Las mentiras de Neutrina
Mi bitácora está llena de mentiras. Pero no te preocupes, no puede ser peor que los comerciales en la tele o tu querido amigo, peor aún, tu pareja, leyéndote el horóscopo del domingo...otra vez.
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Salagadoola mechicka boola bibbidi-bobbidi-boo


Desde que decidí actuar como la tía preferida del feto que se desarrollaba en la panza de mi supersticiosa amiga Neka, había estado visitando el suntuoso albergue de Don Diego y su esposa regularmente. Me familiaricé con sus desniveles, tres escalones hacia abajo para el comedor, dos hacia arriba para la sala, cuatro hacia la cocina, doce hacia las habitaciones en el "¿segundo nivel?", seis más hacia la terraza desde donde es posible observar el gran patio, también desnivelado pero muy bien cuidado y limpio y territorio casi exclusivo de los dos Pastor Alemán de Diego: Rocky y Balboa.

La vivienda emergía, como un masivo árbol de concreto, de las entrañas de una pequeña colina que vivía entre una cuantiosa familia de cerros. Cada loma aguantaba el peso de su propio y extraño árbol de cemento y varillas. Las moradas de los habitantes del curioso vecindario permanecían lo suficientemente alejadas unas de otras como para que sus pobladores nunca tuvieran que sufrir el desafío de intimar y lo suficientemente cerca como para admirar y criticar, siempre criticar, sus mansiones irregulares y las escaleras que forjan sus distintos, pero aún así, imperdonablemente homogéneos, estilos de vida.

Allí dentro existía el mundo de Neka, la fantasía católicadeclasealta que siempre soñó. Su hogar era una mezcla de costosas antigüedades y elegantes símbolos religiosos. Neka había adquirido, en sus numerosos viajes por el mundo, un sinnúmero de objetos de arte religioso que lucían extraña pero formidablemente bien en su altibajo y surreal domicilio. Su marido, también católico devoto, se persigna cada vez que pasa frente al enorme Cristo crucificado que ocupa toda la pared de uno de los muchos salones de la irregular mansión. Aunque debo admitir, que tiempo después, cuando ya los conocía mejor, lo ví pasar muchas veces sin hacerlo, creo que al principio se persignaba motivado exclusivamente por mi presencia en el salón. Esta teoría también explica los cambios en las facciones de mi amiga cuando lo veía hacerlo, desde agradable sorpresa hasta hastiada incredulidad. Cuando por fin me convertí en una visitante invisible de su irregular morada, los fantasmas comenzaron a llegar.

Y ahora Neka que dice que se muda y que la casa está embrujada. Y yo que temo que esta sea la pura verdad. Su madre envió por el cura que bautizó a su hija para que bendijera el lugar. Pero nada ha dado resultado, los fantasmas en la casa de Neka son tan persistentes como la creencia en ellos.

"Ayer estábamos viendo televisión, estábamos solos, un domingo en la noche, ya sabes, el servicio se había ido y todo, cuando escuchamos las puertas de los armaritos de la cocina abriéndose y cerrándose..."

Sus brazos actuaban como una especie de fuerza emocional que se esforzaba en acentuar cada palabra de su sobrenatural discurso. Movimientos rápidos, intensos y cortos nos mostraban, a Mikaela y a mí, su única audiencia en el momento, la forma como ellos interpretaron los sonidos fantasmagóricos provenientes de la cocina.

"Lo extraño es que cuando llegamos a la cocina dejaron de moverse y sonar. Estos fantasmas quieren volvernos locos".

Pero yo pensaba que era al revés, aunque parezca absurdo.

A mí me tocó crecer en una casa embrujada y, aunque nunca ví un fantasma, los muertos eran parte del lugar. Muertos que murieron en sus habitaciones y sus camas. Muertos que eran disfrazados y ahuyentados con lazos y moñas de papel de colores brillantes que eran pegadas en las paredes de sus habitaciones, como diciendo: aquí vive ahora un vivo, aunque ayer muriera otro.

Mis tíos eran víctimas de las payasadas de estos visitantes. Aunque no les hago justicia, no eran huéspedes, en realidad habían vivido y muerto allí y continuaban siendo parte de la memoria de la casa y sus habitantes. Por lo tanto, no era extraño que cualquier tarde de cuaresma, de esas en que la brisa es tan fuerte que no es detenida ni por el ejército de obstáculos dispuestos por mi abuela para proteger a las puertas de cerrarse con tanta fuerza que la casa parecía vibrar con el estruendo, en una de esas hermosas tardes, mientras mi tío Papo escuchaba a Javier Solís en la consola y se mecía plácidamente en una de las cuatro mecedoras que adornaban el salón, uno de los fantasmas decidió hacer su aparición.

Estos momentos, como siempre, ocurren rápido. La brisa que se alocaba cada vez más. Mi abuela, que derrotada, decide usar su última estrategia: cerrar las ventanas y mantener afuera al enemigo. Pero en ese momento, una ráfaga hace su entrada a través de cada hueco de la vivienda y el estrépito y la conmoción que causó nos extrajo a todos de nuestras actividades. Nos reunimos, como atraídos por un imán, en el salón de las mecedoras donde encontramos a mi tío Papo en el suelo. Un fantasma, según él, lo había tirado.

"Sentí como jaló la mecedora hacia atrás y me vine al suelo. Era fuerte, muy fuerte...."

Comprendan por favor mi posición. Tengo nueve años y mi familia asegura que la casa de mi abuela donde vivo, donde duermo, está embrujada. Nunca más pude andar sus salones, ni subir sus escaleras sola. Hasta hoy, mis recuerdos del lugar están colmados de angustias infantiles, miedos arcaicos de muertos que desfilan por pasillos, te tiran al suelo y reclaman su lugar en el mundo de los vivos. Todo aquello, junto al Cristo que cerraba y abría los ojos en el descanso de la escalera y cuyo estreno en el lugar le provocó el susto más grande a otro tío que no esperaba que Jesucristo de repente lo mirara, me hicieron creer durante gran parte de mi infancia, que la casa realmente estaba habitada por muertos.

Recuerdo una vez, mientras contemplaba subir las oscuras escaleras bajo la mirada de Jesús crucificado para llegar hasta las habitaciones, también oscuras (mi abuela ahorrando energía) donde los vivos habían muerto y los lazos de colores brillantes intentaban cubrir sus lápidas, dos primos, esperando la ocasión perfecta desde arriba, me lanzaron un pedazo de tela húmeda mientras subía y aquello aterrizó en mi pequeño y redondo hombro. Entonces creí con cada neurona en mi cerebro que había llegado la hora de ver un fantasma. Todavía hoy no me explico cómo llegué, con los ojos cerrados apretados, a los brazos de mi abuela que se encontraba en la cocina al otro lado de la casa. Mis gritos ahogaron la risa de mis torturadores.

Por eso entiendo la ansiedad de Neka. Porque no todos hemos dado un salto de la infancia a la adultez y muchos continuamos albergando los miedos, las creencias y los ritos del pasado. Nos aferramos a la magia que aprendimos en la niñez con versiones hechas para adultos. Sin embargo, aún pienso que mudarse fue una medida extrema. Por un tiempo deposité mis esperanzas en que el sacerdote que la bautizó tendría el poder suficiente para extraer los demonios que se habían alojado en el cerebro de mi amiga. Pero no fue así, y lo peor era que Diego estaba completamente de acuerdo.

En los días en que ambos comenzaban a buscar una nueva casa, comenzó a germinar en el suelo neuronal de las fincas de mi azotea, una perturbadora idea. Desde que me volví invisible en casa de mi querida amiga de la infancia, las debilidades en su matrimonio se hicieron notorias. Nada nuevo: chantajes emocionales, abusos de autoridad y demás. Diego era muchas veces un hombre insoportable. Más aún porque inteligentemente, se dedicaba a compararme con Neka en terrenos donde ella saliera ridiculizada. Era terrible y por poco me saca del juego completamente. Las ridiculeces que acarreaban los comentarios de Diego me hacían sospechar que ya se estaba hartando de mí y me quería fuera de sus vidas. Pronto me dí cuenta que tal vez no estaba completamente en lo cierto.

"Creo que toda negra que decide desrizarse su cabello crespo es una insegura y una acomplejada".

Oraciones como ésas salían esporádicamente y repletas de mala intención de los gruesos labios del marido de Neka. Siempre me enfurecía pero le respondía lo más friamente posible. "Es cuestión de estilo", le decía, defendiendo la cabellera muerta de mi amiga.

Otra de sus odiosas estrategias exponía el desconocimiento de mi amiga en cuanto a obras literarias. Neka era asidua lectora de otro tipo de literatura cuyo deleite compartíamos. Nuestros ratos más agradables los pasábamos chismeando sobre los personajes de la última novela de Danielle Steel o Jackie Collins. En mi defensa puedo decir que nunca me puse, obviamente, del lado cruel de Diego, y defendí a mi amiga como si me hubiese pagado para ser su abogado. Pero esos comentarios dañaban cada precioso y escaso momento en que los tres comenzábamos a disfrutar alguna conversación donde estuviésemos de acuerdo. El espíritu de Diego es de naturaleza conflictiva y suele florecer en los jardines del antagonismo. El mío, por el contrario, se desvela para encontrar un factor común entre todos, donde nos podamos relajar y disfrutar de la tranquilidad de estar de acuerdo. Y, a pesar de que aquel hombre se había endulzado un poco con el embarazo de su esposa, no fue hasta que la niña de ambos, la hermosa María Teresa, cumpliera dos años de edad, cuando comencé a creer que él quería a esas dos mujeres, en su distorsionada forma de amar, más que a cualquier cosa en el mundo. Al final, lo demostró y tomó el camino hacia el cambio, una ruta tan altibaja como aquella primera casa embrujada de la colina, que María Teresa nunca conoció.

Pero esos son temas para otras mentiras. Lo cierto es que recuerdo mi tiempo en la casa desnivelada de Neka y en su otro recinto más equilibrado, como buenos momentos. Y fue precisamente en la nueva casa donde decliné y acepté ser la madrina y el hada de la hija de Neka. Respectivamente.

La mudanza de Don Diego y Doña Neka fue rápida. Mi amiga posee, en mi humilde opinión, un poder casi mágico: la mujer intuye lo que una casa quiere. Y, aunque no te gusten los muebles que haya elegido o no seas partidaria de los temas religiosos, es imposible acusar su domicilio de poca elegancia y gusto. Neka ubica y compra. Para ella es posible ver algo en una tienda y situarlo inmediatamente en un pequeño lugar de la nueva y nivelada mansión. Cuando el cerebro de mi amiga la decoradora no se enciende con posibilidades y probabilidades, ella continúa su camino y deja que sus ojos decidan cuál nuevo objeto requerirá de intenso análisis. Para ella, ir de compras significa vestir el hogar. Su ropa, aunque también elegante, nunca ha sido la perla de sus caprichos, la ordenaba de catálogos extranjeros o se la cosía una modista que tenía. Pero la casa era su lienzo, su instrumento musical, su literatura clásica. Era en este lugar donde Neka se convertía en la perfecta estrella, protagonista de su vida, allí, ella se agigantaba y nos dejaba a todos admirados de su talento.

Durante la fiesta de inauguración de la nueva y estable mansión, Don Diego preparó una gigantesca parrillada en el ahora nuevo e inmenso patio de Rocky y Balboa.

Aquella reunión familiar desencadenó dos eventos importantes. El primero me llenó de ansiedad y el segundo de confianza hacia mi querida amiga. La tolerancia con que siempre aceptó mis ideas, para ambos revolucionarias, nos unió para siempre. Neka me ha demostrado, una y otra vez, que es mucho mejor amiga que yo. Y lo ha hecho sin proponérselo.

Lo que jodió toda la vaina y provocó la primera de muchas batallas sobre el futuro del bebé por nacer, fue el hecho de que Diego me lo pidiera y no ella. Tampoco ayudó mi desconocimiento al respecto, no tenía idea que lo harían. Otras variables estuvieron presentes para hacer de la ocasión uno de esos momentos que todos queremos olvidar pero que persisten para siempre como pancartas brillantes en nuestras frentes: Diego lo hizo delante de todo el mundo, ambos pensaban que era un honor, yo no estaba tan segura.

"Amigos, amigos, por favor, acérquense", la voz de Diego proclamaba sin saberlo las primeras notas de nuestro desazón. "Esta chica que mi esposa conoce desde la infancia se ha empeñado en robarnos nuestro bebé mucho antes de nacer (risas y murmullos). Creo que le anda pidiendo a los santos que sea hembra para convertirla en una terrible feminista (más risas y algunos aplausos). Como padre de la criatura me siento ya orgulloso del cariño que está recibiendo y por eso quería pedirle aquí, a nuestra querida amiga, Neutrina", la mención de mi nombre disparó a mi corazón en una fuga inútil. No me gustaban los anuncios públicos ni dar discursos de agradecimiento. Estaba, más que sorprendida, anonadada. Busqué la mirada de Neka pero su rostro había adoptado la actitud de una primera dama aplaudiendo el nombramiento a vicepresidente de su mejor amiga, "que sea la madrina de nuestra hija y nos bautice a Maria Teresa, si es hembra, o a Armando Gustavo, si es varón. Compartirías el honor con mi hermano, que será su padrino".

Otra vez en una situación delicada. Nuevamente perseguida por los ritos que hace mucho había decidido abandonar. En ese momento quería preguntar ¿y para qué diablos quieres bautizar a ese pobre angelito? pero muchas otras cosas luchaban en mi interior y trataban de modular mi conducta y elegir el paso a dar. Pero como siempre, era muy tarde. Se suponía que tenía que reaccionar de inmediato, ya hacía unos segundos que debía estar dando saltitos de alegría ante el anuncio de mi cuñado. Mi respuesta llegó medio minuto más tarde y no con la alegría esperada. Mi incredulidad y mis deseos de no pertenecer a ningún tipo de ritual religioso habían dañado el momento; pero mi sonrisa fue amplia, aunque tardía, mi abrazo fue sincero, aunque ya Diego estuviese frío. Mis reflejos me traicionaron, mi cerebro pensó demasiado cuando sólo tenía que actuar por instinto, arruiné el día de Neka aunque hice todo lo que pude para compensarla después.

Apreté fuerte a Diego pero, de nuevo, ya era tarde. En los suelos neuronales de sus fincas había dejado caer la primera semilla conflictiva y Diego se alimenta de ellas.

"A menos que Neutrina no quiera, por supuesto", habló mientras me separaba de él y miraba a su alrededor. Los aplausos comenzaron a morir por lugares. Los de atrás, la familia de Neka, fueron los últimos en aplaudir.

"Diego, ya te dije que lo haré encantada".

"No seas hipócrita, creo que lo vas hacer por obligación".

Nuestras miradas se enfrentaron, había un reto en la suya y lo asumí.

"Disculpen, creo que Diego y yo tenemos algo que discutir".

"Vamos, Neutri, dilo, dinos lo que piensas de la santa madre iglesia católica y todos los que creemos en ella. Dinos lo que piensas de rituales como el bautizo y la primera comunión y cómo piensas encargarte de la educación de mi hijo para que no esté muy influenciado por nuestras locas creencias. Anda, dinos por qué te tomó un buen rato aceptar ser la madrina de nuestro bebé".

No tenía nada preparado pero siempre he sabido encontrar palabras para salir de un aprieto. Además, mi dignidad y el deseo de demostrarle a Diego que estaba equivocado, eran suficiente combustible para el viaje que me obligaba a realizar.

"Bueno, no quería aburrirlos con mis viejas ideologías pero aquí va", un pequeño discurso ya se iba formando en mi cabeza. "Yo me tomo estas cosas muy en serio. Ustedes más que nadie saben que desde que supe que Neka estaba embarazada decidí involucrarme más activamente en su vida porque quiero ser parte del mundo de esta criatura. No sé bien por qué lo he hecho, quizás porque pienso que tengo algo que brindar y porque hace mucho decidí que yo no tendría hijos. Tal vez porque ni mi hermana tienes hijos aún, lo que sé es que quiero a Neka y a su bebé y aquí estoy. Creo que los padres son los que deben tomar la decisión de qué tipo de creencias inculcarle a sus hijos y nunca he pensado en meterme en eso, aunque sí que he soñado con darle libros, con llevarla a museos, contarle cuentos feministas y darle un fuerte sentido de confianza y seguridad en sí misma. El problema es que no soy católica, no sé de dónde Diego habrá sacado la idea que tengo algo en contra de los creyentes...."

"Yo sí que lo sé...."

"...pero se ha equivocado, si fuera como él dice yo no estaría aquí. Si no salto de alegría cuando me anuncias que puedo ser la madrina de tu hija es porque no creo en tu religión y no sé si por ello no soy la más apropiada para participar en un rito en el que no creo. Para mí sería una hipocresía y una injusticia a mi sobrina y a ustedes que imagino toman en serio su religión. Como sé que tú sabes muy bien lo que siento al respecto no pensé que me lo pedirías y por eso me quedé como una idiota, porque de verdad me sorprendiste. Luego pensé que la forma más apropiada de salir del embrollo era aceptando y luego discutiendo contigo la idea en privado".

Lo había estado mirando todo el tiempo pero él miraba a los demás. Neka se puso de pie.

"Disculpa Neutrina, creo que debido a tu condición de no pertenecer a la iglesia debimos haberte preguntado primero. Muchas veces lo que es un honor para un grupo no lo es para otros".

"No tienes que disculparte, amiga, para mí es un honor, y como tal, debemos tomarlo en serio, pero si a ustedes no les importa..."

"Obviamente no nos importa porque te lo pedimos ¿no crees?", sus ojos todavía no me miraban sino que pedían, no, más bien exigían, la aprobación de los demás.

"Entonces no hay que hablar".

Pero no me sentía a gusto con la idea. La imagen de mi persona parada frente a un cura para jurar por una deidad en la que no creo, me daba náuseas. Por un tiempo dejé de visitar a Diego y a Neka. Necesitaba pensar. Y entonces, en una deliciosa tarde lluviosa, ellos me visitaron a mí.

"Te traemos un regalo".

Sonreí y los hice pasar. Serví cocacolas y una batida de lechosa con leche para Neka. Nos sentamos a charlar.

"Y bien ¿de qué se trata?"

"No creas que no hemos notado tu ausencia y nos haces falta. Especialmente a María Teresa..."

La reacción que debí haber tenido aquel día en el patio de la casa balanceada de mi vieja amiga Neka, atrapó a todo mi ser en aquel momento en que supe que iba a ser niña. Una muchachita, una hembrita, para contarle cuentos de hadas donde las princesas también matan dragones y se involucran activamente en su papel en el amor. Una niña, para compartir con ella mis viejas mariquitas de papel y diseñar nuevos vestuarios, para leer juntas las aventuras de Crusoe, llorar con Mujercitas y sensibilizarnos sobre el mundo del Tio Tom. Una niña para hablarle de los hombres, una niña para liberar de las supersticiones y el yugo de la religión. Era inevitable, y lo sabíamos.

Neka y yo estuvimos saltando y gritando por un buen rato. Diego nos miraba incrédulo.

"Nunca nadie había hecho tanta bulla por una niña...ahora bien, si hubiese sido varón..."

"Ay, cállate, Diego, ni tú vas a poder dañar el momento", exclamé.

"Tenemos otra noticia, Neutrina", detuve mis alegres brinquitos y lo miré. "No vas a ser la madrina de María Teresa. Otra buena amiga de Neka tomó tu lugar".

Aquella noticia me hizo feliz y me devolvió a mi posición de huesped invisible de los salones de su ahora nivelada, elegante, majestuosa y organizada guarida.

"Pero ahora yo quiero pedirles un favor. Como no puedo ser la madrina de María Teresa me gustaría que me dejasen ser su hada. Permítanme bautizarla en un ritual completamente inventado por mí y un nuevo amigo que tengo, ¿qué me dicen?".

Neka y Diego me aseguraron que lo pensarían.

Catorce meses después, cuando María Teresa cumplía diez meses de vida fuera de la placenta de su madre y Whitney Huston comenzaba a hastiar mi mundo con su I Will Always Love You, en el mismo año en que el Oscar a mejor película era entregado al filme más violento y bien hecho del momento, Pulp Fiction, Neka y Diego participaron en mi particular bautizo.

Salagadoola mechicka boola bibbidi-bobbidi-boo
Put 'em together and what have you got
bibbidi-bobbidi-boo

Comienza la ceremonia. María Teresa, sobre un colchón cubierto de juegos y caramelos de colores vibrantes, disfruta de la divertida música de la Cenicienta. Mi amigo estadounidense, Joe, pastor oficial de la iglesia de "Bob", recita el siguiente discurso entre las palabras mágicas de Jerry Livingston y la voz de Verna Felton, el hada madrina:

Salagadoola mechicka boola bibbidi-bobbidi-boo
It'll do magic believe it or not
bibbidi-bobbidi-boo

"Queridos hermanos, polvo estelar de polvo estelar, bienvenidos. Porque la magia pertenece al mundo de los niños y debe ser colorida, no sangrienta. Porque la magia tiene que vestirse de monstruos que puedan ser vencidos y descartados una vez los utilicemos para crecer. Porque la magia debe acompañar al niño y ofrecerle un millón de posibilidades, pero también debe advertirle que su mundo pertenece sólo a la niñez y que en la adultez, la magia no es más que una ilusión...."

Salagadoola means mechicka booleroo
But the thingmabob that does the job is
bibbidi-bobbidi-boo

"María Teresa obtendrá de su tia Neutri un mundo lleno de magia de la buena, de hadas y duendes, de magníficas deidades y temerarios profetas, también de horripilantes monstruos y sabios magos, de inteligentes princesas y hermosos príncipes. Pero con el tiempo, toda esa magia será reemplazada por información y la magia convertirá la imaginación de esta hija del Universo en un gigantesco parque de diversiones que la ayudará a crecer...."

Salagadoola menchicka boola bibbidi-bobbidi-boo
Put 'em together and what have you got
bibbidi-bobbidi bibbidi-bobbidi bibbidi-bobbidi-boo

"...Neutrina espera estar allí, para ayudarla a sobrellevar sus errores y disfrutar con ella en sus éxitos y enseñarle la vida desde otro punto de vista, siempre respetando la visión de sus padres, aunque no la comparta con éstos. Neutrina brindará amor, pretección y cariño a María Teresa y estará en cualquier momento necesario. Y, todo ésto, no es necesario jurarlo ¡que para eso están las fotos!".

Bibbidi-bobbidi bibbidi-bobbidi bibbidi-bobbidi-boo,

Seguiremos charlando, ¡cheeeeeeseeeeee!

Neutrina :)

01:00 | glenys | 8 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: Caso Patologico Fecha: 2004-04-13 03:22

alguien?



2
De: Marcelo H Fecha: 2004-05-03 05:19

Sé que es ficción pero también sé que esto está cercano a tus vivencias, de modo que no sé qué decir al leer esto. Salvo que me sentí profundamente angustiado al leer la historia. En principio porque yo tengo los fusibles afectivos sensibles; sospecho que no soportaría las pullas de alguien como Diego mucho tiempo y lo mandaría de visita a un lugar insalubre lo antes posible. Por no decir que lo mandaría a la mierda, bah. Pero ese soy yo, un intolerante ante lo que me molesta.

Lo otro fue que me rechinaron los dientes ante las "palabras mágicas" del hada. Verás, yo siempre sostuve que a los niños, aun a los bebés, hay que hablarles normalmente, como a adultos. Además de que aprenderán a hablar antes, refuerza mi idea de que son personas que aún no han crecido, no juguetes ni mascotas. No digo que tu creas nada de eso, sólo que es la impresión que yo tengo de quienes le hablan a los bebés con gorgoritos.

En fin, difícil asunto. Suerte que a mis amigos ni se les ocurre proponerme de padrino de nadie :-)



3
De: lgs Fecha: 2004-05-26 23:34

Leemos con preocupación las noticias de las innundaciones en Dominicana y Haití.



4
De: glenys Fecha: 2004-06-05 18:50

¡Holaaaa!!

Luego de varios meses sin poder entrar, al fin hoy, no sólo he aprendido a utilizar proxies sino que he logrado entrar a blogalia :)))

lgs, mil gracias por la preocupación, la verdad que ha sido un verdadero desastre. Lo peor es que aún la lluvia haya parado, el desastre sigue porque estamos en una época de transición y el gobierno actual, que perdió en las pasadas elecciones, pues como tiene que entregar el poder en unos meses sufre de una apatía total y no le importa ya lo que pase con el país. No es que alguna vez le haya importado, pero ahora le importa menos.

´Por lo tanto, la entrega de ayuda a las personas afectadas no ha sido organizada y mucha gente simplemente ha tomado la ayuda para revenderla y otras cosas más, lo que llega a los necesitados lo tiran como si fuesen animales y el más fuerte se lleva más. Es horrible y doloroso.

Bueno, estoy contenta de estar de vuelta.

Mil gracias



5
De: glenys Fecha: 2004-06-05 18:58

Hola, Marcelo :)

Es muy probable que yo tampoco soporte a un tipo como Diego, por eso es un verdadero reto escribirlo. Nunca he tenido una amiga como Neka, pero conozco a mujeres que han pasado por pesadillas como ésa y trata de imaginar cuál sería el mejor camino a tomar si alguien así fuera mi mejor amiga :)

Sobre el canto y el lenguaje de hadas, pues era mi disco preferido cuando tenía cinco años y me costó mucho trabajo encontrarlo en internet. Recuerdo que una primita lo tenía en un pequeño álbum y lo poníamos cuando iba a visitarla, mis padres no tenían mucho dinero así que nunca pudieron comprármelo, era un set de Disney con todo sobre la bella durmiente, que era mi cuento favorito. Cuando era muy niña, adoraba los cuentos de hadas, todavía hoy colecciono imágenes de fantasía, residuos que quedan de esos años felices.

No creo que sea muy probable que personas como Neka y Diego me permitan bautizar "paganamente" a su hijita, pero en fin, a veces no sé por qué salen estas cosas de mi cabeza. Lo que te puedo decir es que me encanta que lo hagan :))

Gracias por postear, hace mucho que no hablamos y tengo cosas que contarte, espero te encuentres bien.

Un abrazo



6
De: GENESIS Fecha: 2006-01-08 01:06

LAS QUIERO MUCHO PRINCESAS



7
De: GENESIS HERNANDEZ Fecha: 2006-01-08 01:07

ERES LA MEJOR PRINCESA



8
De: Anónimo Fecha: 2006-12-10 16:19

porq eres fantasma







		
 

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