía que absorban de alguna fuente, como la luz, la electricidad y así.

"Cuando regresan de nuevo a su estado normal, emiten la energía que habían absorbido en forma de fotones".

La alegría de entenderlo, aunque fuese un poquitín, aún me emociona. Ese día supe qué pasaba, más o menos, cada vez que encendía el televisor.

Por un tiempo estuve enamorada del profe Báez. Fue con el único en mis años de bachillerato con quien compartí ese gusto por entender el mundo mediante las herramientas que ofrecía la ciencia. Pero ese día algo iba a cambiar en mí, aún no lo sabía. Coincidencia que fuese ese día, pudo haber ocurrido cualquier otro, lo único seguro es, que era algo inevitable....

"¡Ahí está, ahí está!...Ven, vamos, acerquémonos..."

Era realmente espeluznante verla tan concentrada en ese chico, pero sólo me parecía así porque yo no había caído aún en las garras de la Bestia. Una curiosa emoción originada por químicos y demás males cuyos crueles y tiernos objetivos son enloquecerte, endiosarte, maltratarte y darte placer. Te pasas la vida ahuyentándolo mientras lo buscas desesperadamente y, como subida sobre el espectro de la luz estilo montaña rusa, te lleva de una longitud de onda a otra, por todos los colores del arcoiris, desde el intenso rojo vivo que te hace estallar de pasión, hasta el frío de la soledad cuando el corazón entiende aquello de los "blues".

Yo estaba a media hora de que las cosas cambiaran también y, que un nombre, se volviera motivo de suspiros, mariposas en el estómago y ganas intensas; puras, mágicas y deliciosas ganas.

Cuando estudiaba en la ciudad de Nueva York, un periodista italiano, con quien salí un tiempo, fue el primero en reprobar la prueba del átomo. Se había convertido en una forma absurda y obsesiva de medir el tipo de hombre con quien me había acostado (el sexo siempre primero, después se averigua si es repetible la experiencia).

"Todo se mueve..." comencé de forma casi mística (a Deepak Chopra le hubiera encantado). Noté que él me miraba con media sonrisa en la cara mientras yo continuaba con mi perorata. Me acarició el cabello y, de repente, golpeó varias veces con su puño, el espaldar en madera de la cama.

"Solid, baby", me dijo con aquel acentito italiano que varias horas antes había sonado tan sexy. "No movement here that I can see".

"No imagination there, either", le dije yo, apuntando su rizada cabeza. El botoncito aquel que tenía el protagonista de aquella película argentina El lado oscuro del corazón, que le servía para deshacerse de las mujeres que no sabían volar, me hubiese caído requetebien en aquel momento.

Pero eso sería años después. Ya entonces conocía un poquito mejor (¿o peor?) el mundo maníacodepresivo del romance heterosexual.

Neka estaba triste y la invité a un refresco. Su José Pablo se había ido a la discoteca (una carpa con música de REO Speedwagon, Queen, Chicago, Janis Joplin y demás) con un clon de Noni. Todos hechos de átomos. Estaba por pagar los atómicos refrescos en la semi-atestada cafetería cuando escuché que alguien decía:

"¿De dónde saca este hombre esas preguntas? ¿La longitud de onda del color rojo? ¿Quién coño sabe eso?"

"564 nanómetros", me escuché decir orgullosa.

El chico dejó de hablar y se volteó a contemplarme. Noté sorpresa y algo de desencanto en su cara blanca como la leche. Me sonrió con sarcasmo pero aún no decía nada, parecía perplejo buscando palabras, era imprescindible que sonaran inteligentes, para sus amigos, o quizá hasta para mí, la nerda que sabía su incognoscible respuesta. Neka apuntaría luego, en una de los cientos de miles de conversaciones que tendríamos sobre este tema, que seguro no logró ubicarme inmediatamente en su fichero y eso lo desconcertó.


Pero yo caí, me anclé, mis pies parecían metidos en cemento. No podía pensar bien porque la luz en sus ojos era azul, azul pálida más bien, "azul bebé" hubiese dicho mi madre...Y me perdí allí, en ese lago hermoso que eran sus ojos y me temblaron las piernas y pensé que no podría respirar si me hablaba

Quería gritarle a Neka que viniera a rescatarme, pero no podía ni quería moverme. La ingenua creyente, que aún existía dentro de mí, le pedía a Dios y a la virgencita de la Altagracia que detuvieran el tiempo (ahora sé que debí haber hablado con Superman, wrong superhero, béibi) y que me dejaran allí hasta siempre porque estaba como enloquecida y no podía desconectarme de su maldita mirada, tan tierna, tan hermosa, so blue....

(Largo suspiro)

Por lo menos los comienzos son bonitos, aunque sólo sea por unos cuantos segundos.


Seguiremos charlando, :)

Neutrina

*Neutrina se diculpa si algún cura honesto se ofende por estas palabras pero les ruega que comprendan que está muy contaminada por los medios de comunicación que propagan cosas que antes se ocultaban, por un ateísmo endemoniado y por un escepticismo irremediable. Merci.

13:41 | glenys | 2 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: J.I. López Fecha: 2002-06-18 16:05

En estas bitácoras veo que el problema es que no sabes cuánta gente te lee, sólo cuánta gente te escribe. De momento sólo te escribo yo y me sigue gustando esto que haces. En cualquier momento alguien te descubrirá y tú dejarás escribir gratis. Bueno. Con tal de que no cambies tu pseudónimo y sigas siendo Neutrina, podré seguir tu carrera y leerte, aunque tenga que pagar por hacerlo. Por cierto, ¿no tendrás cosas escritas de antes de esta bitácora? Seguro que también me gustarán.
Saludos cordiales.



2
De: glenys Fecha: 2002-06-20 00:46

¡Hola J.I.!

Es cierto lo que dices, yo misma visito otras bitácoras y raramente dejo mensajes. Me pasa algo parecido cuando leo un artículo que me gusta en alguna revista o periódico, siempre hago anotaciones mentales para escribirle algo al autor o autora, pero termino olvidándolo y haciendo alguna otra anotación de otro relato que me gustó, interminable. Este intercambio también me recuerda algo que siempre suelo repetirme "recuerda lo bien que te sientes cuando te llega un email de un lector (escribo en un periódico) o alguien te felicita por algo que leyó tuyo". Y por eso quiero agradecerte que me envíes tus comentarios porque los atesoro y los leo varias veces. Son una inyección en las venas del ánimo y del sigue adelante...mejor que un Prozac, amigo :)

¡Gracias!

Tengo cuentos terminados con los que no estoy contenta, relatos sin terminar que no pienso continuar, cuentos que me encantan pero que no tengo idea hacia donde se dirigen, y así...quisiera que los relatos de Neutrina llegaran a algún lugar, hasta el momento estoy muy animada escribiéndolos...ya veremos...de nuevo gracias por tu interés.

glenys







		
 

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