Las mentiras de Neutrina
Mi bitácora está llena de mentiras. Pero no te preocupes, no puede ser peor que los comerciales en la tele o tu querido amigo, peor aún, tu pareja, leyéndote el horóscopo del domingo...otra vez.
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Conversaciones fastidiosas


Mi brazo se extiende y agarra la cerveza. Dejo que el líquido amarillento y casi helado se deslice por mi garganta y luego la pongo sobre el bar negro otra vez. Entonces no sé qué demonios hacer con mis manos así que enciendo un cigarrillo. Neka y Mikaela saltan y chillan a mi lado. Me doy cuenta que han cambiado la canción. Se supone que a mí me gusta también, debería estar saltando como borracha sin deudas, igual que ellas, pero no puedo y mi brazo se extiende otra vez.

Quisiera ir a dar una vuelta en el carro. Fumarme un "join" y olvidarme de la gente por un rato. Quitarle un poco el filo a la nota.

Veo que Rodrigo se aproxima y en unos segundos está gritándome en el oído.

"¿Tienes pases?", niego firmemente con la cabeza pero le señalo a Neka. Es algo automático, a Neka le gusta él y "no hay nada más sexy que compartir coca en el baño" había dicho ella esa noche antes de partir; la muy católica.

Pero el perico no estaba bueno o quizá era yo. No lo podía saber, tenía la cabeza hecha una mierda. La materia gris estaba más bien marrón. Años más tarde, trabajando de periodista, uno de mis jefes me diría que recurriera a un cuadro de apoyo para resaltar aquello de la materia gris "no creo que nadie sepa lo que es eso", diría el pobre ignorante.

Pero aquella noche una nube negra se había liberado y se extendía sobre nuestras cabezas. Se aproximaba como una fantasía tolkiana hecha realidad. La tormenta había comenzado aquella tarde pero hace mucho que bullía en cada una de nosotras.

No acababa de comprender que todavía no sabía cómo definirme y esperaba que mis amigas lo hicieran por mí. Pero al irse Lina, el asunto se había complicado cruelmente.

Por algunos años me tragué muchas cosas por miedo a quedarme sola. Pero a veces llegamos a nuestro límite.

Aquella tarde, en casa de Neka, ella y Mikaela se habían enfrentado en otra discusión sobre sus diferentes creencias. Mikaela era evangélica, o eso decía ella, y Neka era católica, y tan supersticiosa como su madre. Creo que es un combo que viene con esta religión.

Solía no inmiscuirme en sus cosas y ellas siempre habían temido preguntarme lo que pensaba. Pero esa tarde lo hicieron. Cuando me preguntaron, yo ni sabía de lo que estaban hablando. Solía leer o pensar, mientras ellas discutían sobre la vida de ese señor tan famoso y controvertido al que llamamos Jesús.

Recuerdo la primera vez que ví "Jesucristo Superestrella" y lo mucho que me gustó y me excitó la música. Es interesante la leyenda de Cristo pero ha sido muy explotada. No sé si el hombre existió o no. Imagino que algún día alguien hallará evidencias de sus tan seguidos pasos sobre la Tierra, o quizá no. Tampoco me interesa como a ellas, pero creo que cada cual tiene sus pequeñas mañas. Con Lina solía discutir a Poirot o a Elinor. Es simplemente otro tipo de ficción, sólo eso. Cuestión de gustos.

El problema viene con la bendita fe. Es allí donde nunca quise involucrarme. Hay ciertas cosas que las personas no están preparadas para escuchar y puedes romperles el corazón sin darte cuenta. Como decirle que los Reyes Magos no existen a la niñita de cinco años que vive en la casa de al lado.

Neka siempre estuvo excusando a dios, desde que éramos pequeñas. Ella no quiere soltar el Dedo Divino y no la culpo, la mayoría de las personas no lo quieren hacer.

Pero yo en ese entonces estaba inmersa en libros y películas, drogas y sexo innecesario. Me dolía mucho la muerte de Lina y lo aceptaba. Aún así, era imposible no extrañarla. Eran momentos difíciles. Sentía que mi lugar estaba en otro lado.

"Neutrina, ¿crees que Cristo tenía hermanos? ¿Crees que María era virgen?"

Miré a Mikaela desconcertada.

"Pues si ustedes no lo saben que han leído ese libro miles de veces..." dije mientras volvía la vista hacia mi libro. Era "Jitterbug Perfume" de Tom Robbins, me lo había envíado el primo de Lina con quien permanecía en contacto. Él se convertiría años más tarde en uno de mis mejores amigos en Nueva York. También me conseguría aquel querido y frío apartamento en Cobble Hills.

"¿Tú crees en el señor Jesucristo?", preguntó Neka secamente.

La miré pensando en su pregunta porque honestamente no sabía cómo contestarla.

"¿Qué quiere decir que si creo en él?"

"¿Crees que él es hijo de Dios?" intervino Mikaela acercándose a mí. Doblé la esquina de la página para marcarla y cerré mi libro.

"¿Cuál dios?"

Se miraron asombradas.

"¿Cómo que cuál Dios?" Chillaron casi al unísono. "¡El único que hay!"

Sonreí. Recordé aquel episodio de una mañana calurosa en que Lina y yo nos encontrábamos sentadas en la amplia y fresca galería de su casa. Tomábamos coca-cola con mucho hielo cuando llegaron unos Testigos de Jehová. Antes de que comenzaran con su evangelización, Lina intervino.

"¿Les puedo hacer una pregunta?"

La parejita asintió sonriente. Sus caritas ingenuas estaban llenas de esas primeras espinillas que aparecen en las mejillas y en la frente. Eran frescas ovejitas del Señor, encarriladas jóvenes antes de que las neuronas tuviesen tiempo de liberarse y comenzar a pensar de forma distinta a las demás. Sentí lástima por ellos.

"¿Cómo se llama su dios?"

Permanecieron en silencio. Sus caras atónitas, él pálido, ella roja y brillante, como si se avergonzaran de no saber la respuesta o era simplemente que la pregunta les había tomado por sorpresa. Ella lo miró, esperando que él, ser superior a ella según el libro que predicaban, la salvara de aquel momento vergonzoso.

"Dios es Dios", dijo el chico tartamudeando mientras ella trataba de entender sus sabias palabras.

Lina continuó inclemente.

"Pero ¿no tiene un nombre?"

"Su nombre es Dios", dijo la chiquilla como inspirada.

Lina sonrió. "Eso supuse. No es muy original ¿saben? He sabido de dioses mucho más interesantes que el suyo. Les aseguro que sería bueno para su secta que le pusieran un nombre a su dios. Será mucho más fácil para ustedes venderlo así. Es más, recuerdo que una vez leí que el nombre de su dios era secreto, pero que existía. ¿No se lo revelan a los miembros? Es mejor ponerles sus nombres a los dioses, ¡hasta los perros tienen nombres, por todos los dioses! Tienen que pensar en eso porque hay otras religiones que tienen nombres para sus dioses. Se los aseguro".

Los jovencitos se marcharon sin agregar mucho más. Él tenía cara de total sorpresa y ella lucía furiosa. Antes de irse nos dijo un "que Dios las bendiga" que sabía a "tomen una nave y lárguense a Plutón". Quien, incidental pero apropiadamente, fue una vez el dios de un infierno humano. Nos reímos como hienas ese día y hablamos mucho sobre mitos. A Lina y a mí nos encantaban los temas nórdicos de hadas y duendes.


Pero Mikaela y Neka jamás entenderían y yo nunca quise una discusión de ese tipo. Que cada cual crea lo que quiera. Pero luego pensaba en el daño que han hecho y siguen perpetrando las religiones y las supersticiones de todo tipo y sentía deseos de decir algo. De criticar las leyendas urbanas de la madre de Neka o las oraciones de Mikaela antes de comer una hamburguesa en cualquier lugar. Pero algo me decía que no valía la pena y no quería perderlas como amigas.

Sin embargo, algún día tenían que empezar a avistarse las líneas paralelas que regían nuestros intereses, gustos y creencias.

"Es que he estado leyendo sobre muchos dioses", dije, tratando de aparentar una ingenuidad auténtica ante Neka, que me conocía muy bien. "Dioses del pasado y dioses del presente que son distintos del que ustedes aman y entonces a veces no sé a cuál mitología se refieren".

"Pero Neutrina, la religión no es mitología".

"¿Sabes quién era Zeus?"

Neka asintió, Mikaela la miró angustiada.

"Era un dios griego", dijo Neka mirándome fijamente, como si temiera continuar con la discusión.

"El dios de los dioses", añadí, "Júpiter para los romanos. Pero ¿era mitología?"

"Si", dijeron ambas.

"Exacto. ¿Cuál es la diferencia entre Zeus y el dios de ustedes? Que, a propósito, no tiene nombre", agregué en honor a Lina.

"Nuestro Dios es verdadero", dijo Mikaela suavemente.

"Zeus lo fue para todos los que lo adoraron en su tiempo. Estoy leyendo en un libro sobre un dios llamado Pan y cómo llegó a su fin. Porque los dioses también mueren. Lo hacen, dice este autor", les mostré brevemente el libro en mi mano, "cuando las personas dejan de creer en ellos. Y así le pasó al pobre Zeus, Dios del Olimpus, el más poderoso de todos y ahora es nada más que simple mitología. Joseph Campbell escribió una vez algo que nunca he querido olvidar. Él dijo que la mitología es lo que llamamos a las religiones de otras personas. ¿Ustedes qué creen?"

Las miré un momento disfrutando de sus rostros consternados.

Entonces Mikaela soltó un golpe bajo.

"Entonces ¿dónde crees que está Lina?"

Mi corazón dio un vuelco al escuchar su nombre en labios de Mikaela. Casi no hablábamos de Lina porque ellas temían que me molestaría. Y me molestaba, pero no como ellas pensaban.

Yo siempre recordaba a Lina y hablaba mucho de ella con mi madre, con la madre de Lina y con un amante mayor que había encontrado sin buscarlo. Pero mi renuencia a tratar el tema con ellas estaba dominada por una emoción. Era horrible sentirlo pero pensaba que ellas no merecían mencionarla. Estaba segura que nunca la entendieron.

Hoy sé que estaba equivocada, mas bien estaba resentida y celosa. Neka y Mikaela también habían amado a Lina y habían sido sus amigas...sólo que no como yo, nunca como yo.

"Lina no está en ningún lado. Ella murió y ya no existe. Me encantaría decirte que está en algún otro lugar pero no puedo. ¿Dónde? La he llamado todas las noches desde que murió, así, sin creérmelo, quizá porque es cierta la lección de aquel otro mito sobre la caja de Pandora. De hecho, Lina creía menos que yo. Dudaba hasta de la salida del sol cada día".

Permanecí en silencio. A Lina le hubiese gustado ese comentario.

"Tú estás dolida, eso es todo. Ahora odias al mundo pero te aseguro que si te acercas a Cristo te sentirás mejor", articuló Mikaela despacio. Sabía que estaba enojada y estaba intentando controlarse. Mikaela nunca perdía la compostura.

"¿Y por qué no a Taweret o a Freya? Eran diosas de la fertilidad. A ellas es que supuestamente le debemos cada uno de nuestros embarazos".

"Estas vacía y por eso eres tan cruel. Ya lo decía la amiga de mi madre que tienes una aura oscura a tu alrededor", Mikaela escupió las palabras agriamente.

"Y eso de las auras ¿también es mitología cristiana o se vale combinar religiones, sectas, supersticiones y creencias?"

"Te crees muy lista ¿no?", Mikaela me miró largo rato con aquellos impresionantes ojos, dos trampas oscuras y enormes en medio de su hermosa cara, "al final, las listas se quedan solas".

"Auch", exclamé con media sonrisa en el rostro, y volví a mi libro.

"Es imposible hablar contigo, Neutri, te has vuelto muy cínica", escuché la voz de Neka ofendida.

"Siento mucho no pensar igual que ustedes dos", les dije mirándolas seriamente. "Espero que ustedes dos también se disculpen por pensar diferente a mí".

En ese momento entró la madre de Neka a decirme que tenía una llamada telefónica.

"Es la voz de un señor", me dijo con cara inquisitiva mientras miraba furtivamente a su hija varias veces. "Dijo que su nombre es Ramiro".

Sonreí ampliamente y corrí al teléfono sin decir palabra. Era él, que llegaba al otro día y mi madre le había dado el número de Neka cuando le insistió.

"Le dije que era sobre unas notas de la universidad", me susurró esa tarde por el teléfono poniéndome los pelos de punta.

Y en parte tenía razón. Era uno de mis profesores en la universidad. Pero no se llamaba Ramiro.

Esa noche pensé en él mientras veía a mis amigas bailar y gritar junto a mí. Pronto dejaría de ir con ellas al club. Pronto encontraría tantas formas de refutar sus creencias que se volvería aburrido. Nos distanciamos gradualmente, la tormenta llegó para mostrarnos nuestros caminos diferentes.

Pero siempre nos volvíamos a ver y esas reuniones incrementaron con los años. Ellas continúan creyendo en Cristo y yo sigo siendo atea, pero, de alguna extraña y curiosa manera, el cariño y los recuerdos pueden más que nuestras creencias personales. Y hemos aprendido a valorar y a proteger esa tolerancia.

Seguiremos charlando,

Neutrina

23:16 | glenys | 5 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: El GNUdista Fecha: 2003-01-02 22:33

Esto quenos haces es terrible Glenys, al final, todos los días mirando la página por si hay una historia nueva que disfrutar.

Me encantan, quiero más, más, más...



2
De: glenys Fecha: 2003-01-04 03:49

Y lo que tu me haces escribiendo esto es fenomenal. Los comentarios que he leído por aquí, y la noticia que me enviaste al foro, son como un combustible especial que me mantiene viva y tecleando :))

GRACIAS, ARTURO

Yo continuaré escribiendo...



3
De: gustavo Fecha: 2003-01-07 22:30

no se q hago aqui.No se todavia si hoy me he atrevido a existir.Si cubro mis ojos descubrire mi boca,y quizas vuelvan a brotar las asesinas frases de siempre...
Solo se q aqui hay algo q nesecito y q se llama neutrina.Sea lo q sea.



4
De: glenys Fecha: 2003-01-09 23:42

!Hola Gustavo!

Curiosas frases las tuyas :)

Neutrina también te necesita y a muchos otros lectores como tú.

Te envío un abrazo fuerte y muchas gracias por escribir.



5
De: tania Fecha: 2010-02-15 10:58

holaa..yo soy nueva aki y la verdad es k las historias son muy buenas , pero no tan buenas como las de blody mary.
bueno nada la historia esta está del 10....







		
 

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