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Las mentiras de Neutrina |
Mi bitácora está llena de mentiras. Pero no te preocupes, no puede ser peor que los comerciales en la tele o tu querido amigo, peor aún, tu pareja, leyéndote el horóscopo del domingo...otra vez. | ![]() |
Un cuento sin HadasLina quiere decirme algo pero no se atreve. Le he permitido que me arregle un poco mi rizada cabeza pero la mujer no acaba de concentrarse. Pero eso no es lo peor. Lo que me mata es que yo sé qué es lo que me quiere decir y no quiero escucharlo. Quiero mantener los ojos cerrados y engañarme. Quiero regalarme la oportunidad de ser feliz aunque sea por un momento. Pero ella y yo sabemos que pronto estaremos aquí llorando, no somos pendejas. Pero ahora yo quiero serlo. Quiero parecerme a Mikaela y en unos segundos salir por la puerta como una modelo, cierro los ojos y la veo pero cuando los abro sigo siendo yo. "Creo que es mejor si te lo recoges pero como suelto, ¿ves? Así...¿te parece?" "Si, así me veo glamorosa", le dije riendo, quería romper el hielo. Por dentro esperaba con todo mi corazón que llegara de una buena vez Neka o Mikaela. Lina me conocía demasiado y eso a veces duele. Especialmente en ocasiones como estas cuando has montado un teatro y has hecho de una situación algo que no es. "¿Dónde se van a encontrar?" "Me dijo que lo esperara en la "Esquina divertida" dijo que ahí siempre hay mucha gente y que nada me iba a pasar". Quería que aquellas palabras dijeran otra cosa. Las enmascaré con una importancia que no tenían en realidad, una ternura inventada por mí. Pero aún no quería reconocerlo. La voz de la esperanza era más fuerte y eso era lo que ponía a Lina nerviosa. "¿Y qué es lo que van a hacer?", me preguntó mirándome a través del espejo. Sus ojitos azules trataban de esconder en una semisonrisa toda la preocupación que merodeaba por sus neuronas. "Espero que me bese todo el tiempo", le dije sin pensar y ella se echó a reír. "Pues ningún chico se queda en besos y mucho menos si es con u....." se retiró y me miró con la cara de susto. "Creo que voy a llorar". Lina se metió en el baño y yo me miré en el espejo. El pintalabios rosado me quedaba mal, se veía vulgar en mí. El pelo estaba a medio recoger y parecía más bien una persona en dudoso estado mental. Tenía mucha sombra y mis ojos casi no se veían con todas las rayas negras que me había dibujado alrededor. Me puse de pie y observé que la minifalda de Neka se trepaba por mi trasero como si necesitara anidarse en mi espalda desesperadamente y la blusa revelaba demasiado y mal, mis pequeñas tetas. No era yo y todo aquello era un teatro para intentar ser normal. Pero Lina y yo sabíamos que todo iba a salir mal. Gracias a ella, las cosas no salieron peor de lo que esperábamos. Lo primero fue cambiarme con mis tejanos de siempre, mi camisa negra de la buena suerte y mis botas. Me quité el maquillaje de los ojos y cambié el color del pintalabios a un gris oscuro que iba más con la personalidad gótica que exhibí durante mi adolescencia. Cuando Lina salió del baño dio un salto de alegría. "¡¡No vas a ir!!" "Voy, Lina, pero como yo, sin disfraces. Quiero ver qué pasa...Él me gusta mucho." "Lo sé y por eso me preocupo. Es un tipo muy popular, tienes muy buen gusto, ¿sabes?" Me sonrió con ternura. "ya hemos hablado de esto, Neu. No eres su tipo". "Lo sé...pero por lo menos lo intento", le dije y sentí que sonaba algo desesperada. "A él le gusta hablar conmigo", agregué desolada. "Tú lo que quieres es besarlo..." respondió en broma. "Más que todo quiero que él me bese a mí". Nos miramos seriamente y en ese momento entraron Neka y Mikaela quienes me miraron horrorizadas. "¿¿No vas a ir??" preguntó Neka como si se tratara de una cita con Al Pacino. "Claro que voy. Ya estaba por salir". "Niña", dijo Mikaela de forma pausada, era cruel como esa chica podía lucir sexy hasta durmiendo, "¿es que pretendes asustar a este chico que tanto te gusta?", hasta su voz era sensual. "Así soy yo", comencé a balbucear pero Mikaela ya tenía mi pelo entre sus manos. "Por lo menos deja que te recoja un poco el...." Lina intercedió a mi favor. "Creo que lo mejor es que se vaya o no va a encontrar a este chico. No creo que sea de los que esperan..." Las cosas que mi amiga no decía por el cariño que me tenía las sabíamos bien las cuatro. Caminé hacia la puerta de salida mientras mi personalidad orgullosa me decía que me quedara allí, con mis amigas. Allí estaría a salvo. Pero algo había penetrado mi sistema aquella vez que lo ví por primera vez y me perdí en sus ojos azules. Tenía un virus que me sofocaba y me hacía creer cosas imposibles. Ahora, con casi cuarenta años y muchos penes después, me parece atroz el tiempo que me tomó aprender sobre los hombres. Dejar a Dios fue infinitamente más fácil que renunciar a la tetosterona, a la deliciosa combinación de la X con la Y. Pero al final tuve que hacerlo o me iba a volver loca. Aquel chico de descendencia española fue mi primer gran desencanto. No fue su culpa, él sólo llenaba el papel que le había tocado llevar en la vida, yo llevaba el mío y ambos eran incompatibles. Eso lo sabíamos y sólo teníamos 16 años. Pero el maldito gusanito que se había metido en mi cabeza se atrevía a susurrarme que era posible que este tipo se interesara realmente en mí. Uh-uh, la vida no da ese tipo de sorpresas, cariño, eso es cosa de Hollywood y Corín Tellado. Pero la relación entre Pedrito y yo no fue tan en blanco y negro como parezco narrar. Se interesó genuinamente por mis opiniones y disfrutó hablar conmigo las pocas veces que lo hicimos. Estábamos hechos para ser amigos. Así comencé un largo camino de amistades que nacían de citas con chicos que me gustaban físicamente. La amistad funcionaba si no me acostaba con ellos. Si lo hacía, todo lo demás se iba al demonio. Esa noche fue de conversaciones, besos y manos exploradoras. Delicioso, mágico, perdí el sentido de todo, del mundo, del tiempo, de mi vida y de mi misma, el mundo era perfecto, y él, él era Dios. Pero no tuve sexo con él, en ese entonces el miedo de quedar embarazada y la ausencia total de educación sexual me obligaron a decir que no, tenía miedo. Si hubiese sabido lo fácil que era cuidarse, protegerse, quizá hubiese tenido el mejor sexo de mi vida con aquel primer amor. Pero nunca más me dio la oportunidad. Después de una semana ansiosa sin noticias de él, decidí llamarlo bajo los ojos de Lina que ardían llenos de reproches. Nunca me perdoné haberlo hecho pero estaba enamorada, era inevitable, todos sabemos que es así. El resultado fue devastador, por supuesto. El chico fue amable, me dijo que había regresado con su novia y que estaba muy enamorado de ella. Nada más podía yo hacer. Excepto llorar. Y eso hicimos, mis amigas conmigo. Hasta que lo olvidé y encontré otro objeto del deseo por quien volver a llorar. "En esta vida no se ganan todas, Neu", dijo Lina pasando sus dedos blancos entre mis rizos negros, "si tienes suerte, ganas algunas". Hasta pronto :) Neutrina 00:16 | glenys | 32 Comentarios | #
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