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Las mentiras de Neutrina |
Mi bitácora está llena de mentiras. Pero no te preocupes, no puede ser peor que los comerciales en la tele o tu querido amigo, peor aún, tu pareja, leyéndote el horóscopo del domingo...otra vez. | ![]() |
Rendezvous con salsa madrileñaSu brazo rodeaba mi cintura y yo moría por un cigarrillo. Pero prefería no despertarlo, sólo tenía que llegar al baño, dos "pases", un cigarrillo y entonces todo encajaría otra vez. Quería irme de allí. Sentía mis muslos pegajosos, imaginaba una escena bastante caótica sobre aquella cama desconocida. Pero a él no le importaba, era un tipo diferente. Yo también me sentía distinta, necesitaba extraerme de aquel lugar alborotado tan repleto de nada. Es curioso encontrarte con un compatriota en un país lejano y terminar en la cama con él. "Mejor dejémoslo ahí. Tengo el período...." La forma segura en que metió su mano dentro de mis pantalones me silenció. Luego, él mismo se convirtió en una especie de drácula carroña que disfruté como nunca. Todavía utilizo su recuerdo para masturbarme. El sexo era divino y el tipo estaba bueno. Pero había que tomar un tren a París y yo no tenía idea en qué parte de Madrid me encontraba. Me vestí a tropezones en el minúsculo baño. Me hubiera gustado pensar menos entonces. Me salté muchas reglas durante esos años pero siempre me preocupaba por lo que estaba haciendo lo que reducía notablemente la diversión. Cuando salí al cuarto mi compatriota estaba despierto. "Nadie te echa". "Lo sé", traté de sonreír, "mi amiga y yo salimos a París hoy. Tengo muchas cosas que hacer". "Pensé que andabas de vacaciones". "Así es". Me miró un largo rato. Tenía facciones pequeñas, lindas y suaves. Su cabello era lacio y le tapaba un poco sus ojos, otros mechones parecían en estado de atención como esperarando ser lanzados hacia el espacio. Sus ojos eran redondos y negros con largas pestañas que los rodeaban como las patas a un insecto. "Las personas que están de vacaciones no deberían tener cosas que hacer. Las vacaciones son para disfrutarlas". Tendió su mano hacia mí... Hoy, sentada aquí, escribiendo todo esto, ansío tomar su mano y quedarme allí. Aquel muchacho daba la impresión de tener cierta autenticidad que no había visto antes ni notaría después. Pero es sólo la distancia, el tiempo recorrido, la nostalgia, los juegos que una crea preguntándose hasta el cansancio "que hubiera pasado si....". Al final hubiera pasado lo mismo sólo que de otra manera. Puedes variar las circunstancias pero no puedes cambiar quien eres. Eso se queda contigo para toda la vida. Sonreí de nuevo, le tomé la mano por educación y le dí un beso en la boca. Entonces traté de salir de la habitación pero un perro me gruñó del otro lado de la puerta. Me volví a mirarlo. Allí, tirado en la cama, me parecía delicioso... "Puedes esperar que se levante mi madre, ella saca al perro como a las siete de la mañana. No entiendo tu afán de irte tan rápido". "Es que mi amiga debe estar preocupada". "Si tu amiga es lista, debe estar durmiendo en los brazos de aquel tipo con quien la dejamos bailando". Sonreí de nuevo y pensé en aquel lugar, un club de salsa. Sally, con quien había planeado esta aventura por Europa, me había dicho en su mejor español, "debe ser horrible venir tan lejos a bailar merengue y salsa, ¿no Neutrina?" Pero a mí no me lo parecía. Por el contrario, el aire del lugar rebozaba testosterona que se metía por todos los mejores y más oportunos espacios y grietas. Cuando este chico, una ricura sin nombre, me invitó a bailar, sabía que acabaría en otro lado. "Vamos, Neutrina, you can do it, let´s run for it". Sally quería que los dejásemos plantados. Estábamos afuera del club y los chicos nos esperaban a unos metros de distancia. Sally era una judía de Nueva York sumamente inteligente y bonita. Pero eran muchas las veces que la chica y yo caminábamos por senderos diferentes. "Vamos a bailar un poco más y luego nos vamos ¿ok?". Sally hizo esa popular mueca de alguien que no cree lo que está escuchando. Yo me reí, por lo menos ya sabía a qué atenerse. Yo iba a correr, pero con el tipo de los cabellos chiflados, el compatriota, residente madrileño. Pero ahora corría de él también. Me sentía sucia, quería bañarme. Además, ya se me había pasado todo el viaje que tenía anoche y mis complejos comenzaban a aflorar solitos. Mientras más lo veía, mientras más me gustaba, más quería retirarme y huir rápidamente de su lado. Es el síndrome de la Cenicienta, siempre corriendo antes de que las pesadillas se hagan realidad. "Quizás no estás hecha para amar de la forma en como está concebido el amor en esta época", era la voz de Lina que me acompañaba siempre con sus extraños consejos. Una vez estábamos en una de esas cámaras modernas de tortura cuyo objetivo indirecto parece ser discapacitar la visión y la audición y que en algunos lados llaman discotecas, discos, clubes y boliches. Me había encontrado con un tipo que me gustaba y comenzamos a charlar. Me brindó "una fría", se rió de mis chistes, me reí de los suyos y hasta me agarró el dedo meñique con su pulgar y su índice y me lo acarició lentamente. Y todo esto mientras nos mirábamos a los ojos. Una locura de esas que son cursi para todos menos para los involucrados. Casi escuchaba violines, a pesar del estruendo en el lugar. Me había olvidado de las chicas desde que encontré a "míster romance". Cuando me dijo que le sostuviera la cerveza un momento pues tenía que ir al baño me rozó los labios con su lengua. Sentí que las cataratas del Niágara viajaban dentro de mí. Por un tiempo quedé paralizada como en una nube, pensaba en mi noviazgo futuro con el chico, en cómo le caería a mis amigas, a mi hermana, a mis padres. Pensaba si nos gustarían las mismas películas, si le gustaba leer, si era celoso. Estaba tan inmiscuida en mi futuro que no me dí cuenta cuando Lina se detuvo frente a mí. "Neutri..." La miré y sonreí. Quería contárselo todo pero ella no me dejó, me quitó ambas cervezas de la mano y me dijo que nos íbamos de allí. Yo protesté, le dije que me quedaba, que andaba con este "míster romance" y que todo iba a las mil maravillas. "Está en el baño. Por lo menos déjame decirle que..." Lina me interrumpió de forma tierna. "Neu, cariño, a veces la gente es sencillamente hijeputa. Las cosas empeoran cuando uno se ilusiona y, pues bueno, sólo había que ver tu cara....", me miró con una mezcla agradable de cariño y pena. "Cariño, "míster romance" está en la pista de baile metiéndole la lengua a una tipa que ambas conocemos y que no merece la pena ni discutirla." Me miró como cuidando que yo entendiera que no era mi culpa. Me tomó la cara con sus manos blancas y me dio un beso en la nariz. "Tienes que andar alerta porque a veces tendemos a elegir a los malos y dejamos pasar a los que nos podrían hacer felices sólo porque no eran tan deslumbrantes". A veces me parecía que Lina tenía siglos de edad. Nunca dejaré de extrañarla. Porque nunca alguien me conoció, me amó y me cuidó como ella. El compatriota en Madrid gritó algo desde su cama y yo dí un pequeño brinco en mi rincón. Aquel lugar no parecía tener un espacio vacío. Todo estaba cubierto por algún objeto innecesario, nada parecía dejar huella en el cerebro, excepto él, por supuesto. El chico se despidió desde la cama y una señora gorda y alta me abrió la puerta mientras agarraba al perro que también era gordo y grande. "Gracias", fue lo único que atiné a decir. Caminé por las aceras de un barrio desconocido. Todo es distinto en la mañana. El sol me deslumbró y recordé mis lentes en el bolsillo del saco, estaba rodeada de edificios de apartamentos, todos iguales, altos, opacos y sin personalidad. Caminé varias cuadras antes de encontrar una avenida donde tomar un taxi. No había pensado en Sally y en ese momento busqué desesperadamente la llave del cuarto del hotel. Cuando la vi me deslicé sobre el sillón del carro y pensé en la maravillosa noche que tuve con aquel chico que bailaba la mejor salsa del mundo, un tipo que no le importaba ensuciarse. Alguien diferente a quien tampoco me parecía que quisiera volver a ver. Sólo quería bañarme y dormir. Aquella noche soñé con Lina. Estaba sentada en una especie de trono que levitaba sobre un estanque sucio de algas verdes y se reía de algo pero no quería decirme de qué. Desperté y sentí miedo. La muerte no permite que la olvidemos por mucho tiempo. No sólo se mantiene presente como una amenaza segura sobre nuestras cabezas sino que nos lastima llevándose a los que amamos. Esas pérdidas son difíciles de rebasar. Lo único que logra disminuir el dolor es el tiempo. Y mientras pasa el tiempo, las drogas, el sexo y la música, son buenos medicamentos contra el sufrimiento y para el olvido. Yo elegí ese camino por un buen rato. Por eso hoy sólo recuerdo la mitad de todo lo que pasó. No sólo es difícil encontrar un amor, es aún más complicado hallar a una amiga como Lina. Seguiremos charlando :) Neutrina 03:21 | glenys | 9 Comentarios | #
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