Las mentiras de Neutrina
Mi bitácora está llena de mentiras. Pero no te preocupes, no puede ser peor que los comerciales en la tele o tu querido amigo, peor aún, tu pareja, leyéndote el horóscopo del domingo...otra vez.
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Los demonios detrás de las muecas de Neka

Neka no ha estado bien últimamente y nadie sabe qué le pasa. Al principio pensé que era otra de sus muchas mañas y manías, pero una vez vi la preocupación en la cara de su madre y yo también me preocupé. Un día en la playa se lo comenté a Lina. Ella parecía preocupada también.

"Si, ya todos lo hemos notado. Es muy extraño porque tienes que conocerla bien para darte cuenta que algo anda mal". Lina contemplaba el cielo despejado y azul mientras hablaba.

Yo intentaba encontrar algo conocido y familiar de qué asirme. No quería pensar nada porque todo siempre me llevaba a la misma inadmisible conclusión. Escuché a Lina que decía, "el otro día, por ejemplo", no la dejé terminar

"¡No sigas, por favor!" exclamé sin pensar.

"Cálmate, Neu, seguro que eso se le quita con alguna pastilla".

Pero no tenía idea de que algo tan extraño pudiese erradicarse tan fácilmente. El otro día había escuchado a mi madre comentar con la vecina que una amiga le había dicho que Neka podría tener un tumor cerebral. Me sentí destrozada y desde ese día un sentimiento de horror se anidó en mis entrañas.

Comencé a temerle a Neka y a tener pesadillas sobre su condición. Despertaba gritando por las noches. Mis padres se preocuparon, querían llevarme a un psiquiatra, pero mi tía, una hermana de mi padre, les gritó en una fiesta, ya desesperada, "¡son sólo hormonas, coño, ya se les pasará a todas! ¿Es que ya se les olvidó lo que es tener quince años?"

Lina, por supuesto, fue la primera en descubrir la tragedia y el drama que me comían por dentro. Ese día, al verme reaccionar de ese modo abrió más sus ojos, enormes los veía, y me miró largamente. Cuando habló estaba llorando.

"Le tienes miedo a Neka. ¿Es eso?"

Asentí y comencé a llorar.

"No tienes que temerle pero entiendo que lo hagas. Al principio pensé que te molestaba que Neka fuese a morir. A mí me da miedo que se vuelva loca. ¿Tú a qué le temes?"

"No lo sé. Le temo a todo eso que desconozco", le dije sin pensar.

Entonces pensé en un día que me fui al cine con Neka, Mikaela y su novio de turno, de quien recuerdo su cara pero no su nombre. Antes de entrar al cine decidimos ir al baño, yo había visto a uno de mis primeros, efímeros e ilusorios "príncipes azules" y estaba nerviosa. Mikaela se puso detrás de mí, frente al amplio espejo en el baño de las damas y comenzó a levantarme los rizos.

"Creo que deberías desrizarte el pelo, linda, no creo que estés en los primeros números de las listas masculinas. Eres muy machorra y estás siempre gordita".

Mikaela continuaba con sus consejos de belleza, inútiles en mí, pero ella era una chica persistente. Fue entonces cuando noté aquello que desencadenó mis angustias respecto a Neka. Mi vieja amiga estaba mirándome a través del espejo. Llevaba una cola alta y bastante apretada, tenía sombra sobre sus párpados, me parece que era gris, y el color de sus labios era rosado oscuro, la verdad que se veía exótica. De repente noté que me sacaba la lengua. Le sonreí, pensé que se estaba burlando del monólogo de Mikaela (quien por cierto, llevaba sus consejos a la práctica y siempre tenía novios por doquier), sin embargo, volví a notar que Neka me sacaba la lengua de nuevo mientras me miraba fijamente por el espejo. En ese momento noté algo extraño en sus facciones. Parecía estar actuando de forma automática, como si ella no tuviera control de lo que hacía su cara. Me volví para verla frente a frente. Entonces sonrió.

"¿Lista?" me dijo con tono aburrido. La miré extrañada. "¿Y a ti qué te pasa ahora?" Me dijo con su acostumbrada brusquedad.

Esa tarde no pude concentrarme en nada y el mundo comenzó a darme miedo otra vez.

Miré a Lina, aún tirada allí, con su estómago blanco como el papel sobre la arena, mirándome entre lágrimas.

"Mi recuerdo más tenebroso de ella", dijo como si hubiese estado leyéndome la mente, "fue una vez que nos fuimos a comer hamburguesas con el chico que a ella le gustaba mucho, Leonel, creo que se llamaba, el que vivía por su casa o algo así", no lo recordaba pero no la interrumpí. "Esa vez fue inolvidable, esa vez supe que definitivamente algo raro le pasaba. Yo estaba sentada frente a ella y mientras mordía su hamburguesa miraba a todas direcciones sólo con sus ojos, a los lados, hacia arriba y hacia abajo, como si sus ojos no estuvieran bajo su mando.. Era terrible ver aquello, como si ella estuviera completamente desquiciada. Me sentí tan horrorizada que le grité "¡Neka!" Entonces comenzó a reírse luego me regañó firmemente por haberla asustado. ´¿Estás loca?´, me preguntó. Esa vez me dejó sin palabras".

Entonces otras personas comenzaron a notarlo y yo comencé a escuchar los comentarios, Lina también. Un día Mikaela se apareció en mi casa, era casi medianoche, estaba sudada y muy nerviosa. Mi madre le preparó un té y ella nos contó que estaba segura que Neka estaba loca.

Mikaela nos relató un episodio que se convertiría en una pesadilla recurrente para mí. Estaban en la playa ella y Neka y dos amigos del colegio. "Estábamos todos hablando y riéndonos con los chistes de Neka cuando, de repente, en medio de un chiste, se quedó en silencio mientras nos miraba largamente, tomándose su tiempo con cada uno de nosotros y con una sonrisa peculiar, como malévola. Y así estuvo hasta que José Pablo no soportó más y aplaudió delante de su cara. Neka se enfureció con él y le rasguño toda la cara. Ahora sus padres están amenazando con pedir que saquen a Neka del colegio porque es un peligro para los demás".

Soñé con esa imagen durante insufribles semanas. Aún así no podía alejarme de Neka, temía que fuese a creer que yo también pensaba que estaba loca, como todos los demás que la conocían.

Los episodios empeoraron. Un día comenzó a explicar algo en la clase y de repente repetía, una y otra vez, la misma palabra. Cuando la profesora intentó hacer algo para sacarla de aquel extraño trance, Neka le gritó y la empujó. Desde ese día no regresó al colegio.

"Yo pienso que debemos ir a su casa a visitarla", le dije a Lina mientras jugueteaba con la arena entre mis dedos. "No entiendo qué le está pasando pero somos sus amigas ¿no?".

"¿Crees que su madre nos dejará verla".

"Estoy segura que sí".

Esa tarde fuimos a ver a nuestra amiga. Cuando llegamos encontramos la sala llena de personas, entre ellas varias monjas y curas que iban y venían por todos lados. Cuando la madre de Neka nos vio, su alegría se reflejó en su cansada mirada.

"¡Qué bueno que están aquí! A Neka le dará mucha alegría saber que estuvieron por aquí, que vinieron a visitarla".

"¿No la podemos ver ahora?, preguntó Lina curiosa y decepcionada.

"No, querida, es hora del exorcismo, pero una vez los padres terminen ya verán como Neka volverá a ser la misma", nos susurró su madre con la cara brillante de humedad, lágrimas y sudor.

Lina me miró y reconoció el miedo en mis ojos. La madre de Neka me parecía un pequeño demonio parlanchín y todas esas personas disfrazadas, murmurando oraciones con cruces y rosarios en sus manos, allí, en la casa de mi amiga, me parecían extremadamente siniestras. Como si algo extraño violara nuestras vidas.

Mis emociones hasta el momento habían sido de miedo pero ahora el pánico y el terror se apoderaban de mi ser y lo único que ocupaba mis neuronas, eran las distintas formas de salir de allí.

Detrás de la puerta cerrada de la habitación de los padres de Neka se escuchaban voces en latín y alguien lloraba. No podía distinguir si se trataba de Neka. Sentí que Lina me tomaba de la mano. No dije nada, no hice nada, sólo la seguí hasta la calle. Una vez allí, ella me abrazó fuertemente y por mucho tiempo. Luego me separó de ella por los hombros y me miró con tristeza.

"Neu, escúchame, todo lo que viste ahí es una payasada, una forma refinada de ignorancia, un rito primitivo como lo que realizaban las civilizaciones pasadas. Nada de eso es verdad. Debemos buscar la manera de que los padres de Neka se enteren de que hay otras formas de averiguar qué diablos le pasa a su hija y así sanarla. Tus padres quizás puedan aconsejarlos".

"¿Ellos creen que Neka está poseída por el diablo?" le pregunté a Lina con voz temblorosa.

"Así parece ser".

Comprendí que tal vez yo pensaba lo mismo, de alguna forma veía lo de Neka como algo sobrenatural simplemente porque no lograba ni entenderlo ni reconocerlo.

La única que había sugerido una forma racional de verlo había sido Lina. Ella por lo menos pensaba que Neka simplemente estaba loca, pero decirle eso a su madre era ponerla peor. Ella prefería pensar, mil veces más, que su hija estaba poseída por un demonio bíblico que iba a ser erradicado por aquellas abnegadas monjitas y sus amigos curas. Era absurdo y me llenaba de miedo y de incoherencias. La opción de Lina, aunque más racional, también me causaba temor.

"Pobre Neka", dije luego de un momento. "Dios debería..."

"Si dios existiera, Neutrina", me cortó Lina tajantemente, "Neka no estuviera en la situación que está. Nada estuviera como está", dijo exhibiendo amargura en su cara albina.

No le contesté pero cada día me parecía menos y menos evidente la presencia de dios entre los seres humanos. Es más, me parecía que, por el contrario, eran sólo las pruebas de su inminente ausencia lo que resaltaba sobre el planeta.

Pero aún no lograba soltarle el dedo. Esa figura paternal que te cuida y te escucha y puede, caprichosamente, resolver tus problemas, es más difícil de abandonar que un amante joven y hermoso. Entonces no lo sabía, tan sólo lo sentía, aquella desolación de perder ese sentido abstracto de estar protegida por un superhéroe. Todo aquello era demasiado bueno y yo no quería perder a mi superprotector invisible. Era similar al sentimiento que experimenté cuando por fin ya no podía ocultar más el hecho de que los reyes magos no existían y que eran mis padres quienes compraban los juguetes a principio de año.

Es doloroso el proceso natural de madurar, hay que abandonar lindas fantasías, paños de seguridad y el mundo dentro de la burbuja de mamá y papá.

Pero cuando tu amiga comienza a hacer muecas frente a un espejo y su madre asegura que es un demonio, entonces es tiempo de crecer un poco más, abandonar las ideas infantiles de hadas y dioses y buscar ayuda en el consultorio médico.

Aquella noche cuando regresé a mi casa mi padre le contaba a mi mamá que el padre de Neka había decidido esa misma tarde llevarla al otro día donde un neurólogo. Alguien que mi padre le había recomendado. Subí a mi cuarto enseguida y llamé a Lina para contárselo.

"Me alegro, Neu, ahora esperemos que no sea nada muy grave".

Ese día no tuve pesadillas, aunque me desperté triste en la mañana.

Hasta pronto :)

Neutrina


20:23 | glenys | 5 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: J.I. López Fecha: 2002-08-15 18:52

Vaya, primero Lina, luego Neka. Parece que no tuviste suerte con las amigas. No sé si lo que cuentas es autobiográfico, supongo que sí. Yo no recuerdo experiencias tan duras a esas edades. Saludos, Glenys.



2
De: glenys Fecha: 2002-08-19 02:37

¡¡Hola!!

Esta historia es una versión diferente de algo que me pasó a mí cuando tenía 15 años. Entonces me detectaron un tipo ligero de epilepsia en el lóbulo temporal (una heridita). No hacía muecas, como Neka, sino que lo mío era en el sonido. Las cosas que escuchaba parecían ir cada vez más rápidas. La verdad es que una vez temí que me moriría o que, como a la muchacha del exorcista, me detectarían un demonio metido en el cerebro. Aún recuerdo lo extraña que me sentí aquella vez que me hicieron una resonancia magnética. A esa edad las cosas parecen mucho más dramáticas de lo que realmente son. Al final todo se arregló con unas "mágicas" pastillas llamadas Tegretol. Nunca más he sentido nada.

Lo de Lina es invento mío. Nunca se me ha muerto una amiga (¡de lo cual me alegro inmensamente!) pero sí he tenido que despedir algunas en el aeropuerto).

Me alegro que aún estés por aquí. Te envío un fuerte abrazo,

glenys



3
De: J. I. López Fecha: 2002-09-13 17:41

Y vuelvo, aunque de tarde en tarde. Qué envidia, poder escribir transmitiendo esa sensación de autenticidad. Te sigo leyendo.
Un abrazo.
J.I. López



4
De: silfo Fecha: 2002-09-26 12:18

No te habia leido nunca.
Ha sido un placer.

Saludos



5
De: glenys Fecha: 2002-12-05 00:19

Gracias mil, Silfo, el placer es mío :)

Es bueno encontrar tiempo de nuevo para escribir.

Abrazos







		
 

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