Las mentiras de Neutrina
Mi bitácora está llena de mentiras. Pero no te preocupes, no puede ser peor que los comerciales en la tele o tu querido amigo, peor aún, tu pareja, leyéndote el horóscopo del domingo...otra vez.
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La muerte llega vestida de intolerancia

"La chica se fue pudriendo en vida. Un aborto mal hecho", dijo el médico despectivamente, como si aquel cadáver inerte se mereciera la muerte. La madre de Lina estaba sentada en una silla que no la sostendría por mucho tiempo, pero su mirada estaba más allá de pendejadas como ésas. Acababa de perder una hija. "Me la trajeron muy tarde", agregó antes de irse, innecesariamente.

El padre intentaba encontrar una respuesta lógica pero el médico no la tenía y su actitud no ayudaba a nadie. Aquella tarde diabólica yo estaba tan confundida como los padres de Lina. Acababa de perder a mi mejor amiga y aún no podía descifrar por qué, cómo o dónde me había quedado atrás en la vida de una de las personas que más quería.

Teníamos apenas 21 años y Madonna comenzaba a arrastrarse por los suelos del mundo a través de un nuevo fenómeno llamado MTV. Nuestras muñecas se llenaron de gomitas negras y nos teñimos mechones de nuestros cabellos de varios colores. Mis favoritos eran el azul y el verde, a Lina le gustaba el rojo. Neka y Mikaela eran un poco más conservadoras y parecían una combinación radical entre Prince y Miami Vice.

La vida comenzaba a cambiar para nosostras, dejábamos de ser adolescentes para entrar en el mundo de los adultos jóvenes y había un montón de cosas por aprender y hacer.

Las tardes eran eléctricas gracias a las píldoras dietéticas que conseguía Mikaela. La pasábamos entrando a las tiendas a probarnos ropas que nunca compraríamos. Estábamos frenéticas.
Luego Neka probó el Percodán y, los "puercos", como les llamábamos, se convirtieron en favoritos, hasta que yo comencé a experimentar náuseas tan sólo de pensar que íbamos a consumirlos.

El ambiente en que nos movíamos parecía estar repleto de sustancias para cambiar al mundo exterior desde dentro. Las noches comenzaban con un cóctel químico que aseguraba que la pasarías bien, a pesar de.

Era fenomenal.

De repente me encuentro en un hospital y mi amiga Lina yace muerta en la cama. Su piel tiene un tono verdoso, su rostro parece que se detuvo en medio de una oración.

¿Qué querías decir, Lina? ¿Por qué no lo dijiste antes?

A Lina le gustaba un tipo que estudiaba ingeniería en la universidad del estado y que no era de mi agrado. Me parecía arrogante, que la trataba como si ella fuera una pendejita más. Luego de varias feas discusiones, ambas decidimos no hablar más del tema. Estábamos seguras de que terminaría separándonos. Y así fue.

Pero ella no dijo nada. Cumplió con el pacto, más por orgullo que por su palabra de honor. Ella todavía no había tenido sexo con nadie y habíamos quedado que me lo diría cuando ocurriese. Pero decidió no hacerlo y ahora ya no sabría por qué.

El piso del hospital estaba opaco, las enfermeras lucían cansadas, mis botas estaban viejas y se me caían los tejanos. Ansiaba un cigarrillo con ardor. Salí del cuarto despacio, como para no despertarla. Yo no había dormido esa noche, ni la anterior. Estaba saliendo con un chico nuevo y tenía algunos días sin ver a Lina. Mis neuronas estaban abarrotadas de píldoras y cocaína.

Mis padres llegaron mientras yo me concentraba en la conversación que sostenía la enfermera por teléfono.

"Esa mujer no le hace bien. Mami se lo ha dicho ya varias veces, pero ya sabes como es él que no le hace caso a nadie. Claro, él siempre tiene que tener la razón. El muy cabrón. Y tú que lo dejas. Mira, yo no se lo perdono ni que sea mi hermano. Déjalo, Manuela, déjalo que él se va a joder solo..."

Mi madre me abrazó pero las cosas aún no las llevaba muy claras. La conversación de la enfermera me parecía extremadamente más importante. No podía perderme ni una sola palabra.

"Ya sé, ya sé", continuaba la mujer, que debía tener más o menos 36 años, "pero eso no lo excusa de nada. Tú eres su esposa, ustedes tienen tres hijos juntos, una familia grande.....no.....no....no, Manuela, las cosas no son así....cálmate, cálmate....por eso es que te digo que lo tienes que dejar...."

El padre de Lina salió de la macabra habitación y se acercó a su esposa que permanecía ensimismada e inerte. Mis padres se acercaron a ellos y trataron de ofrecer ayuda. De repente me pareció que Lina estaba muerta pero aparté ese pensamiento de la mente e intenté concentrarme en nuestros padres.

En ese momento llegó Neka gritando, como cerdo perseguido, el nombre de Lina. Sus sonidos rompieron en mí algo que una vez pensé inquebrantable. En ese instante temí haber perdido la cordura. Corrí desesperada, pasé velozmente a Neka, el objetivo era hacer que desaparecieran sus gritos, alejarme lo suficiente de esas ondas angustiantes que se despedían de los labios de mi consternada amiga. Comencé a pensar en el efecto Doppler y en aquella explicación que siempre comenzaba o terminaba con el sonido de la sirena de una ambulancia.

Corrí hasta la casa de Omar, el estudiante de ingeniería.

"¿Has visto a Lina?" le pregunté cuando me abrió la puerta.

"¿Y a tí que te pasa? Te ves peor que nunca, mujer. Ven pasa, te prepararé una buena batida de vegetales".

"Te pregunté si has visto a Lina", repetí sin sentido. No tenía idea de lo que hacía.

"No, hace meses que no la veo. No ha querido volver a salir conmigo y no responde mis llamadas. A ustedes lo que les pasa es que le gusta más las drogas que los hombres. Ése es su problema".

"Tú no tienes ni puta idea de mis problemas".

Lo empujé hacia dentro, le desabotoné los pantalones y comencé a chupárselo con saña. Cuando sentí que se venía continué masturbándolo con la mano mientras le susurraba en el oído que Lina había muerto abortando a su bebé. Pero mi rabia no disminuía. El tipo me empujó y me miró incrédulo.

"Estas drogada...será mejor que te pida un taxi", me dijo jadeando y con cara de asco.

"No, yo me voy caminando". Me limpié el semen de la mano con una toalla que él me pasaba. No me dí cuenta de dónde la sacó. "¿Te acostaste con Lina?"

"Si".

"¿Te dijo que estaba embarazada?"

"No".

"Tampoco me lo dijo a mí", le dije con un tono de voz nuevo. Una mezcla de desencanto, tristeza y completa desolación.

Caminé por horas. Había comenzado una búsqueda por el culpable. El primero había sido Omar pero me había equivocado.

Tampoco me parecía irregular mi comportamiento con él, más bien sentía que todo iba acorde con el camino irreal que había tomado la vida. Lina con 21 años y la piel verde, las cosas no andaban bien. La muerte se había colado y estaba segura que alguien o algo la había dejado entrar.

Entonces decidí ir donde Sor Alegría, con quien había estado orando por la salud de Lina esa mañana, cuando me llamaron sus padres desde el hospital. Todos creíamos entonces que le había ocurrido un accidente.

"Cariño, acabo de enterarme", dijo sor acojiéndome en sus brazos. Yo la evité lo mejor que pude y me senté en un banquito frente a su oficina.

"Dios no escuchó nuestras oraciones".

"Sí que las escuchó, Neutrina".

"¿Entonces?"

"Quizá no pudo hacer nada".

"Pensé que era omnipotente".

"Lo es, pero a veces Dios necesita enseñarnos una lección".

La miré con odio por primera vez.

"¿Cree usted que Dios pensaba que Lina merecía morir?"

"Lina cometió un grave error. La vida es sagrada".

"¿Y la de ella no lo es?"

"Nadie violentó la de ella".

"Lina fue violada, sor Alegría. Hace unos meses la violaron unos chicos por el malecón. Ella no me dijo nada hasta hace unos días cuando ya se encontraba muy mal. Me confesó llorando que ni siquiera sabía de cuál de ellos era la criatura y los recordaba a todos muy bien".

La cara de la monja mostraba toda una combinación de sentimientos. No sabía si creerme pero algo le decía que yo no le mentiría de esa forma.
Pero sentía tanta rabia que quería estrujarle sus palabras, que se jodiera por estúpida e ignorante. Por limitada.

Necesitaba encontrar a mi culpable. Porque una cosa tenía clara, algo sí sabía con certeza, la culpable no era Lina.

"¿No cree usted que lo mejor que podía ella hacer era abortar?"

No me respondió. Por un buen rato permaneció en silencio, su cara color canela y sus rasgos de india centromericana estaban inertes. Pero sus ojos se llenaban de lágrimas y su mirada lucía muy confundida.

"No entiendo estas cosas, Neutrina, la verdad es que me dejas sin argumentos. Esa pobre niña debió de haberla pasado muy mal. ¿Lo saben sus padres?"

"No", le dije evitando su mirada, algo se cocía dentro de mí. "Hay que cambiar ciertas cosas, eso es lo que sé. Tenemos un deber para hacer las cosas más fáciles. Algo anda mal...Si el aborto fuera legal, Lina no estuviera ahora..."

En ese instante olvidé la palabra correcta. Miré a la monja y le rogué que me permitiera dormir un rato.

Nunca más volví a rezar. Ni siquiera para que se detuvieran mis pesadillas.

A los 21 años comprendí que Dios nunca había existido y que el aborto debería ser legal y asequible para toda mujer en el mundo que lo necesite o lo desee.

Nos vemos,

Neutrina

01:01 | glenys | 6 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: silfo Fecha: 2002-12-14 22:36

Glorioso... me ha gustado, si señora.
Saludos.



2
De: glenys Fecha: 2002-12-15 21:38

Mil gracias, Silfo, tanto por leer como por tomarte el tiempo de escribir esas hermosas palabras :)

Te envío un fuerte abrazo,
glenys



3
De: TKA Fecha: 2002-12-16 01:26

A mi también me ha gustado... una magnífica historia...
Sin embargo tras leer un comentario he entendido que esto es el final... ¿es así?



4
De: glenys Fecha: 2002-12-16 22:57

Gracias TKA :))))

No es para nada el final. Hoy mismo voy a subir otro capítulo. Me he estado divirtiendo tanto con Neutrina que no creo que termine su historia por ahora. Especialmente luego de comentarios como los que he leído hasta el momento.

De nuevo, gracias por escribir,
un abrazo fuerte



5
De: Emevé Fecha: 2002-12-16 23:52

Desgarrador, inquietante e inteligente. Amiga te felicito. Todos mis besos. Emevé



6
De: glenys Fecha: 2002-12-17 17:26

Amiga mía, ver tu nombre aquí junto con esas palabras alentadoras me ha hecho muy feliz.

Gracias, mana, eres un encanto y ya me sé de memoria todos esos magníficos adjetivos con los que calificaste mi historia. No puedo más que continuar con las mentiras de Neu.

Un fuerte abrazo, linda,
glenys







		
 

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