Las mentiras de Neutrina
Mi bitácora está llena de mentiras. Pero no te preocupes, no puede ser peor que los comerciales en la tele o tu querido amigo, peor aún, tu pareja, leyéndote el horóscopo del domingo...otra vez.
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Un episodio en Cobble Hills, Brooklyn


Josh entra en la habitación, enciende la luz y se sienta en el borde de la cama. Me toma un tiempo despertarme y enfocar su delgada espalda, todavía cubierta por la chaqueta de cuero que mi madre le había regalado la navidad pasada. Hacía frío en la habitación, la calefacción del viejo apartamento tipo ferrocarril sólo funcionaba en el primer cuarto, el segundo quedaba a medias y los demás eran "zona ártica". Añoraba el verano y los pies descalzos, pero ese año en Nueva York, la nieve caía inclemente.

Miré el reloj por instinto pero no distinguí la hora la primera vez así que observé de nuevo sus manecillas amarillas fluorescentes. Las dos y veinte de la mañana. En ese instante sentí profundamente estar despierta y no quise iniciar la conversación. Me acurruqué de nuevo entre las sábanas y esperé que él dijera algo, si era que tenía algo que decir. Nuestra relación estaba falleciendo, pero éramos muy perezosos para admitirlo y terminar.

Cerré los ojos y mis neuronas comenzaron a desconectarse del mundo. Era obvio que ya no me importaba porque antes no me hubiera dormido.

Cuando desperté lo encontré tirado a mi lado, todavía llevaba el chaleco y las botas y su mirada estaba fija en el techo.

"¿Qué te pasa?", le pregunté preocupada.

Guardó silencio. No iba a ser fácil este episodio.

Caminé hacia el baño y lo hice todo muy despacio. Era domingo y añoraba salir a buscar el periódico, gordo y lleno de sorpresas, junto con algún bocadillo y un chocolate caliente en el deli de al lado. Pero hoy no sería un domingo común, un problema me esperaba tendido sobre la cama.

Era la relación más duradera que había tenido hasta entonces y por momentos pensaba que quizá podríamos continuar viviendo como una pareja que acaba de celebrar sus bodas de oro. Otras veces no lo pensaba ya tanto, especialmente cuando conocía a alguien agradable en la universidad. Estaba segura que a él le pasaba lo mismo pues ya ni se esforzaba en ocultar sus revistas porno. Aún no me decido si lo hacía para excitarme o para alertarme sobre nuestra aburrida situación. En aquella época, esas pequeñas cosas no parecían importantes y tal vez no lo eran. Pero muchas veces pienso en esos detalles, como si en ellos residieran todas las respuestas a mis fracasos.

Pero ese día quería permanecer en aquella antigua bañera blanca por mucho más tiempo, como hacía todos esos domingos de invierno que pasé en el apartamento 1A de la calle Henry, en Brooklyn.

Su nombre era Joshua y era primo de mi amiga Sally. Era un judío de aquella sonada generación X que escuchaba a Nirvana y a Sonic Youth y usaba camisas de lanilla a cuadros. Joshua era lacónico, pesado a veces, antisocial, con una más que leve predisposición a las drogas y básicamente haragán. Por más de un año había engañado a sus padres gastándose el dinero de la universidad en juguetes caros, como videojuegos, instrumentos musicales, equipos de música y demás. Tampoco les informó que ahora vivía conmigo, de esa forma también se embolsillaba el dinero que le daban para la renta, que era mucho más de la mitad que pagaba conmigo.

Salí del baño despacio, con suma desgana y me senté en el sofá justo a su lado de la cama. Allí me quedé, mirándolo, sin saber qué decir. A veces, cuando dejas de amar a una persona te olvidas fácilmente de las cosas que te deslumbraron al principio y entonces te vuelves cruel. Para evitar que esto ocurriera siempre tenía vivos recuerdos de sus besos y su risa para los momentos en que nos sentía más desgastados.

Josh se incorporó un poco y se inclinó hacia mí apoyando el codo en la cama. Estaba pálido y su cara parecía descoordinada, como desencajada.

"¿Hace cuánto tiempo que no tenemos sexo?" me preguntó, su voz sonaba cansada pero al escucharla recordé otra de las cosas que me enamoraron de él.

"¡Uuf! meses", le dije sonriendo, tratando de enmascarar la ansiedad que me provocaba tocar el tema. No quería tener sexo en ese momento. Mi periódico, mi chocolate caliente...

Sus grandes ojos miel se llenaron de lágrimas, me tiré a su lado y le acaricié el cabello.

"¿Qué pasa?"

"Voy a tener que marcharme". Se levantó bruscamente de la cama y caminó hacia el baño. Frente al espejo del lavamanos continuó hablando. "Estoy estancado y tú también. Creo que lo mejor es que me vaya".

Yo estaba de acuerdo pero, por supuesto, quería detalles. Quería saber qué lo había hecho reflexionar y quedarse despierto toda una noche. Los hombres son un enigma a veces, piensas que sabes lo que están pensando pero ellos están en algo completamente diferente. Ya había saboreado algo de esa diversidad, tenía 26 años y me había ganado una beca para estudiar en Nueva York. Entonces llevaba dos años haciendo una maestría en Literatura Inglesa en la Universidad de Fordham. Las cosas iban bien, excepto que Joshua y yo ya no estábamos enamorados.


Nos habíamos conocido en un concierto de "The Grateful Dead", en aquellos días cuando Jerry García aún vivía. Lo primero que expresó cuando Sally nos presentó es que no era un "dead head", uno de esos fanáticos de la banda que van a todos sus conciertos y coleccionan grabaciones en vivo. Comentario que ofendió al acompañante de Sally quien había elaborado una lista de canciones en el orden en que apostaba iban a ser presentadas esa noche. Este chico tenía grabado cada uno de los conciertos de la agrupación y había puesto sus listas anteriores en un programa para computadoras que le dió las mejores probabilidades para la noche.

"Tienen que abrir con Brown eyed women", repetía el chico todo el camino hacia el estadio.

"Yo sólo conozco unas cuantas de sus canciones, las más populares", nos informaba Josh de manera contundente, como si el hecho de aclararlo fuese de suma importancia para todos.

Yo me dejaba llevar. Mis rizos estaban divinamente largos y llenos de flores silvestres también andaba descalza. Sally y yo nos habíamos gastado una fortuna para lucir como unas jipis harapientas y había valido la pena. Joshua me miraba como si quisiera devorarme.

Cuando llegamos al parqueo comencé a sentir intensamente los efectos de la mezcalina y la marihuana. Nos pareció que aquel lugar era interminable, infinito y que nunca llegaríamos al concierto. La risa no me dejaba pensar.

Desde entonces nos volvimos inseparables.

Hasta aquel momento cuando me dijo en el baño del viejo apartamento en el barrio italiano de Cobble Hills que se había enamorado de alguien más. Sentí que algo me pinchaba dentro, como si un órgano nuevo se desinflara.

"¿La conozco?", le pregunté ocultando de mi cara el orgullo herido. Pero él estaba más allá que acá y eso me molestaba aún más.

"No tienes idea, Neutrina, nunca estás aquí. Siempre tienes algo que hacer, algo que ver, algo que aprender. Prefieres leer el periódico que tener sexo. Ir al teatro que estar conmigo y mis amigos ¿Qué te importa con quién me vaya?".

No me gritaba pero en sus ojos había una ira que no entendía y que no iba dirigida completamente hacia mí. Lo mejor era no preguntarle nada ni argumentar con él.

"Lo siento, Josh, es una pena tener que enterarme de esta forma. Pensaba que estabas bien así".

Me observó un momento indignado. "¿Te estás burlando de mí?"

"No. Pero me parece que nos mudamos a estaciones distintas y ninguno le avisó al otro".

De nuevo la mirada enojada y distante. De nuevo las palabras que parecían dirigidas a alguien más.

"Tú te habrás mudado sin avisar, Neu, yo no. Te acomodaste y comenzaste a ignorarme. El pretexto siempre fue nuestra relación liberal, que me dejabas ir a todos los sitios solo porque confiabas en mí pero lo cierto es que dejaste de acompañarme. Siempre prefieres quedarte en casa estudiando".

El sarcasmo inundó mi cerebro y decidió exteriorizarse en forma de risa. Me doblé en la cama con las piernas hacía arriba y reí como nunca. No quería ser cruel pero él había comenzado.

Sentí que me tomaba por los hombros y me ponía de pie gritándome "de qué coño te ríes" una y otra vez. Aquello me daba aún más risa, las lágrimas me corrían por las mejillas y no podía abrir los ojos. Me dolían los pómulos y detrás de las orejas pero no podía parar de reír.

Quería gritarle muchas cosas. Quería explicarle que era más importante mantener mi beca que ir a una fiesta de heroína para que sus amigos me tocaran los pezones porque estaban tan "puestos" con la droga que no podían hacer nada más. Me abrumaba el hecho que me llamara aburrida sólo por elegir ser responsable y no vivir a costa de mentirle a mis padres. Quise gritarle tantas cosas que lo único que hice fue reír.

Joshua me tiró en la cama desesperado y salió de la habitación y de la casa. Cuando escuché el estallido de la puerta que se cerraba mi risa comenzó a disiparse paulatinamente. Me senté en la cama y miré el reloj dos veces para confirmar la hora. La una y media de la tarde.

"Ojalá y queden periódicos en la bodega de los orientales de la esquina", pensé. "Y esta vez, en vez de comerme un bocadillo me tomaré el chocolate caliente con el almuerzo".

Joshua regresaría, de eso estaba segura. Las cosas nunca terminaban donde debían, el martirio siempre se alarga un poquito más.


Seguiremos charlando :)

Neutrina

15:50 | glenys | 4 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: Salvador el Elfo Fecha: 2002-12-31 06:21

(¿por que no aparece el arroba con alt+64? ¿como se hace de otra forma?)

Excelente historia!!! me ha encantado, me recordó un poco a "Viaje de retorno" de Florrie Fisher, claro que ella era la drogadicta... siempre me gustaron este tipo de historias, y siempre me han gustado tus escritos ¡Enhorabuena!



2
De: glenys Fecha: 2003-01-04 03:45

Hola Legolas :)

No tengo idea, cuando contesto los mensajes mi dirección ya sale grabada. Intenté y lo que hace es envoarme a la página anterior.

No he tenido el placer de leer el libro que mencionas pero lo tendré pendiente ;)

¡¡¡¡Gracias por leer, amigo!!!!

abrazotes



3
De: Angie Fecha: 2006-11-03 22:53

hola tengo 24 años a los 20 lei "viaje de retorno" pero le preste el libro a un amigo y nunca me lo devolvio, soy de Peru, he tratado de encontrar ese libro por todo sitio y no logro encontrarlo ¿sera posible que en todo el Perú no halla otro ejemplar?



4
De: Glenys Fecha: 2006-11-17 03:44

No tengo idea, Angie, pero espero que lo consigas :=)

abrazos,
glenys







		
 

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