Las mentiras de Neutrina
Mi bitácora está llena de mentiras. Pero no te preocupes, no puede ser peor que los comerciales en la tele o tu querido amigo, peor aún, tu pareja, leyéndote el horóscopo del domingo...otra vez.
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Neutrina y el borrador de memorias


"Si existiera un aparato que borrara las memorias, ¿cuáles borrarían?"

El pasto verde del jardín de la abuelita de Neka acariciaba nuestras espaldas en un precioso momento de despreocupación. Era un enero dominicano en su máxima expresión, brillante, lúcido y azul, y acompañado de una fresca brisa que, definitivamente, tenía que ser buena para la salud.

Mientras me deleitaba observando la formación de un magnífico dragón en una nube, escuché la pregunta de Lina y una mancha fea estropeó el momento. Cerré los ojos, pero eso no ayuda cuando quieres olvidar. Los malos recuerdos adoran la oscuridad.

"¿Por qué tienes que estropear una bella mañana con malos recuerdos?", dije suspirando.

"Pues me pareció una buena pregunta", me respondió Lina, había apoyado el codo sobre el suelo marrón y verde y en la palma de su mano sostenía su rosada y pálida cara que ahora me miraba con genuino interés.

"Si estás borracha", interpeló Mikaela muy apropiadamente, a mi entender.

"Es que a Lina la joden los buenos momentos. Se viste de negro en carnaval", dijo Neka con palabras que parecían sonreír al escucharlas.

Lina fingió estar molesta por el comentario, pero ya nos conocíamos bien y no era la primera vez que nuestra amiga se empeñaba en buscar la forma de arruinar un "momento pastel", como ella los llamaba cínicamente. Si lo dejaba pasar, era probable que enero se tornara brillante otra vez.

"Son unas cobardes las tres. El individuo para crecer tiene que conocer muy bi...."

Mikaela comenzó a roncar y Neka y yo fingimos quedarnos dormidas, pero Lina era insistente y sabía muy bien cómo llamar nuestra atención.

"¡Wao! Sus caras aburridas me han dado una estupenda idea. Les encantará. Lo que voy hacer es tratar de adivinar cuáles memorias ustedes borrarían con mi imaginado aparato".

Mi espalda se levantó del hasta el momento cómodo cesped y una nube negra comenzó a formarse sobre nosotras. Desde la casa llegaban hasta nuestras narices distintos y deliciosos olores de la pastelería de la abuelita, que formaba parte del terreno. También nuestros oídos eran estimulados por las voces que se originaban en alguna emisora de radio del país y eran transmitidas hasta el aparato de la "Tía Lila", a quien a menudo encontrabas cantando en la caja registradora. En el instante en que Mikaela recogía sus cosas para marcharse, escuché las primeras notas de la canción de Camilo Sesto "Llueve sobre mojado".

"Nos vemos, chicas, no voy a someterme a los jueguitos estúpidos de Lina".

"Cobarde, cobardita, cobardetina", cantaba Lina, sus extrañas facciones ahora sí parecían divertirse bajo el sol. "Aún te vayas, cobardeMika, voy a decirle a estas dos qué es lo que quieres olvidar".

Los perfectos ojos de Mikaela se conectaron con la mirada epiléptica de Lina, ambas trataban de sonreír, pero era casi evindente que el pleito comenzaba a asomar su cabeza espinosa. Lina y Mikaela siempre terminaban como dos brujas enemigas.

"Estas dos", masculló las palabras despacio, intentaba tragarse al dragón en el que se convertía cuando discutía con Lina mientras nos señalaba alternativamente a Neka y a mí, "saben muy bien lo que quisiera olvidar. Tú también lo sabes muy bien, así que no entiendo cuál es el maldito problema".

"Yo no tengo ningún maldito problema, estábamos muy bien hasta que tú comenzaste a discutir y a amenazar con que nos dejas".

La bella Mikaela se desfiguró un poco al descubrir el tono burlón en sus palabras. Lina siempre lo lograba, tenía ese poder. Neka y yo le llamábamos el lado oscuro de Lina. Una vez terminado uno de estos episodios oscuros, mi querida amiga se retiraba y no la volvíamos a ver por algunas dos semanas. Hasta que un día simplemente me llamaba y volvíamos a ser las mismas otra vez. Pero sabía que algún día Lina se separaría completamente de Mikaela. Neka decía que su belleza le hacía daño. Aunque yo no estaba tan segura que se tratase sólo de eso.

"Estábamos muy bien", argumentó Neka, "hasta que tu abriste la bocota para traer malos recuerdos en una linda mañana. Yo también soy una cobardetina, Lina, porque tampoco quiero torturarme recordando las cosas malas que me han pasado".

"Ah, pero mi querida amiga Neka, esas son las cosas que te han hecho crecer y son esas mismas cosas las que un día permitirán que pases por la adultez sin que te importen muchas otras cosas. Si no aprendes ahora no vas a funcionar bien como adulta", su tono nunca era absolutamente serio, aunque sabíamos que creía en lo que decía.

"El problema aquí, en realidad, eres tú, Lina. Tú deberías irte y no Mikaela".

La solidaridad de Neka hacia Mikaela me estremecía. Me hubiese gustado tener algo de eso. Yo siempre trataba de mantenerme al margen y muchas veces no me gustaba este aspecto de mi personalidad, quería ser más temeraria y menos suiza.

"Ustedes son tan limitadas. Ni siquiera me preguntan sobre el juego, si supieran lo interesante que es. Es preciso que entiendan que sus preocupaciones ahora son completamente insignificantes. Hay personas de nuestra misma edad que ya tendrían que borrar atrocidades de sus recuerdos. Y a ustedes ¿que mierda las mortifica?"

Me miró detenidamente y supe que me había convertido en su blanco. Era lo más lógico y nos sucedía a menudo, porque yo era su mejor amiga entre las cuatro y Neka y Mikaela a menudo terminaban aliadas. Sentí que me hundía en mi claro y brillante día.

"Sé, que no basta, con llorar, con ponerme de rodillas y pedirte perdón...", cantaba Camilo en la radio, como pidiéndole a Lina por mí.

"La pobre Neutrina es seguro que quiere olvidar varios episodios con su vieja archienemiga del colegio, Noni, las malas y pocas citas que ha tenido y, es muy pero muy probable, que en esa cabecita loca de mi amiga, se esté ahora encendiendo un bombillito rojo porque teme que yo mencione algo estúpido y reciente que ella desea olvidar. No lo voy a mencionar, el juego no va así, amiga, eres tú quien tiene que decirlo para que te des cuenta lo estúpido que en realidad es".

Era inútil, en aquel instante en que el cantautor español gritaba desde la pastelería "y aunque llueeeeve sobre mojado....", las cuatro pensábamos en el episodio del traje de baño de unas semanas atrás. Una pesadilla de adolescentes.

Con la aprobación de Neka y Mikaela y por encima del disgusto de Lina, había comenzado una dieta estricta para ponerme un traje de baño brasileño que estaba vendiendo la hermana de Mikaela, otra beldad dominicana cuyos genes la habían moldeado para andar eternamente en uno de esos espectaculares bikinis. Logré perder algunas libras pero algo dentro de mí todavía se negaba a usar el diminuto traje. Tenía miedo hasta de medírmelo, a pesar de que Neka me aseguraba una y ota vez que me quedaría "pintado".

Luego todo pasó muy rápido. Nos fuimos las cuatro a la casa de la playa de los padres de Mikaela con unos primos de ella y sus familiares. Uno de ellos, por supuesto, nos traía a todas de cabeza. Era uno de esos adolescentes, amigo íntimo de la pubertad, que parecía haber conquistado el caos hormonal y haber asumido el control total sobre su cuerpo. Todo en él nos parecía perfecto.

Tuve la mala suerte de que fueran los ojos de aquel adonis los que me vieran por primera vez en el maldito traje de baño. Salí del baño luego de probármelo para verme en el espejo, Lina estaba conmigo y se había negado a darme su opinión. Nuestra sorpresa fue fulminante cuando descubrimos a nuestro querido príncipe moreno justo allí, buscando algo en un armario. Hubiese preferido haber estado desnuda.

"Uy, perdón", dijo, y nos dedicó una esplendorosa sonrisa hollywoodense. Luego se irguió, me miró de soslayo y con los labios corridos hacia un lado me sugirió, "ese traje de baño no va contigo, Neutri, el de ayer te quedaba mucho mejor".

Dos cosas me sucedieron en ese momento. La primera fue que me enamoré de él, de forma fulminante y con la intensidad de la adolescencia. "Hay que admitir que tiene clase aunque es extremadamente entrometido", diría Lina más tarde. Y la segunda fue que conocí, cara a cara, un nuevo tipo de vergüenza. No supe qué decirle pero mi querida Lina, que estaba allí conmigo, habló por mí.

"Es que el traje de baño es de Mikaela y yo le dije que se lo pusiera porque últimamente está tan flaca esta mujer que pensé que lo llevaría bien. Y no creo que le quede tan mal, es sólo que no es su tipo".

Pero él ya había perdido el interés y caminaba hacia la puerta de la habitación.

"Me pondré el de ayer", atiné a decir en un momento de lucidez. Y así lo hice. Pero ya no pude mirarlo a la cara ese fin de semana y le pedí a las tres, luego de contárselo a Mikaela y a Neka, que jamás habláramos del episodio otra vez.

"Pues a él se le salió un peo cuando se reía en el almuerzo y no lo ha manejado tan mal como tú", había dicho Lina esa noche en la playa, las cuatro yacíamos medio borrachas en unos camarotes, luego de habernos tomado como tres vasos de anís con hielo y varias cervezas contrabandeadas de la cocina.

"No es lo mismo y lo sabes".

"Lo que pienso es que le estás dando demasiada importancia al asunto".

"Y lo que yo quiero es que no hablemos más del asunto".

Y no hablamos más de ello. Pero esa lúcida mañana de enero, el recuerdo de sus preciosos labios en aquel estado de desaprobación y de su mirada que se detenía en mi mal vestida cola, me producía un fastidioso sentimiento de desazón.

"¿Qué quieres, Lina?", le pregunté algo hastiada de su actitud.

"Quiero que admitas que tus malos recuerdos son insignificantes".

"No".

"¿No?"

"No puedo admitir algo en lo que no creo. Mis malos recuerdos significan algo para mí. El hecho de que no haya vivido alguna atrocidad no quiere decir que mis pequeñas derrotas no tengan significado".

"Es que eso no fue una derrota. Lo que pasa es que no te das una oportunidad porque tienes miedo al rechazo y a sufrir. Y lo que quiero que entiendas es que eso ni siquiera es sufrir".

"¿Y qué es?"

Estuvo en silencio un momento, mirándome fijamente. Mikaela se había sentado otra vez y Camilo Sesto finalizaba su canción.

"Eso es vivir, Neutri, tienes que aprender a enfrentar la vida con menos miedo. Ustedes tienen miedo de reírse de sus fallos y eso te corta las alas a largo plazo. No puedes permitir que la opinión de los demás arruine todos tus momentos".

"Pero es que no era la opinión de cualquiera sino la de él".

"En unos meses, un año, quién sabe, no recordarás el nombre de él. Él no es tan importante como crees y vendrán otros mejores que él. Lo que no puedes es permitir que ellos moldeen lo que piensas de tí. No dejes que los demás sean tu espejo. Y lo traje a colación hoy porque me ha molestado todo el tiempo. Me molesta que le den tanta importancia a lo que piensan otras personas que ni siquiera las conocen bien. Es atroz".

"¿Atroz? ¿Para tí es atroz que una persona te de un buen consejo?", intervino Mikaela. "Una persona no puede vivir aislada, Lina, los demás son como una guía que te avisa si vas bien o no".

Lina soltó una estridente y burbujeante carcajada. "Tú no entiendes, Mikaela. Tú todavía vas y rezas lo que el padre te ordena rezar luego de la confesión. Siempre tan obediente, tan seguidora de las modas y de las opiniones de fulano y fulana. Yo puedo contar, en esta mano, las personas que influyen directamente en mí, las que se han ganado mi cofianza, todo lo demás no me concierne directamente".

"Y será seguro por eso que te quedarás vieja y sola", soltó Mikaela, el rostro carente de expresión.

"Bueno, cariño, ya sabes cómo va el refrán, mejor sola que mal...."

Dejó el final para que alguna de nosotras lo completara y se puso de pie.

"Debo admitir que es probable que exagere, pero ustedes también lo hacen. Aunque siempre tengo a Neutrina que por lo menos intenta, aunque torpemente, equilibrar los dos aspectos. Piénsenlo, los días claros y lindos como éste son buenos para eso".

Cuando comenzaba a partir, la tía Lila salió de la pastelería con una bandeja llena de dulces expectativas.

"No te vayas, Lina que ahí viene tía con pastelitos y jugos. Quédate que te voy a decir lo que borraría de mi memoria mientras me como una de esas ricuras. Para compensar ¿no?"

Bueno, y también teníamos la suerte de contar con Neka, que era como el diamante en bruto que nadie nunca supo reconocer.

Las tres admitimos hace unos días que Lina había tenido la razón aquella vez. Sólo Mikaela, por razones obvias, recordaba el nombre de su primo.

Seguiremos charlando,

Neutrina :)

01:00 | glenys | 10 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: d33p Fecha: 2004-02-15 00:36

¿y tu glenys, que quieres olvidar?



2
De: glenys Fecha: 2004-02-15 03:51

Hola d33p :)

Puede que tenga algunas cositas por ahí que quisiera olvidar, pero también existen otras que me gustaría recordar más claramente.

Algún día, cuando nos convirtamos en buenos amigos, te cuento más sobre todas ellas :)

Aunque quizás hay cosas que no olvidamos por alguna razón válida, que a lo mejor es completamente desconocida para nosotros. No lo sé. ¿tú que crees?

Ahora me vino a la mente el Pensieve de Dumbledore, que lo ayudaba a recordar. ¿Cuáles recuerdos sacarías de allí y cuáles ni los tocarías?

un abrazo



3
De: TKA Fecha: 2004-02-20 23:12

Hola, hacía mucho que no te leía. Hoy he estado recuperando el tiempo perdido. Genial, como siempre...



4
De: glenys Fecha: 2004-02-21 02:53

Hola, ¡tanto tiempo!

Me alegra que no nos hayas abandonado completamente. Mil gracias por dejarme un recadito por aquí cada vez que pasas.

Un abrazo



5
De: luis Fecha: 2006-05-08 22:48

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De: ale de madrugada Fecha: 2006-11-25 01:14

me ha gustado mucho.. voy a leer mas de lo que escribes, muchos saludos.
Ale



10
De: glenys Fecha: 2007-03-27 00:05

Ale, mil gracias, es sencillamente encantador leer mensajes como los tuyos...

un abrazo,
glenys







		
 

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