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Las mentiras de Neutrina |
Mi bitácora está llena de mentiras. Pero no te preocupes, no puede ser peor que los comerciales en la tele o tu querido amigo, peor aún, tu pareja, leyéndote el horóscopo del domingo...otra vez. | ![]() |
Neutrina conoce a Sor AlegríaQueridos Reyes Magos:Esta vez comienzo a escribir mi carta temprano porque no quiero excusas. El año pasado no me trajeron el traje que cambia de colores que tanto quería y mi papi me dijo que se debió a que uno de los duendes perdió mi carta. Lo cual no lo dudo, porque nada de lo que encontré esa noche debajo de mi cama lo había pedido. Comprendí entonces que había otra niña en el mundo, con muy mal gusto para los juguetes, que tenía mi traje. Malditos duendes. Mi mami me dice que con tantos millones de niños en el mundo es justo que los duendes se confundan, pero yo le expliqué que tienen que hacer como hace papá Dios que tiene un angelito para cada niño y así no se pierden los juguetes. Pero papi me explicó que las cosas no son tan organizadas en el Medio Oriente como lo son en el Cielo. Por eso pienso que es mejor si les escribo ahora...antes que sea muy tarde.... A los cuatro años, la Cenicienta, la Bella Durmiente y Blanca Nieves eran mis heroínas, es tan triste que dan deseos de llorar. Me hubiera gustado un poquito más de claridad en mi niñez, fue una etapa muy confusa. Cenicienta era buena y sufría pero al final, todo le salía bien. La Ceni y sus secuaces, sin proponérselo, me prepararon para otras mentiras posteriores, para mis gustos por las telenovelas mexicanas y las de Corín Tellado. (Curiosamente, a este cuento también le atribuyo mi extraño gusto por comprar zapatos para siempre preferir andar descalza...al fin y al cabo, la Ceni salió corriendo media descalza del baile ¿no?) Pero el mundo es incorregible. No se puede esperar mucho de una especie que produce más mentiras por segundo que las que cualquier agujero negro pudiera consumir. Nadie podía hacerme mi traje que cambiara de colores pero, extrañamente, me envían a un recinto grande llamado colegio, donde me aseguran me enseñarán las verdades sobre el mundo. Allí, señoras con trajes blancos que sólo dejaban ver sus caras, y sus manos, si ellas así lo preferían, y a quienes había que llamarlas sor tal y sor cual, me aseguraban que si rezaba todas las noches al angelito de mi guarda, él me concedería todo lo que yo quisiera. "¿En serio?" dije demasiado entusiasmada ante esta nueva y mágica idea. "Si", me aseguró Sor Alegría con una sonrisa en su cara redonda y brillante, "lo que quieras, ese angelito lo envió Dios para cuidarte". Esto era mejor que las hadas pensaba yo. Sor me enseñó oraciones para estos angelitos pero yo me dediqué a hablarle. Quería conocerlo bien y que él me conociera a mí. Necesitaba evitar problemas como los que tuve con los duendes de los Reyes Magos. Así que me esforcé para que mi angelito y yo nos hiciéramos los mejores amigos. Al fin y al cabo, Sor me lo había dicho y ellas no decían mentiras, además, mis padres me envían allí para que aprenda sobre el mundo...así que lo mejor era rezar. ¡Qué alivio! Pero algo andaba mal. La Bella Durmiente podía ver a sus haditas, esto para una niña de cuatro años es sumamente importante ¿dónde diantres estaba ese angelito? Le pregunté a Sor Alegría: "Los vivos no podemos ver a los angelitos, sólo lo podrás ver cuando te mueras y vayas al cielo". Aaahhhh, eso lo explicaba todo. Por lo menos ella me aseguraba que el angelito sí me podía ver a mí. Decidí entonces ponerlo a prueba con el vestido de colores. Le pregunté a Sor Alegría cuánto tiempo tendría que rezar para conseguir algo de mi angelito. "Tienes que quererlo y desearlo con todo tu corazón", fue su mística respuesta, hoy le hubiera agregado, "mi querido saltamontes". No sé cuándo olvidé el vestido de la Bella Durmiente y el zapato de Cenicienta pero la transición de una magia a otra me hizo propensa a que me tragara las mentiras más extraordinarias jamás inventadas. Cenicienta no era nada en comparación. Lo peor era que estos seres eran tan o más burocráticos que los mismos reyes magos. Siempre tuve la idea de que Dios era bastante desorganizado, mucho peor que las cosas en el Medio Oriente. Le pedí muchas cosas a mi angelito de la guarda-dulce-compañía, nunca me concedió una sola de ellas. Mi madre decía que pedía cosas muy difíciles (un burrito, un gato con botas, pecesito que brille, un vestido que cambie de colores) así que decidí hacerle el trabajo más fácil y le pedí un trampolín. Una vez le pedí que me dejara un chocolate de los que veía por la televisión, otra vez que no se muriera mi perrito, pero no me concedió ninguna...nada... Comencé a sospechar que algo andaba mal con mi angelito. Cuando fui y busqué la sabiduría de Sor Alegría, su respuesta dejó a mi mente como el cielo en un día de tormenta: “Piensa bien, Neutrina, quizás seas tú quien ande mal. ¿Estás haciendo todo lo posible por complacer a Dios nuestro señor y a Jesús, su único hijo?” ¿¿A quiénes?? Ese día surgió en mi mente la descabellada sospecha de que la única forma de obtener lo que quería era si me hacía monja... Seguiremos charlando...hasta pronto :) Neutrina 19:51 | glenys | 5 Comentarios | #
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