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		<title>Las mentiras de Neutrina</title>
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		<description>Mi bitácora está llena de mentiras. Pero no te preocupes, no puede ser peor que los comerciales  en la tele o tu querido amigo, peor aún, tu pareja, leyéndote el horóscopo del domingo...otra vez.</description>
		<dc:language>es-ES</dc:language>
		<dc:rights>Copyright glenys</dc:rights>
		<dc:publisher>glenys</dc:publisher>
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	<item rdf:about="http://neutrina.blogalia.com//historias/41747">
		<title>Beirut es un infierno, pero el diablo habita en otro lado</title>
		<link>http://neutrina.blogalia.com//historias/41747</link>
		<description>&lt;br /&gt;
Una persona se congela en un punto medio. La indecisión, desencadenada por el miedo y el estrés, podría significar la vida, pero ¿qué coño hacer cuando te encuentras en medio de violentas circunstancias que no tienen &amp;#8220;nada&amp;#8221; que ver contigo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hashem no escribió ayer en su blog, ni hoy; tampoco responde mis correos. Hace unos meses le enviaba noticias científicas que sabía él encontraría interesantes y sólo necesitaba esperar unos minutos para leer sus respuestas. Cuando no estaba conectado desde la universidad, mi joven amigo lo hacía desde el laboratorio donde investiga extrañas reacciones moleculares. Hashem, como yo, disfruta de los descubrimientos científicos y nos satisface pensar en el funcionamiento del mundo a través de los avances en la ciencia y la tecnología.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Surfeaba el IRC cuando lo descubrí en un salón ateo. Usaba su nombre de &amp;#8216;nick&amp;#8217; y saludaba a todo el que entraba; cuando entablé una conversación con él descubrí que el gen de la pretensión no cupo en su genoma; Hashem quiere ser biólogo y descubrir síntesis que salven vidas o nos ayuden a comprender mejor nuestro organismo; sin embargo, más allá de su brillante cerebro, hablar con él incrementaba mi curiosidad sobre aquellos antepasados que dejaron sus huellas en mi ADN.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Mis bisabuelos por parte de mi madre eran libaneses, le escribí al momento de descubrir su origen y, segundos después de obtener su permiso, comencé a enviarle las imágenes, de ese color marrón de las fotos de antaño, que guardo celosamente en más de un disco duro para nunca perderlas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me las envió mi tío el evangélico, el único hermano de padre y madre de mi mamá, él también las guarda aprensivamente, como aferrándose a eso que nos hace, que nos manufactura; para él nace en Dios, para mí en la evolución del genoma. Mi bisabuelo era atractivo, con una mirada clara y oriental sobre el fondo oscuro que era su piel y, cuando lo vi, supe enseguida por qué hace mucho tiempo perdí la guerra contra mis gruesas cejas. Todos, sus hijas, entre ellas mi abuela, su madre y él, tenían ese porte de ayuno distinguido de los inmigrantes de antaño; y lo imagino de muchas formas, pero en mis viajes por su vida interior nunca sé con precisión si lo que lo depositó en esta región del planeta fue su espíritu de aventura o la menguante situación en su hermoso país. A lo mejor, deduzco, una combinación de ambas cosas trasladó sus genes desde el Medio Oriente hasta este terruño caribeño donde dos de sus tantas combinaciones originaron a mi madre y su hermano, un camino que llegó hasta mí, sentada frente al ordenador, contándole la historia que nos une a un genoma que no emigró y quien por ende goza de otro idioma, cultura y singularidades varias, allá, en tierras libanesas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Los Homo sapiens somos exploradores más por necesidad que por aventura, sólo una minoría se anima a experimentar, nos quedamos sentados en casa viendo el transbordador y los astronautas por televisión&amp;#8230;, escribió Hashem ese día que hablábamos de los ancestros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Pues esa minoría exploradora abre el camino para que los demás huyamos justo cuando las cosas se ponen feas, por eso los que piensan en el futuro y esos que escriben ciencia ficción, pueden fácilmente imaginar a los humanos creando colonias en otros lugares cuando ya no quepamos en la Tierra o no podamos respirar y el oxígeno esté muy caro. Imagínate, llevar tu genoma a Marte y que tus hijos nazcan allí&amp;#8230;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Como Las crónicas marcianas de Bradbury&amp;#8230;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Exacto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es fantástico encontrar personas afines, no importa cómo o dónde, es sencillamente genial y nos hace encariñarnos de nuevo con la especie, a pesar de que da tan mal ejemplo en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos gustaba trasladarnos al futuro a Hashem y a mí, quemábamos el tiempo imaginando lo que tomaría salir de la Vía Láctea, todas las estaciones que habría que construir primero, todos los pasos a dar. Por supuesto que evitábamos la política, incluirla sería quedar estancados, y los sueños deben fluir en su vuelo o nunca llegaríamos a &amp;#8220;ningún&amp;#8221; lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Con cientos de planetas ya vistos, es cuestión de mejorar la tecnología y adaptarla a estos nuevos sistemas solares que estamos conociendo&amp;#8230;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El objetivo generalizado de nuestras conversaciones era mejorar la especie, ya sea mediante el avance tecnológico o aprendiendo del conocimiento de otras especies inteligentes que encontrábamos en el camino. En medio de nuestras fantasías, el intercambio de noticias científicas y sus respectivos comentarios nos entretuvieron en esos preciosos, aunque insignificantes momentos de puro entretenimiento intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero dentro de la galaxia humana existe siempre el riesgo de despertar el lado oscuro, o más bien, de permitir que su sombra penetre en nuestras escudadas vidas y sentir en carne propia qué tanto duele el abuso de poder dentro de una misma especie; como gorilas, como musarañas, como los animales que somos, muchos de nosotros necesitan combatir, batallar; son los temidos y odiados &amp;#8216;bullies&amp;#8217; que de alguna forma han desarrollado una ventaja y necesitan usarla a su favor y en detrimento de los demás; perjudicando, entre muchos otros, a ésos que sólo quieren entender sobre moléculas y soñar con viajes extragalácticos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día entró y escribió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Anoche escuché las explosiones. Tendré que irme. No sé qué hacer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Tendrás que irte, no lo pienses más. La cosa no está bien.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El miedo que sentí por él ese día cobró vida y se hizo real. Él escuchó las bombas. ¡Madre del verbo!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- No quiero ni pensarlo&amp;#8230;quizás me vaya a la montaña, mis tíos viven ahí y están lejos de todo. Beirut es un infierno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el diablo habita en otro lado, pensé, aunque no lo escribí, no quería profundizar ni meterme en toda la política del asunto, de hecho, los demonios eran demasiados y Hashem y yo somos ateos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Anoche chateaba con mi novia y ella sentía su casa temblar. Se echó a llorar, ella está por terminar su doctorado en leyes, ahora sus padres hablan de emigrar para siempre a Inglaterra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pensé en mi bisabuelo. ¿Por qué aquí, señor Cury, por qué no Inglaterra?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Y tu familia qué piensa?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Aquí estamos todos hartos, Neutrina, nadie se preocupa, a nadie le importa&amp;#8230;hemos estado en esto por tanto tiempo, mi madre recuerda la guerra de Yom Kippur, yo apenas comenzaba a caminar cuando comenzó y ella estaba embarazada de mi hermana y el mundo árabe tenía miedo de lo que pasaría, pero mucho antes de eso y mucho después hemos estado lidiando con la violencia entre toda esta gente. No me importa el origen de todo este maldito lío, lo que me desgasta es tener que pagar por algo en lo que nunca me he metido&amp;#8230;aquí, como en todas partes, la gente quiere vivir en paz, eso es todo&amp;#8230;y que se acabe esta mierda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo sabía y su ira empañó mi día, sólo lo empañó. Su vida, mientras tanto, se alejaba de su control y los explosivos eventos lo empujaban hacia una transformación violenta y obligada que yo ni podía, ni deseaba, imaginar. En 1965, durante la explosión de la guerra civil en este pedazo de tierra donde inmigrantes libaneses y españoles se combinaron para originarme, mi familia pudo haber sido exterminada cuando soldados estadounidenses descubrieron armas en la casa de mi abuelo paterno, nos salvó el parentesco con un alto mando en el gobierno. Yo no lo recuerdo, como Hashem no recuerda la guerra de Yom Kippur, pues sólo tenía un año entonces, pero mis padres sí, y cuando hablan de ello sé que es algo que no quieren olvidar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quizás por eso emigró mi bisabuelo, harto de líos y matanzas decidió irse muy lejos. Imagino que una isla en medio del Caribe y el Atlántico no sonaba mal allá, en medio del para mí lejano Oriente y, hasta ahora, no creo que fue mala su decisión, considerando... &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero me duelen Hashem y su gente; más aún, porque mis cejas me unen a él genéticamente; más aún, porque pertenecemos a la misma especie; más aún, porque somos almas afines que podemos hablar de estaciones en mundos sólo vistos a través de lentes artificiales; más aún, porque él es un científico que sueña en Beirut y eso es como desalojar un ángel que intenta construir un paraíso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero Beirut es hoy un infierno y no sé dónde está Hashem. A lo mejor entre a su bitácora más tarde y lea su saludo desde las montañas donde lo imagino esperando que todo termine para retornar a sus células y moléculas; a lo mejor, en las noches estrelladas imagina, como yo, una estación lejos de la Tierra con inmensos laboratorios para avanzar el estudio de enfermedades y crear técnicas para proteger el planeta, una estación donde la paz sea el único requisito para obtener la residencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A todas las víctimas, no importa su nacionalidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
PAZ,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Neutrina&lt;br /&gt;
</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://neutrina.blogalia.com//historias/24496">
		<title>Bajo el seno metálico de Manhattan</title>
		<link>http://neutrina.blogalia.com//historias/24496</link>
		<description>&lt;br /&gt;
Tomé la bolsita entre mis dedos vestidos de negro y con la otra mano enguantada apreté delicada pero firmemente su contenido. El hombre negro de labios gruesos frente a mí, calentó sus anchas manos con su aliento y dio unos brinquitos en el mismo sitio. “Quiere apresurarme”, pensé y un ligero reconocimiento de lo que estaba haciendo me llenó de miedo por un momento. Zoe estaba junto a mí, sus manos estaban escondidas en las profundidades de los bolsillos de su chaqueta de aviador negra y sus pies daban pasos de un lado a otro como si fuera a caminar de costado pero no se decidiera hacia dónde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pensé en Octavio. Había estado ahí con él hacía un mes y los resultados fueron costosos. No podía caer en el mismo agujero dos veces, como decían por ahí. Tenía que aprender de la experiencia y evaluar los riesgos. Estamos aquí, vamos hacerlo bien.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Esto es crayola”, le dije.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él sonrió, una bufanda negra de lana le cubría parte del rostro y no supe descifrar si estaba sorprendido, enojado o decepcionado, tomó la bolsa de mis manos y retornó hacia los baños, desde dónde había venido la segunda vez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Nos quiso engañar, como te dije”. Algo en mí se llenó de valentía y seguridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zoe levantó la vista, estaba nerviosa, no le gustaba ir a comprar. La asustaban las cosas más inverosímiles, como que alguien que conociera a su madre la viera. En pleno Central Park, en medio de Manhattan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Tu madre, toda tu familia y sus amigas viven en Brooklyn y para ellas no tiene ningún sentido viajar hasta Manhattan a menos que sea a dar una vuelta por la segunda a ver cómo están los precios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“No olvides Chinatown”, añadió Zoe aquella vez que avanzábamos en fila dentro de una diminuta y claustrofóbica tienda, efectivamente cerca de la segunda avenida pero hacia el este de la ciudad, donde solíamos comprar yerba. Zoe estaba enferma de culpa y todo le causaba esa terrible sensación de que era responsable de mucha infelicidad debido a su conducta irremediablemente “equivocada”, como le llamaba ella, o su madre, de acuerdo con Zoe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi pobre amiga no sabía cómo divertirse sin sentirse culpable, me dijo que era una enfermedad judía, le respondí que los católicos habíamos heredado una versión más diluida de la misma condición. “Pero es distinto, en ustedes se origina en una sola persona, Cristo, en nosotros nació a raíz de años de persecución, martirio y una historia llena de locuras. No es fácil ser los elegidos de Dios”, dijo con una sonrisa herida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Mira, Neutri, cada vez que bajo a chupárselo”, me contó una vez refiriéndose al sexo oral con su novio Phil, “o cuando él me lo hace a mí, pienso irremediablemente en mis padres…”. El silencio que siguió a aquellas palabras me pareció lleno de mi imposibilidad para comprenderla. Sentí lástima por ella y esa sensación de que no era muy buena amiga porque no sabía qué decirle. “Quizás deba buscar ayuda ¿no?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asentí pero quería decir algo, nunca pude quedarme callada, el silencio no me llena cuando estoy acompañada, sólo cuando estoy sola. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Perdona, no he sabido qué decirte. Es que nunca se me ha ocurrido, bueno, ya sabes, no podría pensar en mis padres en ese instante. Y, pues estas cosas me toman por sorpresa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Te parece que estoy loca?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Oh, vamos, Zoe, me conoces mejor. No podría pensar que estás loca porque me dices algo como esto. Sabes cosas peores de mí y no creo que pienses que estoy loca, o quizás, estamos todos locos, hemos llegado a esa conclusión muchas veces”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sonrió pero nunca buscó ayuda. No le pregunté por qué y ella nunca ofreció más información al respecto. Cuando por fin terminó con Phil, le hablé sobre el tema de nuevo. Me dijo que había decidido reírse sobre esas cosas en su cerebro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Pero te sigue ocurriendo?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Cada vez menos y cada vez más. A veces tengo la impresión de que mis padres han dañado algo en mi aquí arriba, algo que jamás recuperaré”, me dijo aquella vez apuntando un dedo hacia su cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Vamos, cariño, es posible que puedas encontrar otras cosas en el cerebro para reemplazar las irrecuperables. Hay muchas formas de recuperarse de una niñez malvada”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A lo mejor tienes razón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquella tarde salí del enorme Parque Central con un sentimiento de triunfo que me parece llevaré hasta al final de mis días. Hasta que mi cerebro sea capaz de recordar. Ya conocía un poco mejor la situación para capear en Nueva York y dónde conseguir la mejor yerba en Manhattan, aunque ya tenía suficientes amigos caribeños como para no tener la necesidad de salir de Brooklyn a comprarla. Pero cuando la noche requería de diamantes, risas y mucha luminosidad, el Parque Central era la mejor opción que conocía hasta el momento. Meses más tarde mi amiga Sue me presentaría a Tommy y ya no necesitaría ir más al Parque Central, pero esa es otra historia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mezcalina. Unas diminutas pastillitas porosas y amarillas que te regalan seis horas en las garras de una dimensión neuronal distinta. Este químico es capaz de crear conexiones entre regiones cerebrales que sólo se entremezclan en los sueños. Te activa los nervios con un veneno exquisito y entonces comienzas a desplazarte en un mundo donde los fotones parecen joyas, gemas que vibran y te tocan. De repente notas que las paredes son capaces de respirar y el caminar doblado de Zoe te provoca el primer ataque de risa de la noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no me habían engañado o no me había dejado engañar en Central Park. Había superado el miedo de todo, de la policía, que era el menor, de que me asaltaran los mismos “pushers” o de que nos engañaran sin que me diera cuenta, como me pasó la otra vez que me vendieron con apresuramiento pedacitos de lápices de cera amarillo como Mezcalina. Perdimos algunos doscientos dólares en la transacción. Lo malo de comprar drogas es que no puedes ir a la policía y reclamar que te estafaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero esa noche brillaba distinta. Esa noche el subway nos devoró en sus entrañas como un monstruo vivo, “aunque benigno”, ambas decidimos, para que el viaje no nos resultara negativo. Cuando andas tan alto, cualquier idea puede dañarte la nota. Hay que tratar de estar lo mejor posible y evitar, a toda costa, cualquier sensación o pensamiento que nos arrastre hacia el lado oscuro de nuestros cerebros donde reposan nuestros miedos. En ese estado de hiperpercepción los temores toman dimensiones más allá de lo real y puede ser sumamente doloroso. Por eso nos tomamos de la mano y nos sentamos solas, mirándonos, hasta que el viaje en la barriga del tren terminara. Nos contamos cosas para divertirnos y esperamos que nuestras violentas carcajadas le produjera acidez a la bestia que nos transportaba hacia el East Village, hacia Sophie?s a bebernos unos tragos y a repartir la mezcalina con Richard, el chico pelirrojo de Nuevo México que me encantaba, y Raúl, el novio puertorriqueño de Zoe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caminamos hasta la ciudad alfabeto tomadas de la cintura y entrecruzando las piernas en un tonto patrón infantil que nos causaba aún más risa. La mezcalina estaba ardiente, pura, la sentía fluir en mi sangre como un pequeño dragón juguetón que sabía manipular los botones en mi cerebro. Sentía el cuerpo de Zoe como si fuera parte mía pero ajena a la misma vez, como una computadora cuando estamos chateando o ensimismados en alguna actividad, que desaparece y reaparece por instantes. No quería pensar en Richard y en lo que pasaría porque me pondría demasiado nerviosa. No quería medir mi comportamiento ni cambiar a esa forma estúpida que toma mi cerebro cuando me gusta alguien, como si no pudiese superar sus más primitivos instintos, ni eliminar ese deseo por ejercer la función para la que hemos evolucionado desde el principio, por eso silencia a la razón y nos quedamos tontos, esclavos a nuestros más arcaicos deseos. Pero ahora quería ser, sin pensar, como si algo así fuese posible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El bar era pequeño y oscuro, con la típica cortina de humo que parece moverse sobre sí misma por encima de las cabezas de los ocupantes del lugar. Muchos de los rostros eran familiares pues Zoe y yo nos habíamos convertido en clientes “regulares”, las chicas del otro lado del puente. En Sophie’s encontrabas todo tipo de personas, desde miembros de los Hell?s Angels o personas con la apariencia de que deberían pertenecer a esta vieja organización de motociclistas, hasta alcohólicos de todas las edades, universitarios, actores de cine y teatro y extrañas chicas del otro lado de cualquiera de los puentes que conectaban a la gran ciudad sobre la roca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rose se detuvo a saludarme, esperando, como siempre, que le brindara un trago y así lo hice. “Esta chica de las neutrinas está bien”, me decía con la lengua cansada pero los ojos felices y brillantes. Me parecía que podía ver, dentro de aquellas canicas azules, las memorias de Rose, su historia era trágica y no quise pensar en ella. Que continuara borrando recuerdos con alcohol. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Richard vino hasta mí y eso me subió un poco más, me saludó cariñosamente pero noté en sus ojos una ansiosa necesidad de saber si habíamos anotado con la mezcalina, escudriñaba mi mirada buscando trazos de locura. Le sonreí y mi rostro le mostró residuos intensos de mi reciente triunfo. En ese momento supe que tendríamos sexo esa noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me tomó de la mano y pidió un vodka con naranja en el bar. Me arrastró hasta atrás, no muy lejos, el bar era sencillamente minúsculo, donde habían unos sillones rectangulares alrededor de una mesa de billar, sus dedos se entrelazaron con los míos y una fuerza familiar y placentera apretó mi vientre y contrajo los músculos de mi vagina. Allí estaba Sue, la prima de Richard, Zoe y yo la conocimos en ese mismo bar y nos hicimos amigas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Richard se encontraba en la ciudad visitando a Sue. Era un chico de 26 años perdido en la vasta geografía de lo que ellos llaman América. Vendía aspiradoras en Santa Fe y cultivaba hongos alucinógenos en el sótano de su casa. Una vez, un amigo y él permanecieron una semana comiéndolos. Se detuvieron al darse cuenta que ingerirlos no les producía nada, sus organismos se habían acostumbrado al veneno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me gustaba Richard a pesar de que era un desastre o precisamente porque lo era. Quizás había un poco de ambas cosas, tendía a escoger los casos funestos o simplemente eran ellos que me escogían. De todas formas hicimos química, como dicen. Desde que nos conocimos en una fiesta en la azotea del edificio donde residía un buen amigo de Sue, supimos que queríamos estar juntos. No compartíamos mucho en común, yo era hippie, seguidora de los Grateful Dead y saber que había participado en varias reuniones de la familia Rainbow, miles de hippies que se juntan en un lugar específico a acampar y compartir buenas vibraciones, música y drogas, le había provocado una cadena de carcajadas al muy desgraciado. A Richard le gustaba el Skateboard y todo ese estilo de vida que nacía en Seattle a principios de la década pasada y que fue bautizado como el Grunge, Nirvana fue su mayor y más apaleado representante. Richard escuchaba a Sonic Youth y a los Pixies. A pesar de todo eso, no dejamos de hablar toda la noche. Cuando uno se enamora es así, no hay avisos, no hay señales, no quiere decir que seamos los mejores amigos, aunque a veces ocurre de ese modo, simplemente comienzas a sentir que te gusta, que te interesa su conversación, que te excitan sus ademanes, luego te das cuenta que te hace falta su olor y su risa y entonces caes. Yo había caído y me parecía, con cada minuto que pasaba, que él estaba por caer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos sentamos al lado de Sue que me dio una mirada cómplice que no supe descifrar. Mi cerebro se esperanzó tanto que envió señales al corazón para que se acelerara. ¿Quizás Richard le había dicho algo? Sue era alta y con el pelo anaranjado, pero su color no era natural como el de Richard. Era una mujer bien parecida aunque no hermosa, mucho más alta que todos nosotros y voluptuosa, con redondos y monumentales senos y hermosas curvas que trazaban su esférica feminidad. Su melena y sus ojos verdes intensificaban algo exótico en ella. Pero tendía a engordar, igual que yo, y ambas disfrutábamos de la comida lo suficiente para nunca ganarles una partida a las dietas. Esta lucha nos unió en un momento en que necesitábamos, más que nunca, mantenernos activas en el juego del apareamiento. Más tarde compartiríamos una aflicción, pero en aquel momento todavía no comenzaba a formarse ese camino macabro. Todo esto reforzaba mi amistad con Sue y la hacía más fuerte que el lazo que la unía a Zoe. Sabía que esto a veces molestaba a mi amiga, pero sentía demasiada culpa para decírmelo. Yo la amaba y de muchas formas le expresé que no tenía que preocuparse. Nunca la dejaría sola. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, hoy ya no sé dónde está ni tengo idea de cómo se encuentra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquel día la observé sentada sobre los fuertes muslos de Raúl, una de sus manos se ponía algo en la boca, su mirada alcanzó la mía y me enseñó con una sonrisa abierta como la de un perro satisfecho, dos puntitos amarillos que reposaban sobre la carne rosada de su lengua, procedió a pasárselas a Raúl en un beso erótico que me excitó en sitios profundos de mi cuerpo, miré a Richard, sus ojos ya estaban fijados en mí. Fue uno de esos momentos. De los mejores. Un primer beso así, con la percepción intensamente abierta, con los nervios tan atentos a las sensaciones que parecía posible contar con mi lengua cada célula en la suya, mi boca estaba llena de él y lo saboreaba, sus dedos acariciaban mis rizos y explosiones nuevas amenizaban mi materia gris. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sue pellizcó mi espalda, podía sentir sus largas uñas punzantes atrapando mi carne y sonreí automáticamente, Richard lo notó y se apartó un poco con los ojos abiertos. “No pares, no pares”, repetía una voz en mi cerebro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Sue pellizcó mi espalda y me hizo reír. Es que está feliz porque ya le había dicho que me gustabas”, hablé honestamente, me sentía demasiado radiante como para no hacerlo. Pareció gustarle mi respuesta porque me apretó contra su pecho delgado. Él no volaba aún y eso me gustaba porque no era la droga actuando sino él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salimos de Sophie?s un poco antes de las tres de la mañana y decidimos caminar. La noche continuaba fría pero no nos importaba. Todos, menos Andrew el acompañante de Sue, estábamos bajo los efectos de aquella deliciosa mezcla química. “Me siento tan cerca de mi Diosa Isabel”, exclamó Sue, sus pupilas estaban enormes y le daban una oscuridad a sus ojos extraña a su mirada, parecía como si Isabel la hubiese poseído, aunque sabía que era el veneno que la hacía mirar más, absorber más luz. Se lo dije y rió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Por eso me siento tan cerca de ella”, dijo con un tono misterioso en la voz, después tomó a Andrew de la mano, su novio de varios años que la adoraba sin comprenderla, y lo besó por varios minutos. A Andrew no le gustaba experimentar con ningún tipo de droga pero era capaz de ingerir cantidades industriales de alcohol. Sentía que su papel era cuidar de Sue cada vez que ella permitía que la acompañara en alguna de nuestras aventuras químicas pero por lo general estaba tan borracho que terminábamos montándolo en un taxi hasta su casa en la parte oeste de la gran ciudad. Su hermana, que vivía con él, siempre se levantaba a recibirlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomamos la ruta hacia el “Business District”, donde aún se encontraban erguidas e inmensas en su encuentro directo con el cielo, las torres que diez años después derribarían unos hombres en unos aviones. El lugar lucía extrañamente solitario, sólo unos cuantos indigentes, con los carritos llenos de sus vidas, arrastraban sus pies lentamente o dormían por allí. “En unas horas esto estará vivo con el paso de la gente apresudaras a sus trabajos”, pensé.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos acostamos sobre el áspero pero liso suelo de la enorme acera y pegamos las suelas de nuestros zapatos a una pequeña parte de la inacabable pared, desde esa nueva perspectiva perpendicular miramos hacia arriba. La torre parecía columpiarse en su largo camino hacia las nubes, podía ver la silueta de su hermana de concreto más atrás y, detrás de ellas, la nueva luz de la madrugada que ya asomaba sus narices y le abría las cortinas a la noche, animaba el cielo de la ciudad y sus rascacielos. Su altura me hacía vibrar de emoción, un verdadero monumento de la ingeniería y la arquitectura, pero no pensaba en nada de eso, sólo sentía. Percibía como algo vivo aquel extraño monolito que parecía querer salirse del planeta, como un inflexible y geométrico reptil que se doblaba lentamente hacia nosotros. Mi corazón dio un vuelco y Richard apretó mi mano. Aparté mis ojos del cielo para mirarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Te quedan más?” me preguntó, y asentí con el rostro. Era hora de otra ronda. Repartí el resto de las pastillitas y continuamos nuestro camino hacia Chinatown. Por primera vez sentí que Nueva York me pertenecía de una forma muy íntima. Sólo llevaba ocho meses viviendo allí pero ya comenzaba a percibirla como parte de mi vida, una porción importante del pasado que estaba construyendo. Mis pensamientos estaban recreando aquel momento como una de tantas memorias futuras y ponderando su importancia en mis 24 años de vida, cuando Richard apretó su cuerpo contra el mío para que sintiera su erección. Mis nervios percibieron su pene que explotaba dentro de sus pantalones y un vuelco en mi abdomen despertó nuevamente al dragoncito que ahora se movía de forma erótica entre mis partes más sensibles. La mezcalina me despertaba al placer sexual e imaginé el sexo con él. “Es algo seguro en mi futuro cercano”, pensé, “esta noche tendré esto dentro de mí”, mientras lo pensaba mi mano acariciaba el bulto de Richard, repleto de deseo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Creo que es hora de irse a casa, a algún lugar”, susurró en mi oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba completamente de acuerdo, mi cabeza explotaba de alegría, sin embargo, no logré controlar la abatida emoción que me asaltó mientras observaba a Richard hablar con los demás. Dentro de una semana se iría. Lo acompañaría a la estación del autobús; Richard llevará una mochila grande en uno de sus hombros y una maleta vieja de cuero marrón claro en la mano del lado opuesto. Ofreceré ayudarlo dos veces, la primera vez el rehusará mi asistencia pero en la segunda me pasará el bulto con aquella hermosa sonrisa que todavía hoy recuerdo. Nos besaremos entonces por última vez y lo vería subirse al autobús, una especie de fresca tristeza abordará junto a él el largo vehículo y otra parte se quedará conmigo afuera, acompañándome. Esa tristeza rondará mi vida por varios meses. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Richard me llamará tres veces y yo marcaré el teléfono de su trabajo, incontables otras, pero sólo lo encontraré en cuatro ocasiones. Las dos primeras veces que charlamos sus emociones permanecían intensas y cuando podía expresaba sus sentimientos hacia mí, yo le correspondía con promesas y confesiones íntimas. Las últimas veces que hablamos, ya no parecía tan interesado en mostrar su afecto, algo había muerto o quizás algo había vuelto a vivir en él, alguien que no era yo. Al final, cuando mis llamadas al trabajo se tornaron algo desesperadas, me parecía que se escondía y decía que no estaba, entonces desistí y la vida nos separó irremediablemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero si ahora decido ponerme de pie y caminar hasta el librero que se encuentra a mi izquierda, encontraré allí, dentro de uno de mis diarios, una nota escrita por Richard, con su nombre y apellido, su dirección en Santa Fe, el teléfono de la tienda donde trabajaba y su horario, de nueve a once de la mañana y de cuatro a seis de la tarde, no tenía teléfono en su casa. Escribía en cajón, sus trazos son claros aunque las letras parecen chocar unas con otras sin importarles el espacio personal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Neutri, I hope you call me as many times as you can. I?ll do the same…love…”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Richard Armentrout, me encantaría verte ahora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si cierro los ojos puedo recuperar retazos aislados de su cara. Su sonrisa cuadrada, sus pecas, sus ojos pequeños, su pelo rojo y su cuerpo menudo y delgado. Fue mi primer amor en Nueva York y los primeros no se olvidan. Aunque es posible que lo recuerde todo mejor que como fue, es probable que me sintiera insegura e indecisa todo el tiempo que estuve con él, que no fue mucho, otra importante variable. El tiempo tiene la maña de destruir las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me sentía plenamente segura, mientras me alejaba de la estación con mi tristeza como única acompañante, de que lo volvería a ver. Le había prometido que lo visitaría y él me aseguró que nos mantendríamos en contacto hasta que él regresara a visitarme, le encantaba la ciudad, como a casi todos los que la visitaban, y quería volver mil veces más. Me alejé con la certeza de que él era mío y como me pertenecía, regresaría a buscarme. Por meses, cultivé la idea de que entre nosotros existía una relación activa que sólo esperaba a que nos uniéramos otra vez. Salía a la calle pensando en mi novio, que en otra parte de esa extensa tierra, pensaba en mí mientras vendía limpieza y empacaba zetas inusuales en bolsas medianas de “Zip-Lock” repletas de fantasías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por eso me tomó tanto tiempo recuperarme, porque cuando ya me acostumbraba a mi nostálgica acompañante, tuve que enfrentarme a la realidad de la distancia. Entonces, otro tipo de tristeza custodió mis pasos por un tiempo. Era más intensa y definitiva pero por suerte, su estadía fue corta, Zoe y Sue se encargaron de que me divirtiera y pronto encontré otra persona. El silencio de Sue sobre Richard confirmó lo que ya sabía, me había dejado de querer o quizás nunca me quiso, no realmente. Había convertido una aventura de vacaciones de unas semanas en algo importante y me sentía mucho peor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y llegó un momento en que ya no estaba triste, aunque algo dentro sabía que no me había abandonado por mucho tiempo, nunca es por mucho tiempo. Los momentos tristes funcionan igual que sus hermanos alegres, son sólo instantes intensos y entre ellos está la nada, el vacío del diario vivir. Entonces me movía en un tornado sentimental que me deslizaba hacia un agujero parecido al cósmico pero emocional, que se traga el tiempo y el espacio y te llena de temor. Y yo prefiero no sentir a sentir dolor, soy muy cobarde. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero aquella noche, cuando llegamos a mi apartamento y nos tiramos en mi futón con ataques de risa provocados por la sustancia amarilla, todo era perfecto. Recuerdo su cabello entre mis dedos, su peso ligero sobre mi cuerpo, su olor a vodka y Camels, en aquel instante no necesitaba más y Nueva York me mostraba otra cara, llena de posibilidades amorosas, precisamente lo que deseaba. Nos concentramos en sentirnos pausadamente y le ganamos la batalla al tiempo que marcaba la gigantesca urbe con el descubrimiento de placeres nuevos como única arma. Cuando salimos de la habitación era de noche, ni él ni yo teníamos idea de qué día o cuánto tiempo había transcurrido. Habíamos dormido poco pero suficiente y el hambre nos sacó de la cama. El dragón se había recogido en mi sangre, ya no lo sentía fluir con aquella fuerza que parecía independiente a mí, pero sabía que estaba ahí y era probable que lo despertáramos nuevamente. Sólo había que tomar el tren, cruzar el río y salir del inmenso parque sin permitir que te vendan cera por mezcalina, o que te vea algún familiar de Zoe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De cualquier forma, ya lo había hecho varias veces y había salido triunfante. Sabía que iría de nuevo tan sólo para prolongar la noche perfecta con Richard. Los momentos felices son fugaces en el gran espacio de los años y hay que hacer todo lo posible para saborearlos palmo a palmo mientras puedas. “Un día de estos”, escucho a mi cerebro pensar, “buscaré su nombre en internet a ver qué pasa”. Lo he imaginado con esposa, divorciado, con hijos, sin hijos, encantado de verme y sonriente, trayendo consigo aquella sensación de felicidad que me queda de ese momento perfecto cuando Zoe me mostró su lengua con las pildoritas amarillas brillando entre su carne rosa y sentí una emoción profunda, de esas que marcan, y supe que Manhattan, por fin, me había acogido en su metálico seno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguiremos charlando, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Neutrina :)&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://neutrina.blogalia.com//historias/20804">
		<title>Misa a las huellas de cuatro pasiones femeninas</title>
		<link>http://neutrina.blogalia.com//historias/20804</link>
		<description>ELENA Y LA TRAICIÓN.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-- En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. &lt;br /&gt;
-- Amén&lt;br /&gt;
-- La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos vosotros.&lt;br /&gt;
-- Y con tú espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ya lo sabía. No me vale fingir. Pero, ¿sólo ahora se me ocurre pensarlo seriamente? ¿Sólo ahora me duele? Soy una cobarde y tengo el cerebro incapacitado. ¡Ay, Dios!, si tan sólo no fuera así, pero sé que sólo me he estado engañando para seguir con él”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siempre consideró ese lugar, esa enorme iglesia, como el mejor sitio para pensar. Allí, con tanta gente ajena a la diminuta tormenta que se formaba entre sus neuronas, Elena se atrevía a poner sus hipótesis a prueba. No era creyente pero le gustaba la misa, y Dios, con los años, se había convertido en un hábito, alguien con quien hablar. También disfrutaba de la música y le gustaba reconocer las caras familiares de todos los domingos, las que nunca conocería pero que igual la acompañaban semanalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Me he convertido en la mujer que se traga el cuento más viejo en la historia de las relaciones amorosas. Lo peor es que no sé si duele más porque tendré que abandonarlo y volver a mi aburrida existencia o porque simplemente soy tan patética que me he vuelto crédula”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-- Oremos: Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;
-- Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Tendré que abandonar la ilusión ahora que recién comienza. Pero es mejor ahora que después, cuando hayamos tenido sexo y las cosas se vuelvan más complicadas. ¿Cómo es que una persona puede engañar tan fácilmente sólo por sexo? ¿No es el sexo con una persona a la que amas suficiente? ¡Oh! Cómo me gustaría que hubiese un Dios o un Oráculo donde uno fuera a preguntar estas cosas y obtuviera respuestas claras. Pero ha llegado el momento de abandonar esta linda ilusión, y eso siempre duele. Aunque es mejor ahora que después, dolerá más después”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un hombre se arrodilla a su lado, asume una posición sumisa y reza como pidiendo perdón. Un curioso sentimiento la llena por dentro. Es un hombre joven y parece al borde de las lágrimas. Está vestido como si saliera o se dirigiera hacia algún gimnasio, costosos zapatos deportivos, un pantalón largo y negro de la marca Adidas con las famosas rayas blancas en los lados y una camisa roja sin mangas, además, lleva un par de guantes negros, de los que se usan para levantar pesas, en la mano que le cubre la cara mientras reza. Elena, su cerebro rebosante de empatía, observa su cuerpo convulsionar, violentado por el llanto. Fragmentos de sus rezos llegan hasta sus oídos en forma de sílabas entrecortadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pobrecito, seguro tiene más problemas que yo. La mierda con los problemas personales es que su importancia nunca disminuye frente a los problemas más graves de los demás”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Lectura del Libro de los Números: En aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo rodeando el territorio de Edom. El pueblo estaba extenuado del camino y habló contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos pan ni agua y nos da náusea ese pan sin cuerpo. El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas que los mordían, y murieron muchos israelitas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No disfrutaba de las violentas lecturas bíblicas pero, desafortunadamente, aquello no era poco común en el libro sagrado de la religión de su familia. Era la misma iglesia que había asistido por años junto a su abuelita hacía más de tres décadas, aquel templo era mucho más que un hábito, era parte de quien ella se sentía ser. No creía que lo que decía la Biblia se adaptara bien a las situaciones modernas pero eran esas cualidades las que buscaba al participar en misa. Eran cápsulas de tiempo que permanecían congeladas desde siglos atrás. Muchas veces le parecía que su “buelita” la regañaría en cualquier momento por masticar “chicle” en la casa de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Qué le digo? Fue mi decisión nunca preguntarle, fue mi decisión no tocar el tema de la otra, la oficial, la que estaba primero. Pero ahora que estoy yo también ¿qué hago para salir? No quiero que sienta que le pongo una opción entre ella y yo, nunca se me ocurriría, no. Tampoco quiero que piense que me gustaría que la abandonara para quedarse conmigo porque no estoy segura si lo querré por mucho tiempo, entonces ¿qué me queda?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hombre a su lado se puso de pie interrumpiendo sus pensamientos y alzó sus manos hacia el techo como si fuera a maldecir a alguna deidad. Sus ojos continuaban produciendo lágrimas y su boca seguía recitando oraciones ininteligibles para Elena. Ella lo quería abrazar, decirle que todo estaría bien, pero dentro de su ser no creía que fuera así, las cosas en realidad nunca mejoraban, sólo cambiaban y se convertían en algo más. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Me gustaría extender mi mano y tomar la de él. Quizás sea el hombre de mi vida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintió vergüenza al pensarlo y se sentó un momento a meditar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Lo que tengo que hacer es confrontarlo: si estás enamorado de ella, ¿qué haces aquí conmigo? Pero aquella era una pregunta estúpida, manida, utilizada hasta el cansancio. Además, la respuesta es obvia para todos aunque cada cual te conteste algo distinto. Es una idea imbécil. Sólo tengo que decirle que no puedo permitir enamorarme de él cuando él ya está enamorado de otra. Eso es lo que tengo que decirle y listo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Salmo responsorial: No olvidéis las acciones del Señor.&lt;br /&gt;
--- Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; inclinad al oído a las palabras de mi boca: que voy a abrir mi boca a las sentencias, para que broten los enigmas del pasado.&lt;br /&gt;
--- No olvidéis las acciones del Señor&lt;br /&gt;
--- Y cuando los hacía morir, lo buscaban, y madrugaban para volverse hacia Dios; se acordaban de que Dios era su roca, el Dios Altísimo, su redentor.&lt;br /&gt;
--- No olvidéis las acciones del Señor&lt;br /&gt;
--- Lo adulaban con sus bocas, pero sus lenguas mentían: su corazón no era sincero con él ni eran fieles a su alianza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Por qué es tan difícil para algunos ser fiel? ¿Por qué tienen que engañar y mentir? ¿Sólo por sexo? No, no lo creo, debe haber algo más. Quizás sí es posible amar a dos o más personas a la vez. Y si tuviera que elegir, ¿se quedaría conmigo?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hombre a su lado volvió a arrodillarse pero esta vez levantó su rostro hacia el alto techo de la iglesia y sus brazos parecían pedir algo desesperadamente, algo que calmara su sediento dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Si pudiera ayudarlo, parece tan solo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero su reciente desilusión la arrastraba de nuevo a pensar en alguna forma digna de decirle a su nuevo interés romántico que no continuaría con él porque le molestaba…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero ¿qué me molesta realmente? ¿Compartirlo? ¿Miedo de que al final la prefiera a ella o no la prefiera a ella? O es sólo que no puedo verlo así, mintiendo y engañando, pues le resta un poco de magia a todo el asunto de enamorarse y romantizar al otro al punto del delirio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Perdón, hermana, ¿me permite?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un panfleto que le habían dado en la entrada había abandonado sus manos sin despertar el interés de su lejana atención. El joven lo recogía del suelo para regresárselo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Hay algo que pueda hacer por usted?, le preguntó mientras se levantaba y aceptaba de vuelta el panfleto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Rece por mí, hermana, dígale a Cristo que me perdone. Se lo he estado diciendo pero Jesús no cree que lo haré. Aún piensa que cambiaré de opinión. Pero, hermana, la justicia humana debe estar en manos del hombre, no de sus dioses. La justicia divina, pues ya eso es otra cosa. Por eso quiero que usted, hermana en Cristo, rece por mí y que le pida a Dios que me perdone, porque yo ya me perdoné.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Y si ella se enterara que ya nos besamos, que ya probé su lengua y lamí sus labios, que me dice mi cielo y que anoche me aseguró que me quería, y mucho? ¿También le darían deseos de matarlo?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por un momento, su cerebro se percató de la visión cómica de una mujer alta y extraña que arreglaba su estridente sombrero mientras se ponía de pie. Su mirada regresó a contemplar los ojos llorosos del hombre al borde de un ataque de nervios y tuvo que concentrarse por unos segundos en descarrilar las largas filas de carcajadas que se asomaban entre sus neuronas. La seguridad de que nunca sabría lo que le ocurría a aquel joven deportista la llenó de una dulce y calmada tristeza que mantuvo a la risa inmovilizada por un rato. Recordó el entierro de su querido abuelo. Aquella vez también sintió algo parecido porque nunca llegó a decirle que había conseguido aquel primer empleo, para cuya entrevista su “buelín” la había entrenado una tarde lluviosa que estaban los dos aburridos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Si, la maldita muerte que acaba con todos nosotros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Elena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escuchó que alguien decía su nombre y se asustó. “¿Me estará llamando la Virgen?”, pensó, y las carcajadas recuperaron el paso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hombre se levantó y se persignó. Al final, luego de besar sus dedos, señaló con ellos al gran crucifijo del salón, como si estuviese indicándole que el próximo jonrón sería en su nombre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Después no digas que no te lo advertí, declaró el hombre al hijo de Dios antes de marcharse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por un segundo, Elena pensó que estaba soñando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Le diré que me es imposible confiar en alguien que engañe de esa forma a la persona que dice amar. Le diré que si trata así a su novia, no quiero ni imaginar lo que será ser la segunda, quizás la tercera de su harén. Le diré que es un imbécil, que soy una imbécil y que ella también lo es. Amar es la máxima imbecilidad que comete nuestro cerebro contra nosotros y nuestra dignidad. Pero, ¿por qué coño lo tendré que amar tanto?”  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes de volver a sentarse, notó que, a excepción del atractivo cura, era la única de pie en el lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DALILA Y EL ODIO.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Entonces el pueblo acudió a Moisés diciendo: hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes. Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: haz una serpiente y colócala en un estandarte: los mordidos de serpiente quedarán sanos al mirarla. Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte; cuando una serpiente mordía a uno, miraba la serpiente de bronce y quedaba curado. Palabra de Dios.&lt;br /&gt;
--- Te alabamos Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dalila tenía que pedir perdón, pero su orgullo se lo impedía, la cegaba y le aseveraba que ella tenía la razón. A su lado, su esposo levantaba los ojos hacia los ventanales de la iglesia y pretendía no mirar hacia atrás, donde se encontraba Laura, su nueva amante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Es Desiré quien tiene que venir a mí y pedir mi perdón. Yo he sido la ofendida”, pensaba el cerebro de Dalila constantemente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su sentido de la moda era bastante peculiar. Pero ella era lo suficientemente poderosa como para que nadie se atreviera a mencionarlo. Además, no es un secreto que todos le temen a Dalila, algunos aseguran que ni el mismo Diablo se atreve a hacer tratos con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era una mujer alta y de buen peso, no sólo sobresalía por su frondosa melena negra y sus tupidas cejas, sino porque sus rasgos parecían siempre estar de mal humor. Su cara larga, como la de un caballo, reflejaba la esencia de sus pensamientos: cruel y pesimista. Al escoger su atuendo, Dalila realizaba las combinaciones más estrambóticas, mezclando piezas completamente desiguales entre los ajuares de los diseñadores más exclusivos en el mundo. Utilizaba sombreros espectaculares para asistir a eventos intrascendentales, sin embargo, fue capaz de elegir unos jeans y una camiseta con su nombre escrito en el frente para asistir a una gala donde conocería a un ex Primer Ministro. “Todo lo que lleve un ex por delante, honey, no vale la pena”, aseguraría más tarde durante la cena. Para muchos, Dalila poseía el peor ropero de la época, así como el más extenso y caro. También mantenía el mal humor más inquebrantable en la historia de los ogros y la cuenta bancaria más frondosa de todo el país.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y este idiota, lambeculos, dizque esposo noble, que no sabe ni de lo que está hablando y sólo la defiende porque es su hijita del alma. Pero yo no me dejo engañar tan fácilmente. Maldito, lo odio con todo, si no fuera por las molestias lo dejaría ahora mismo, desde que el coro parara de cantar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquel “idiota” le enviaba un ramo de orquídeas todas las semanas desde el día de su compromiso y había hecho todo lo posible porque ella fuese feliz. Pero su misión era insostenible, aquella mujer nunca sería feliz. La infelicidad la alimentaba, la sostenía, la mantenía viva, aunque tampoco la hacía feliz. Y ahora él se iba y no tenía idea cómo ella lo tomaría. “A lo mejor me mata la muy desgraciada”, mientras pensaba, sus ojos evitaban volar hacia otra mirada. “Esta vez va en serio”. Sintió que su pene prestaba atención por un momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No olvidéis las acciones del Señor.&lt;br /&gt;
--- Él, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía: una y otra vez reprimió su cólera, y no despertaba todo su furor.&lt;br /&gt;
--- No olvidéis las acciones del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquella mañana al entrar a la iglesia, recordó un sueño. Había un hombre y ella no sabía cómo se sentía hacia él. Había otra mujer, que no podía identificar y que, por supuesto, era mucho más atractiva que ella. Pero Dalila estaba segura que el tipo la preferiría a ella. Se encontraban dentro de una casa donde había una gigantesca y oscura piscina, extraña además porque tenía un espeluznante túnel debajo del agua. El hombre le dice que se ponga un traje de baño y se meta. Ella sale a cambiarse y cuando regresa nota que el hombre mantiene un pleito decididamente íntimo con la otra mujer. Él trata de convencerla de algo y le pone la mano en el hombro pero ella se la quita bruscamente y sale de la piscina. Las esperanzas de estar con él la abandonan y despierta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Este idiota no entiende nada, no entiende que aún existe un corazón romántico detrás de esta fachada fría y amargada y que toma más que un millón de ramos de orquídeas, reponer toda una vida perdida a su lado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sonrió amargamente al recordar la llamada de su hermana la noche anterior, la mujer lloraba y se lamentaba porque le había llegado el divorcio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Para qué coño te divorciaste entonces si no lo vas a disfrutar?, le preguntó hastiada antes de colgar rudamente el aparato. Los demás la desesperaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Creo que conozco a este cura. Quizás más de lo que me gustaría. Las fantasías con padrecitos son muy famosas”, sonríe silenciosamente, “recuerdo que este idiota se disfrazó varias veces de sacerdote. Pero ya ni eso sirve, por eso lo he reemplazado con originales”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Soltó una pequeña carcajada y advirtió nuevamente que sólo sus pensamientos lograban animarla. El mundo era sumamente tedioso. Sintió que él la miraba curioso y lo odió otra vez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“No me mires, estúpido, no estoy en una vitrina”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Viste, es el padre que bautizó a Miranda, le dice su esposo indiferentemente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Entonces de ahí es que lo conozco. De aquel episodio acogedor y placentero en el cuarto de la recién nacida. Si la perra de mi hija supiera que se lo chupé al empleado del Señor que despojó a su hija del pecado original y justo en el cuarto de su primogénita, no estaría jodiendo tanto por la mierda de acusación que se ha inventado ahora. La muy tarada. Estoy harta de ella y de su jodida familia feliz, que se mueran todos, incluyéndote a ti, maldito infeliz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se persignó y se acercó al pasillo para tomar la comunión. Al salir, una joven mujer se le adelantó, poseía una delicada hermosura y, al parecer, miraba a su esposo como si lo reconociera de algún lado. La mujer le pidió disculpas por cortarle el paso y la dejó transitar. Dalila sentía que un ojo ansiaba crecer detrás de su cabeza pero no miró hacia atrás, algo le decía que si lo hacía, descubriría la vieja sospecha que convertiría en sal todo su corazón. &lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DÉBORA Y EL SEXO.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses. Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el &quot;Nombre-sobre-todo-nombre&quot;; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble -en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo-, y toda lengua proclame: &quot;¡Jesucristo es Señor¡, para gloria de Dios Padre. Palabra de Dios.&lt;br /&gt;
--- Te alabamos Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando pensaba en el beso que lo había desencadenado todo, sus órganos internos comenzaban a moverse y a provocarle extrañas sensaciones que navegaban por todo su cuerpo. Menos mal que no le interesaban, ni consideraba importantes, las palabras que recitaba el padrecito cada domingo, pero adoraba a su Bubi y la llevaría a la iglesia hasta el fin de sus días si era necesario. Sin embargo, este domingo ella era distinta, estaba decididamente feliz y asertiva. Miraba a su Bubi y le parecía que viviría eternamente, siempre preguntándole cada noche si necesitaba algo, si estaba bien, si tenía deseos de hablar, si tenía hambre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero no te puedo contar esto Bubi ¿o si? Podré explicarte que anoche, el chico más hermoso del mundo me trasladó a otra dimensión, la del placer y del amor. ¡Ay, Bubi!, si te pudiera contar todas las cosas que sentí, quizás tu también las sentiste alguna vez ¿no?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero su abuela estaba concentrada en el extravagante atuendo de una señora alta que Débora reconoció como Dalila Rosario. Su Bubi a veces murmuraba pequeños chistes sobre ella que compartía con su Virgencita de la Altagracia y con su nieta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ya no soy virgen, Bubi, ya no lo soy. ¡Es tan excitante!”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- El mundo está cada vez más divertido. ¿No crees, Debrín?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Te refieres al curioso vestuario de la señora Rosario, Bubi?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No, mi amor, hay muchas otras cosas escondidas detrás de esos llamativos vestuarios. Muchas cosas más.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había sido la primera vez para él también. O como si lo hubiese sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Estuve con una mujer, ya sabes, mi padre le pagó para que me enseñara cuando cumplí quince años. Y me enseñó mucho, ¿lo notaste? y lo hicimos varias veces pero ella no cuenta, ¿entiendes? Tú eres mi primera chica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto que lo entendía, ¡y muy bien! En aquel momento borró para siempre a la prostituta y armó el cuento perfecto para el colegio. El lunes, sus amigas se morirían de envidia. Sólo Ana había tenido sexo pero había sido con una mujer. “Ella jura que cuenta porque usaron dildos pero aún así, yo seré la primera de todas en estar con un chico de verdad. ¡Por fin!, y lo agarré y todo; y las cosas que me dijo que le hiciera…”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintió que la sangre se le trepaba por la cara. Parecía que un dragón nadaba en su estómago, por un momento pensó que desfallecería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“…Y las cosas que me hizo. Tengo que escapar de casa esta noche y verlo otra vez. Es lo mejor que me ha pasado en mis quince años de vida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Lectura del santo evangelio según San Juan. En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el hijo del Hombre...Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Palabra del Señor.&lt;br /&gt;
--- Gloria a ti, Señor Jesús.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No iban al mismo colegio. Él asistía a un liceo católico para muchachos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Están a punto de expulsarme, le dijo mientras acariciaba conocedoramente uno de sus pequeños y suaves pezones, pero les dije que si lo hacían acusaría a muchos de ellos de mamañemas. Son maricones todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Es tan rebelde. Me es imposible pensar más allá de sus manos, estoy completamente enamorada, de su físico, de su tosquedad y del sexo con él”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su corazón se aceleraba peligrosamente con las imágenes que traspasaban una y otra vez toda su materia gris. Había sido la noche más loca de su vida. Ya casi ni le importaba que aquel chico fuera el desquiciado amor de Jennifer, su mejor amiga. Casi había borrado esa pajita de su velada perfecta. Casi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Quizás nunca se entere”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en su mente ya se había casado con él. Ya había tenido dos hijos con él. Habían peleado en la boda y se habían reconciliado tantas veces en todos esos años de feliz matrimonio que era prácticamente imposible esconderlo de Jennifer. Y era seguro que él la llevaría al baile de graduación. Alguna vez tendría que decírselo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El amor es inevitable, Jennifer, es como una avalancha y así mismo se siente, como una avalancha cálida pero tempestuosa que se apodera de todo tu cuerpo y sólo deja espacio para más amor. Cuando pienso en él, parte de esa avalancha se activa dentro de mí. Cuando estoy con él, todo cabe”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El amor la tenía, la poseía, era imposible zafársele ahora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿No quieres mi teléfono?, le había preguntado cuando la había dejado en su casa horas más tarde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No te preocupes, si me interesa lo consigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pues es probable, tengo muchos primos en el liceo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Si, hermosa, anda, nos vemos después, ya te llamaré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Es un chico duro pero está enamorado de mí. Es obvio. Si no me llama hoy lo llamo mañana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hace mucho que tenía su teléfono debido a las llamadas que le hacía junto Jennifer cada vez que a ella se le antojaba escuchar su voz. Se sintió culpable, nunca pensó que se convertiría en una de esas chicas que les arruinan el romanticismo a las demás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero es mi primera vez, mi primer amor, es justo que quisiera a alguien como él. A quién no le gustaría alguien como él. Sólo porque ella lo haya dicho primero no significa que a mí no me gustara primero. Tengo tanto derecho como ella de tenerlo y ahora lo tengo. Anoche hasta lo tuve dentro de mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miró instintivamente a su Bubi como si ella pudiese leer sus pensamientos. La ayudó a ponerse de pié, sus neuronas constantemente concentradas en aquel primer y problemático amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Si no me llama hoy, lo llamo yo mañana. O esta noche, o cuando llegue a la casa…”  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
EVA Y LA MUERTE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Por nuestros difuntos, por todos los que han muerto por manos violentas, por los que han muerto abandonados, por todos aquellos que mueren por nuestra insolidaridad, para que el Señor de la vida los acoja en su reino. Roguemos al Señor,&lt;br /&gt;
--- Te rogamos, óyenos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo mejor se encontraba allí para rogar por él, por su alma. Nunca fue muy religiosa pero sí creía ciegamente en que todo ser vivo poseía un alma y que Dios existía en algún lugar del vasto universo. Aquella mañana se había levantado temprano sin un plan en la mente. Sólo pretendía pasar otro doloroso día, no importaba el nombre que tuviera, sin ansiar locamente morir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces escuchó las campanas de la vieja y elegante iglesia que quedaba a sólo unos pasos de su apartamento y decidió caminar hasta allí. Era seguro que estarían celebrando una misa, de esas que tanto había disfrutado con su hermosa madre antes de que un autobús la separara completamente de su alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“La muerte se cree mi amiga y es lo peor porque nunca te lleva, pero se lleva a los que amas para permanecer cerca de ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, desde la muerte de su amor, las cosas eran distintas para Eva. Todo era húmedo ahora y en cualquier momento estaría sollozando otra vez. Su amor había muerto, su amor había muerto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Quisiera morir yo también”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La iglesia la hizo sentir mejor porque desvió sus pensamientos hacia otras cosas, como el ingenioso vestuario de una señora alta y extraña que estaba sentada en una de las primeras filas. Los seres humanos a veces capturaban su atención, pero el dolor dentro de ella era demasiado fuerte como para relegarlo. Siempre regresaba a manifestarse como si no pudiera permitir que ella dejase, ni por un segundo, de olvidar su sufrimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Lo peor ya pasó. Lo peor nunca pasa, pero lo peor ya pasó”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había estado casada con él por dos meses considerándose la mujer más feliz del mundo. Pensó que él era feliz también, por lo menos así lo parecía hasta esa noche que lo encontró. Insoportables las imágenes, muchas veces inaguantables y tan imposibles de borrar. Su credulidad, su ingenuidad al entrar y verlo. Pensó que algo le había pasado, aquello no podía haber sido intencional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Te voy a amar por siempre, mi querido Miguel. Eres el hombre para mí aunque yo nunca fui la mujer o la persona para ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los primeros días fueron fáciles de soportar porque estuvo todo el tiempo sedada. Su amiga Luisa la había llevado donde su psiquiatra y él se había encargado de doparla hasta que no estuviese segura si estaba viva o no. Pero lo inevitable no se puede posponer para siempre y había que despertar al cerebro otra vez. El dolor tangible que se manifestó entonces no la había abandonado más. De hecho, cada día se sentía peor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Creo que deberías tomar antidepresivos, Eva, te veo muy mal, cariño. Le había dicho una tía preocupada. Pero a ella se le había olvidado hasta el nombre de su querida tía y, aunque a veces le pareciese inaudito, en varias ocasiones había olvidado que se llamaba Eva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Dios todopoderoso y eterno, que has enviado a tu Hijo al mundo, para librarnos del dominio de Satanás, espíritu del mal, y llevarnos así, arrancados de las tinieblas, al Reino de tu luz admirable; te pedimos….&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No había visto ni reconocido señal alguna. No tenía la menor idea que él fuese capaz de algo así. Era su Mickey, su Miguelito, el hombre que la había enamorado y la había hecho feliz por más de dos años. Aquel día que le pidió que se casase con ella lo sintió completamente entregado a su amor. Pero no fue así. Al parecer, Miguel era un excelente actor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y yo, que lo amaba tanto, no me di cuenta, ni pude salvarlo de sus pasiones ni de sus demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿No has notado algo extraño en Miguel? Le había preguntado Luisa unas semanas antes de la boda y ella había negado con la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Por qué me preguntas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Es que he sentido que está como triste, como lejano. Ayer lo escuché llorar en el baño de casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Estás segura?, la cara seria de su amiga confirmó su preocupación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero Miguel decía que estaba bien. Que sólo extrañaba a su madre, quien también había muerto en un raro accidente en la finca de uno de sus tíos. A Miguel no le gustaba recordar el asunto y ella lo respetaba, tampoco le gustaba recordar la muerte de su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Nunca me preocupó la tristeza que sentía por su madre sino que creyera que jamás la volvería a ver. No creer en Dios ni en el alma está mal”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y trató cientos de veces. Intentó expresarle la importancia de creer en el mundo paranormal, en la metafísica del alma, en que volvería a ver nuevamente a todos sus seres queridos algún día, que no debía estar triste por su madre porque ella estaba en un sitio mejor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Si, por lo menos ya no sufre, contestó él con sarcasmo exagerado en la voz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No creer sólo te amarga la vida, querido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No, lo que me amarga la vida es la vida. Y la gente como tú que cree ingenuamente en los disparates más grandes jamás inventados por alguna mente humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Para que el poder de Cristo Salvador te fortalezca, te ungimos con éste óleo de salvación, en el nombre del mismo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos.&lt;br /&gt;
--- Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la madre de Miguel la habían encontrado muerta sobre la cama de un hermano. Estaba desnuda y olía fuertemente a alcohol. Al parecer, había sido una sobredosis accidental de la combinación de varios químicos con demasiados “shots” de tequila. Miguel nunca se había tragado lo de “accidental”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Crees que alguien la mató?, le preguntó una de las pocas veces que hablaron del tema.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Por favor, Eva, no seas tonta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A veces pienso que aunque lo amé tanto nunca lo entendí. A lo mejor ni siquiera estuve enamorada del verdadero Miguel. Claro que no lo estaba, ni él de mí, sólo me usó un rato. Quizás pensó que yo cambiaría lo inevitable pero lo inevitable es imposible cambiarlo, sólo darle de largas, como hizo él”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo había dado dos pasos: uno y dos, cuando sintió que algo le pegaba la sandalia a la alfombra, las fibras del tapete azul marino que cubría la sala estaban impregnadas de una sustancia viscosa. Sus pies caminaron otros dos pasos: uno y dos, y observó como los dedos de sus pies se tornaban rojos. Un olor agudamente metálico le llenó el cuerpo de miedo. Entonces lo vio, tirado detrás del sofá. De hecho, primero vio su mano y corrió hasta allá y se tiró en el suelo a su lado sin importarle que todo estuviera cruento y pegajoso y que la muerte se adhiriera a ella también. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¡Me lo han matado!”. Se detuvo un momento a pensar. Tenía que llamar a alguien, tenía que llevarlo a un hospital aunque sabía que ya no había vida en su Miguel. Ya no la iba a regañar más ni a decirle cosas lindas mientras le rogaba que lo dejara metérselo por detrás. Ya nada sería igual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero nunca pensé que todo sería muchísimo peor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces un día, semanas después de que él muriera, decidió entrar a su ordenador a limpiar sus correos y quizás enviarle a sus amigos virtuales, noticias de su muerte. Había decidido aclimatarse a su horrorosa realidad lentamente, de la misma forma que lo hizo cuando lo encontró muerto aquel día y, aún así, había dirigido sus pasos hasta la nevera para prepararle su emparedado favorito. Y así lo hizo; con las manos ensangrentadas y los pies engomados y con aquel maldito olor peculiar empotrado en la nariz que no le permitía llorar, Eva sacó de la nevera el jamón cocido, el queso cheddar, las aceitunas negras, los tomates secos al sol y los pepinillos y buscó el pan de centeno en la alacena. Recuerda advertir que el cuchillo que había visto en el suelo, cerca de su cadáver, no estaba en su lugar en la cocina. También notó que la botella de Percodán que siempre mantenía en su botiquín, estaba abierta y vacía sobre la meseta donde preparaba el sándwich. Las cosas iban tomando cuerpo dentro de su mente, pero ella pensaba que se volvería loca en cualquier momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su amor se había quitado la vida y, obviamente, aquel alarmante hecho la hacía sentirse peor, culpable, como si hubiese fracasado en su labor de mantenerlo vivo y feliz. “Soy un desastre. Todo lo que amo muere”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y entonces fue cuando lo descubrió a él, al verdadero Miguel, plasmado elocuentemente en su computadora. Allí descubrió un mundo al que no pertenecía, una comunidad donde no era mencionada ni para alabar aquellos emparedados que él solía devorar, la única cosa de ella que al parecer él apreciaba. En el universo de su Miguel, a quien todavía amaba más que a nadie, ella no existía. Ninguno de sus amigos la conocía. Nadie sabía que Miguel tenía una esposa, una mujer que daba la vida por él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Se mató por otro, no por mí. Ni eso ha sido noble sobre su suicidio. Ni en su muerte tuve algo que ver. Soy nadie, él estaba enamorado de un hombre, Martín. Pero Martín no abandonó a su familia por él. Como Miguel tantas veces le sugirió”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Sólo me gusta el sexo contigo, Mik, no te vayas a enamorar de mí, recuerda que tú no tienes nada que perder pero yo sí. No dejo a mis hijas por nadie. Le había escrito aquel hombre en uno de los cientos de mensajes que habían intercambiado a través de la red. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Por lo menos ahora sé que cuando viajabas no ibas a verte con una mujer, no mentías, ibas a ver a un amigo y no tenías nada que perder porque para ti yo era nada”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No sabía qué le había dolido más después de su muerte, si el engaño descubierto a raíz de su partida, su deshonestidad, su doble vida o el hecho de que no se haya matado por ella. “No tengo nada por qué vivir ya. Ni siquiera puedo llorarlo y sufrirlo honestamente. Ni siquiera puedo sentirme culpable de su muerte, ni eso me pertenece. Quizás lo mejor sea seguir sus pasos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salió de la iglesia antes que terminara la misa. Había llegado allí sin saber qué haría pero ya estaba segura. No era necesario rezar por el alma de Miguel. Él seguro ni siquiera tenía una. Tampoco podía permitir más dolor, ya estaba cansada, y muchas veces dudaba que existiera una justificación divina sobre la presencia humana en el mundo. “Quizás todo se trate de una burda coincidencia, como creía Miguel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al salir, sus ojos se encontraron con la mirada feliz y apasionada de una jovencita que ayudaba a una señora mayor a ponerse de pie. Aquel rostro contento la llenó de amargura al acercarla radicalmente a su pasado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Es indignante como la gente puede traerte la felicidad, ofrecértela en una bandeja de plata y luego arrebatártela como si nunca te hubiese pertenecido. Me niego a seguir tu camino, Miguel. A lo mejor yo pueda sentirme así de nuevo si lo intento. O quizás sea conveniente que rompa mi amistad con la muerte de una vez por todas. Sólo así me dejará morir, aunque no sea en paz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día espléndido la esperaba afuera. El cielo claro y azul, salvo por unas pequeñas nubes en el horizonte, se extendía amplio sobre la blanca torre de la iglesia y el sol repartía su ardor entre los seres vivos del Sistema Solar. Una brisa fresca anulaba el filo del calor y te invitaba a disfrutar de un descanso sobre la arena del mar, debajo de alguna frondosa palmera. Pero Eva se puso sus anteojos para escapar del brillo estelar, “Miguel odiaba los días brillantes. Quizás deba cruzar a la playa y disfrutar ahora todo lo que él decía odiar”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero ella también odiaba aquellos días resplandecientes, siempre prefirió los nublados. Y ahora, cada día estaba más segura que tampoco le gustaba vivir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caminó indecisa hacia su nuevo apartamento con la cabeza poblada de vacilaciones y preguntándose por qué ya no sentía su alma tan intensamente como cuando creía que él la amaba. &quot;Quizás vaya siendo hora de que desaparezca en el escalofriante e interminable vacío que él ha tajado en mis entrañas&quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguiremos charlando,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Neutrina :)&lt;br /&gt;
</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://neutrina.blogalia.com//historias/20614">
		<title>Regálame tu cuerpo cuando mueras</title>
		<link>http://neutrina.blogalia.com//historias/20614</link>
		<description>&lt;br /&gt;
--- Entonces te nos mueres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Al parecer no puedo hacer nada para evitarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Tienes miedo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No. Me siento triste y decepcionado. Pero no te fíes, mis emociones cambian a cada momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Y Emilia?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Estuvo aquí, regresará esta tarde para que hablemos mejor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Te traje un libro que creo apreciarás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- A ver.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Lo he disfrutado de cabo a rabo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- “Stiff: las curiosas vidas de los cadáveres humanos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- La vida puede seguir para tí. Para tu cuerpo, por lo menos. Puedes elegir, tienes opciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Leí una vez que lo primero que desaparece son los ojos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pero no tienes por qué dejar que tu cuerpo se pudra de esa forma. Puedes hacer muchas cosas con él. Lee el libro. Tienes tiempo para eso creo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Sólo tú te atreves a traerme algo así y a decirme que tengo tiempo para leer. De alguna forma extraña, como fuera de foco, tu altruismo es egocéntrico, asumes que todos pensamos y queremos lo mismo que tú. Porque al final crees que tienes la razón y que es lo mejor para todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Siempre me han hecho reír tus caracterizaciones de mi persona. Lo curioso es que siempre he pensado que eres tú quien tiene la razón. Si me dejas, plastificaría tus órganos, o donaría tu cuerpo a alguna universidad para que los alumnos te diseccionen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Muy crudo para mí; además, no estoy en mi mejor forma, sería muy vergonzoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Les interesa más lo que hay por dentro. Anatómicamente hablando, por supuesto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ambos ríen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No creo que pueda leer ese libro. No quiero pensar en lo que me va a pasar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Es sólo una forma de tomar control sobre tu cuerpo luego que mueras, es todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿¿Pero no ves lo horrendo que es?? Eres demasiado visceral a veces. Quisiera verte en mi situación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Lo tendré en cuenta. De todas formas, ¿no quisieras convertirte en una mata de mangos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿De qué hablas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pueden hacer fertilizante con tu cadáver y sembrar un árbol con tus restos. Creo que es mejor que visitar una lápida y pensar en el proceso por el que atravesará tu cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No quiero hablar más del tema.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Además, como te conozco, no querrás ser cremado. Y leí que la cremación no es ecológicamente correcta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Cada vez que hablo contigo me parece menos atemorizante la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No le temas, no es nada peor que lo que has experimentado en la vida. No será doloroso, te lo prometo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Ya muchos me han prometido lo mismo y se han equivocado, es dolorosa la muerte, de muchas formas. Además, tú qué sabes, nunca te has muerto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Sólo descansarás, dormirás sin soñar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Desapareceré…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Silencio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No desaparecerás si donas tu cadáver a la ciencia. Quizás te elijan para plastificarte y exhibirte por ahí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Ya te dije que mi cuerpo no está para esas andanzas. Pero me gusta lo de ser fertilizante. ¿De cuánto dinero estamos hablando?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Tienes suficiente. Si eso es lo que quieres se arregla con la persona. Los dos últimos capítulos hablan de ello, si quisieras saber más.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Quizás lea los dos últimos capítulos entonces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Si lo que quieres es alejarte de la idea de un entierro, lee el tercero, la descomposición. Hay una universidad estadounidense de medicina forense que tiene un patio completo con cadáveres descomponiéndose. Para poder estudiar crímenes los ponen en distintos terrenos y formas, por tiempos variados, posiciones diferentes y demás. El libro, de verdad, es fascinante. Te da otra visión de la muerte. No tiene que parar ahí, puedes seguir siendo útil.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Y no habla de lo espiritual?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Lo espiritual, Tadeo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él sonríe amargamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Te sorprendo con el estereotipo cristiano? Un ateo al borde de la muerte preguntándose por lo espiritual. Qué ironía ¿no?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Quieres hablar de ello?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No, contigo no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Con quién entonces? ¿Te traigo un cura, un pastor o un rabino? ¿O quizás prefieres a un monje tibetano? Mejor aún, le diré a Chopra que venga a enseñarte sus curiosas afirmaciones sobre el tao de la mecánica cuántica o algo por el estilo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él comienza a reírse, a carcajadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Olvídalo. No tendré mi crisis de identidad ante la muerte contigo. Esperaré a Vero, ella recibirá mis dudas con los brazos abiertos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Menos mal que no lo esperas de mí. Te he traído más tiempo. Este libro te ofrece más tiempo en forma de opciones. Para mí es como el último lujo, el lujo de que tu cadáver viva más allá de su fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Ya te dije que estoy pensando en la idea del fertilizante. ¿Dónde lo hacen?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Lyrön, Suecia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pues sería dejarle un problema más a Vero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Quizás a ella le guste la idea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Ay, Neutri, Verónica ni siquiera puede hablar de que moriré, mucho menos de qué hará con mi cadáver. El otro día mencioné comprar un lote en el cementerio y estuvo llorando por horas. No quiero pasar por eso otra vez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pues es tu momento, no el de Verónica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pero los que quedan son los que sufren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pues yo quisiera en el futuro poder arrancar mangos de tus testículos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carcajadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Eres una hijeputa, Neutri. Tendré que leerme el libro y apreciar tu malhumor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Para eso estamos las amigas ¿no?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Qué raro que no me has hablado de la crionización. ¿O era criogenización? Una vez escribiste de eso, ¿no?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Si, pero aquello está todo basado en probabilidades futuras. Si las cosas salen “de esta y tal forma”, entonces, y sólo entonces, podremos resucitarlo. No me fío en que las cosas vayan a salir de esta y tal forma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Ni yo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Entonces ¿andas en la búsqueda científica del alma, como Crick?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Murió primero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Como debe ser. Eres más joven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Soy más joven que mi padre también.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- El mundo es injusto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Es la maldita evolución y su satánico darwinismo. Muere débil, muere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Yo también soy débil.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No, pero algún día morirás también. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Siempre me he preguntado cómo ocurrirá. Es uno de esos verdaderos misterios. Lo único certero llega disfrazado con las más elaboradas máscaras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Algunas no son tan elaboradas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Es cierto. Algunas no lo son.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Silencio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Entonces ¿ahora crees necesitar a Dios?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Si no es ahora ¿cuándo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Nunca?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Quiero creer que hay algo más. No me gusta la idea de desaparecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No lo harás…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No me menciones tus mangos, Neutri, por favor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No seas obsceno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Verónica entra. Lleva un elegante vestido azul marino y sus ojos están hinchados y rojos. No lleva maquillaje, salvo por los restos del pintalabios que usó en la mañana al salir de su casa. Sonríe al escuchar las carcajadas de su esposo y la mejor amiga de éste. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Me alegra mucho que te sientas mejor de ánimo, mi amor. El reverendo Matías estará aquí en una hora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comienza a llorar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Tadeo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Te dije que no llevaría esta crisis contigo, Neutri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Verónica interviene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Crisis? ¿Tienes que explicarle a ella por lo que estamos atravesando?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Vero, mi amor, no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Es que me parece que una buena amiga te guiaría por el camino de Dios para que te sientas mejor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No soy una “buena amiga” y no creo que lo haría sentir mejor. Pero Verónica, él no es de los que se dejan llevar por otras opiniones secundarias a las de él. Tadeo no es así.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Con los demás no, pero contigo sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Eso es lo que has imaginado todos estos años, pero no es así. Tadeo es cabeza dura y punto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pues gracias por los elogios, pero me gustaría que ambas se callaran. Querida, consígueme algo de comer. Quiero hablar un poco más con Neutrina. Creo que pronto parte para Suecia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Suecia? pregunta Verónica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Anda a ver lo que me consigues, amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Verónica sale.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Entonces te vas a ver con un reverendo ¿me dejas estar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Por supuesto que no. ¿Cuál es tu afán de controlarme la muerte?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Es que, si aceptas a Jesucristo como tu salvador, me vas a abandonar sola en el infierno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Por favor, no caería tan bajo. Además, no estarías sola, de hecho, sería el lugar perfecto para que al fin encuentres a tu media piña y te enamores como mandan los curas, ¿no crees? --- Carcajadas --- Sólo quiero escuchar otros puntos de vista, Neu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pero ya conoces todos esos puntos de vista, Tadeo, mejor que muchos creyentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- A lo mejor ahora necesito algo más.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Entonces búscate a un monje tibetano, porque no creo que un reverendo resuelva nada. Te dejará más decepcionado, más temeroso. En serio te lo digo. Es más, creo que todo esto empeorará tu crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Entonces dime qué hacer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No tengo idea, mi lindo, por eso te traje el libro, es una forma de ofrecerte lo único que conozco que pueda alargar un poco tu camino por el mundo. Lo demás está fuera de mis servicios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Viniste a ofrecerme mangos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pues, mangos en vez de “maggots”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Neutrina, a veces no sé si reírme o enfadarme contigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Haz lo que quieras pero cancela la entrevista, no encontrarás nada allí. Déjame traerte mejor a un budista que conozco. No hablan de divinidades y será mucho más fácil para ti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pero amiga mía, ¿no te das cuenta que lo que quiero es una divinidad? Quiero alguien que me espere con un coro de ángeles, quiero que sus brazos estén abiertos y que se asemejen a los de mi madre. Quiero seguir mirándote desde el más allá y esperarte para darte una gira por el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Para luego patearme el culo y dejarme con Satanás. Cariño, no debería aconsejarte. Ayer estuve despierta por mucho tiempo pensando qué pensaría si estuviese en tus zapatos. Me sentí triste y desamparada, en un camino directo al olvido y a la inexistencia. Pero en un momento recordé este libro que leí hace un tiempo y decidí que allí había una esperanza para vivir más. La ciencia, las universidades, la investigación forense y muchas otras organizaciones quieren tus órganos, muchas veces para ofrecer algo a otras personas. Pero también en Suecia pueden convertirte en ricos mangos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carcajadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pero ¿y mi alma?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Estás alucinando?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Quiero un alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- La tienes, Tadeus, pero morirá contigo. Lo siento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Si Verónica te escuchara diciéndome estas cosas te sacaría de aquí permanentemente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Nada nuevo lo que te digo, lo hemos discutido hasta el cansancio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Lo nuevo es la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Si, tan cerca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Me vas a extrañar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No me hagas llorar. Tú sabes muy bien que te adoro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Te gustó aquella vez?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Si.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pero no quisiste repetirlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Estuvimos alejados por más de un año luego de aquella tarde. Si lo hacíamos otra vez y lo convertíamos en algo más, acabaría con lo que tenemos hoy. No creas que no lo pensé muchas veces, muchas, muchas veces. Pero tú y yo somos ateos honestos y no le podíamos hacer algo así a Vero, ni a nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No la hubiera dejado por ti, Neutri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Lo sé, cariño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Somos gente buena ¿entonces?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Si, a lo mejor nos permiten entrar al cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pero la engañamos una vez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Una vez no cuenta. A cualquiera puede pasarle cualquier cosa una vez. Además, no estaban casados todavía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Tienes razón. ¿Lo harías otra vez conmigo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Si, sólo porque te vas a morir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Hijeputa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Hagamos un trato, si existe un más allá, ven y dímelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Cariño, ni Houdini pudo escaparse para regresar. Por lo tanto, o es un viaje de ida o no hay ningún viaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Viaje hacia dónde?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Verónica me trajo un estudio realizado por dos enfermeras que atendieron por años a pacientes terminales. Sus conclusiones aseguraban que la muerte era decididamente un viaje para los moribundos. La mayoría hablaba de empacar, de estaciones de trenes, de viajes largos, de partidas tristes y de decir adiós en algún aeropuerto. También de otros fallecidos esperándolos en terminales lejanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pues la metáfora habla por sí misma. La muerte es definitivamente la despedida final.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Quizás haya un viaje, Neutrina. Acepta por lo menos que se trata de un viaje que no tiene que ver con dioses ni cielos. ¿Cómo lo ves?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Un viaje. ¿Qué es lo que viajará exactamente, Tadeo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Mi alma?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Y en qué consiste tú alma? ¿21 gramos de aire? Nunca imaginé que te convertirías en el ateo que duda al final. Pensé que esa sería yo, no tú, nunca mi Tadeus.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No es asunto de salvar ideologías, Neutri, se trata de mi muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pero no pensé que quisieras dejar este legado. Un ateo firme toda su vida que doblega todo el contenido de su cerebro ante un reverendo que le vende un más allá, ¿tu pequeña bula personal? lo que siempre criticaste, amigo. Imagina cuando Emilia tenga 20 años, ¿qué pensará ella entonces de su padre? ¿Es el mensaje que le quieres dejar luego de nueve años de ateísmo en contra de su propia madre? Recuerda, y no olvides ahora, todas las veces que hiciste llorar a Vero por defender tu racionalismo científico y tu ateísmo franco y honesto ante tu hija.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Creo que será mejor que te vayas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No, tendrás que convencerme de forma más inteligente. No seas cobarde, hombre, sólo te vas a morir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Ya no te encuentro divertida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Entonces me quedo hasta que llegue el reverendo. Puedes decirle que soy tu demonio personal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Verónica entra de nuevo con emparedados en una bolsa plástica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Te traje tu favorito, amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Gracias, Vero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Silencio. Él comienza a comer. Tres mordidas más tarde, dice:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Necesito otro favor, mi vida, necesito que canceles la visita del reverendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Silencio. Verónica mira a Neutrina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Por qué, mi vida, por qué? Date una oportunidad, recuerda lo que hablábamos anoche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pero no era yo anoche, mi amor, eran mis emociones. ¿De verdad creíste que cambiaría de opinión así de repente? Sólo tengo miedo de dejarte, de dejar de existir. Es normal que recurra a toda una crianza de leyendas para encontrar mi inmortalidad. Pero no podía durar mucho. Es mejor así, de esta forma me ahorro el momento vergonzoso que pasaría con el reverendo. Le haría perder el tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Ante la muerte, cualquiera puede cambiar. Pero te confieso que en el fondo sabía que no valdría la pena. Sabía que lo del reverendo era una pérdida de tiempo. Yo rezaré por tu alma, corazón, déjame eso a mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Verónica sale llorando. Neutrina y Tadeo se miran intensamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Me traerás al amigo tuyo budista?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Si quieres lo llamo pero no lo necesitas tampoco, Tadeo. No necesitas de nada para morir, sólo estar en paz contigo y con los que quieres aquí. Los que dejarás pensando en tí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No quiero irme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No quiero que te vayas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lágrimas tibias humedecen el silencio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Hablaré con Emilia esta tarde. Gracias. Momentáneamente había olvidado quién era. Había olvidado lo que he sido, el hombre que ella conoce, que todos conocen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- El hombre que eres. Estoy aquí para recordártelo porque es el momento preciso en que lo puedes olvidar y con todo el derecho. Cariño, si existe alguna divinidad, juro que te querrá cerca de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Estás comenzando a enamorarme otra vez, diablita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Dóname tus córneas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Qué? Tú no necesitas mis córneas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pues no quieres darme mangos, no quieres plastificar tu cuerpo, no quieres participar en clases de anatomía, tanto que te gustaba esa materia debo añadir, así que por lo menos me quedaré con tus córneas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿Sabes lo que deseo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No podría ni imaginarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Deseo que nos besemos y nos toquemos como adolescentes enamorados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- ¿En serio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Ajá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Silencio. Varios minutos pasan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Nos caería bien hacerlo. Es más, creo que hasta lo necesitamos. Los dos. Más que cualquier explicación divina. Lo único que mitiga y mengua la muerte es una vida de placer. Sentir las delicias que nos hacen aferrarnos a ella. Pero estoy nerviosa, me pone nerviosa verte, así de repente y al mismo tiempo, de todas estas formas extrañas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se escudriñan, como habían optado no hacer, buscando el alma de la pasión en pausa en la mirada del otro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Ven, acércate…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Vero, Tadeo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Dame sólo un beso ahora, no tengo tiempo para discutir, Neu. Ella no vendrá por un rato y yo tengo un deseo loco de vivir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- No me lo tienes que explicar, ya quería hacerlo antes de todo esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Yo también.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Y ya la amistad no importa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Ya nada importa, mi vida, sólo falta que te regale mi cadáver para que los suecos me conviertan en fertilizante y pueda darte mangos hasta que mueras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Eso suena delicioso, amor. Déjame eso a mí. Mañana temprano estaré llamando a Lyrön…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Pero antes de que te regale mi cuerpo muerto, quiero sentir el tuyo vibrar con vida y placer. ¿Te parece mañana al mediodía? Verónica y Emilia no estarán por aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- Me siento extraña, Tadeo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
--- La muerte es extraña, mi amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un beso apasionadamente intenso concluye el diálogo y la escena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguiremos charlando, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Neutrina  :)&lt;br /&gt;
</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://neutrina.blogalia.com//historias/19795">
		<title>Háblame más de Cedric Diggory</title>
		<link>http://neutrina.blogalia.com//historias/19795</link>
		<description>&lt;br /&gt;
Él hablaba de Sirius Black y ella pretendía escucharlo. A veces su mano derecha se acercaba a la de ella pero nunca la tocaba. Parecía ensimismado en su monólogo. Ella se había pintado las uñas y ahora brillaban, como escarcha desparramada, bajo la luz de la pequeña lámpara de su habitación. ¡Tanto tiempo que un hombre no entraba allí! La asustaba no estar más nerviosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le había asegurado que había leído todos los libros de Rowling pero aquello no era realmente importante para él. Sólo le interesaba continuar hablando, no podía imaginar lo que pasaría si le daba paso al silencio. Estaba muy gordo y eso le molestaba. ¡Tenía tanto tiempo sin hacer el amor! A veces le parecía mucho más sano si se despedía y terminaba masturbándose en su casa. Trataba de no mirarla para fingir que hablaba con un amigo, pero sus uñas brillaban bajo la lámpara y lo hacían sentir de muchas formas. Todas inadecuadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habían cenado en “El rincón chino”, su favorito. Cuando la llevó allí pensó que era el gesto más romántico que alguien había hecho por ella en mucho tiempo. Pero después se percató que no le había comentado sobre aquel lugar. “Seguro que por lo menos le dije que la comida china era mi preferida, en algún momento se lo dije, seguro”. Estaba ansiosa, sólo había leído un poco más de la mitad de “El prisionero de Azkaban” y temía que su monólogo terminara en preguntas. A veces pensaba que era disléxica, “no entiendo por qué no puedo terminar de leer un libro completo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentía deseos de orinar pero no quería interrumpir su análisis sobre la muerte de Cedric. A veces la sentía distante, le preocupaba que no lo entendiera, “quizás leyó los libros en otro idioma”. No sabía cómo preguntárselo sin suspender el discurso. Pensaba que quizás padecía alguna enfermedad mental, nunca había sido muy bueno con las chicas y dolía enamorarse pues significaba que tenía que actuar. Pero aquello era una tortura, varias conversaciones se manifestaban en su cerebro al mismo tiempo. Menos mal que Harry Potter estaba fresco en su memoria. Pensaba saltar a las hazañas del capitán Picard después. Si ella aún estaba despierta. “Ojalá pudiera ser más divertido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pensó ofrecerle algo de tomar pero en ese momento él acercó un poco su mano y no quiso moverse. Si tan sólo la tocara. No era muy atractivo pero tampoco ella se sentía bonita. Su amiga Neutrina siempre le decía en broma que seguro se sentía así porque su padre no se lo había dicho lo suficiente cuando era niña. Eso la hacía reír. Nunca conoció a su papá. Había sido criada por sus abuelos. “Quizás deba ofrecerle algo de tomar. Si tan sólo dejara de hablar”. Pero para ella era casi imposible interrumpirlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se había arriesgado a llevarla a su restaurante favorito aunque no estaba seguro que a ella le gustaría. Sí recordaba que había mencionado en alguna ocasión que le gustaba la comida china y pensó que quizás disfrutaría de aquel lugar. Cuando ella le comentó, algo sonrojada, que aquel antro también era su sitio de comer preferido no supo qué decir. “Es probable que esta sea la mujer de mi vida”. Tenía que agarrarse de Potter. No podía perderla. Si sólo recordara alguno de los chistes que contaba su amigo Ricardo en la Universidad. Él si era divertido. “Seguro que él a estas alturas ya la estaría besando”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Quieres algo de tomar?”, se arriesgó a preguntarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Qué tienes?”, inquirió, algo sorprendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Tengo muchos jugos; de mango, de naranja, de pera, de manzana, me gustan mucho los jugos”, sentía que se sonrojaba y le dio rabia pensar que él lo notaría. “¿Por qué me tiene que dar vergüenza ser?” pensó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Cualquier jugo estará bien, gracias. A mí también me gustan los jugos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ambos sonrieron y se sintieron más cerca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La miró mientras se levantaba y salía de la enorme habitación. Le dijo que vivía allí con sus abuelos pero que ellos se encontraban en la casa de la playa. Le había explicado, en uno de los pocos momentos que la dejó hablar, que ellos permanecían más tiempo en la playa que en la ciudad. Ella tenía los labios finos y cuando se reía podías ver sus encías, pálidas como todo en ella, sobre sus pequeños y cuadrados dientes. No era bonita pero poseía algo que lo hacía vibrar. Ricardo juraba que no era nada de eso. “Tanto tiempo sin sexo y cualquier mujer parece merecerlo”. Siempre hacía reír a todos sus amigos con esa forma desconsiderada de tratar a los demás. Pero ella a él le gustaba. “Es seguro que yo también le gusto sino no me hubiese traído a su habitación”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora en la cocina no sabía cuál de todos llevarle. ¡Cómo odiaba ser tan indecisa! Llenó sus pulmones de aire, cerró los ojos y dejó que su delgada mano cayera en cualquiera de los jugos en la nevera. Mango. Su favorito. Quizás era una señal, aunque no creía en esas cosas, pero ahora cualquier estupidez era una ayuda. Sirvió dos vasos de aquel rico néctar y pensó que estarían bien con el jugo. Hasta imaginó que lo besaba. “Seguro que me va a picar un poco porque no está muy afeitado y siempre se me pone la piel roja”. Quizás si apagaba la luz….&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Espero te guste el mango”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sonrieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Es mi favorito”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sonrieron otra vez y bebieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Puso el vaso en la mesita cerca de ella y comenzó a hablar de Cedric Diggory otra vez. Seguía huyéndole al silencio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Sabes que hay páginas dedicadas al recuerdo de Cedric?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ella la verdad que no tenía idea de quién era aquel personaje que motivaba a unas personas a crear páginas web en su memoria. Según había captado de su monólogo, el mago malo de la serie lo había matado. Pero ¿qué importancia tenía todo aquello? Sólo pensaba en tener sexo con él, allá en el fondo de su cerebro lo besaba, apagaba las luces primero y luego lo besaba. No le gustaba ser tan flaca, no tenía curvas, no lucía femenina. Quizás él ya no estaba tan entusiasmado. “Seguro que ha cambiado de opinión y por eso no deja de hablar del bendito joven muerto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El jugo estaba delicioso y bebió más. Ella continuaba escuchándolo y parecía importarle sus análisis sobre la muerte de Diggory y la reacción de su familia, especialmente su padre que lo adoraba. Entonces escuchó su apacible voz. Ella le preguntaba algo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Perdón?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él hablaba del padre de aquel chico y su desolación cuando supo de su muerte. Analizaba en detalle las esperanzas que había puesto en él y la admiración que sentía por su Cedric. Parecía como si lo satisficiera y lo conmoviera el tema. Por eso le preguntó si le gustaría algún día tener hijos. Por eso, y porque, bueno, había que llevar aquello a un lugar más personal o terminaría odiando a J. K. Rowling.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Es que me ha parecido que serías un buen papá”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No sabía cómo responder. Las palabras se le aglomeraban en la garganta, todas juntas, como si a su cerebro se le hubiese olvidado cómo organizar las ideas. Tampoco entendía las motivaciones que la habían impulsado a hacerle esa pregunta. ¿Acaso lo percibía como el padre de Cedric? “Pero si yo me siento Cedric, ¡no su padre!”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pues no sé. Creo que estoy muy joven para pensar en ser padre”, sus palabras emergieron vestidas de un tonito bastante cortante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se sonrojó nuevamente. Le pareció que las personas no la entendían. Nunca la entendían. Y él ahora aparentaba ser una de esas personas. Y ella que lo creyó especial. ¿Sólo por un restaurante y un jugo? Tenía que ser más que eso. “Estás muy sola”, le había dicho Neutrina. Pero Neutrina no tenía problemas con el sexo, sólo con el amor. Pero ella, ella no. Ella era diferente. Desacertada y diferente. Todo parecía perder su brillo. Hasta el esmalte en sus uñas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Lo siento. No me refería ahora. Claro que creo que eres muy joven. También. Pensaba…yo pensaba en el futuro, más bien”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sangre hervía en sus mejillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él pensaba que quería más jugo y quizás salir de allí. Estaba perdiendo la conexión con ella. Advertía que se alejaba de él y sus sonrojos ya no eran de ansiedad sino de vergüenza y eso estaba mal. Decidió moverse hasta su lado. Tenía que actuar. Pensó en su pene que yacía alerta en su pantalón. Era necesario que lo usara, hasta había comprado condones ese día. “¿Me lo permitirá?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se sentó a su lado. Su mano rozaba la de ella. Trataba de no mirar la cama, allá, en una esquina de la habitación. Era una de esas formidable, maciza, alta y con postes. Estaba cubierta con un edredón rojo y acolchado y su espaldar rococó se asomaba entre los numerosos cojines en varios tamaños y matices de rojo. Pensó en llevarla hasta allá en sus brazos. La chiquita no podía pesar más de cien libras. “Debe verse bonita ahí arriba, toda pálida sobre el rojo”. Se acercó más a ella para observarla. Sus ojos eran marrones con pocas y cortas pestañas. Tenía la nariz pequeña, cubierta de pecas y era lo único regordete en su cara, sus cejas y sus cabellos poseían un color naranja oscuro, casi rojo. “Es mejor que ella se me ponga encima en la cama. Creo que la podría quebrar en dos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se le había acercado considerablemente y ahora ella trataba de aplacar su respiración. Que no notara que ya sí estaba nerviosa. Movió un poco su mano hacia la de él para sentirlo. Le pareció que su mirada se tornó más brillante cuando lo tocó. “¿Ya estaré alucinando?” Pero él ya movía sus dedos sobre su piel. Si, por fin algo pasaba. Cambió la posición de su cabeza para verlo mejor. Ahora estaban más cerca; podía contar sus poros, podía oler su piel. El beso ya era obligatorio y ese hecho la hacía sumamente feliz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces se besaron. Sus lenguas eran imanes en un ineludible baile de atracción carnal y afrodisíaca. En medio de aquella efusiva escena, él la levantó en sus brazos y ambos se permitieron reír, reír a carcajadas. De nuevo estaban conectados y la cama roja era la mejor metáfora para sus sentimientos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allá arriba, sobre el sangriento edredón, la desnudó; no le permitió que apagara la luz aunque ella lo intentó varias veces. Pero él quería verla. Quería percatarse que ambas cabelleras eran pelirrojas, que sus parcelas íntimas eran tan pálidas como todo lo demás. Quería contemplar sus labios cuando besaran su pene, “¿lo consentiría? ¿La convencería?” Pero no hubo que persuadirla de nada. Esos labios finos que enmarcaban su boca pequeña le dieron más placer que el conjunto de sus fantasías con Angelina Jolie. Esa chiquita flaca y tímida estremeció el mundo bajo sus nalgas mientras lo montaba como a un caballo indomable. Su piel cubría sus costillas como barro blanco sobre hierro. Podía abarcarla con sus manos y con su boca cubrir completamente uno de sus pequeños senos. Era una muñequita de trapo con la cabellera roja más radiante que había visto en su vida. Y era atea y escéptica, como él. No creía ni en el amor. Y eso lo excitaba aún más.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su pene tenía el tamaño y el grosor perfecto. No entendía cómo sabía aquello, sólo dos de ellos habían entrado alguna vez a su cuerpo por lo que no tenía muchos puntos de comparación; sin embargo, algo dentro de ella le indicó que era perfecto. Quizás fue el clamor que salió de su garganta cuando se sentó sobre él por primera vez, cuando sus manos gordas y fuertes la tomaron por la cintura y la sacudieron como si se tratase de una marioneta. Pronto notó que un oleaje de gozo se apoderaba de su vientre y subía y subía como una seductora burbuja hasta que explotaba en su garganta y embutía su cabeza con un regocijo estremecedor. Y gritaba, y chillaba y no dejaba de zarandearse sobre aquel hombre que era capaz de despertarla de la muerte. Una y otra vez, con los dedos, con la lengua, con el pene, una y otra vez glóbulos, pompas y burbujas de placer se asomaban por su vientre y la hacían estremecer. Aquello era el verdadero paraíso. “Si hay que creer en algo, hay que creer en el sexo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amanecieron devorándose. Insaciables. Dormían para comenzar otra vez. Una vez abandonaron aquella guarida escarlata. Se alimentaron y bebieron. Pero la cama los llamaba seductoramente y había que repetir aquello. Una y otra y otra y otra vez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomaron una ducha juntos y allí descubrieron el sexo y el agua. Él siempre detectaba algo nuevo para experimentar, otra novedosa forma de explorar sus orificios. Y el placer protagonizaba todas sus indagaciones y sondeos; y así conquistó su cerebro y ella también conquistó el de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando no estaban devorándose permanecían en silencio. Descansando del ardor y la fogosidad. Él no sabía qué más decirle. Todo parecía absurdo y lo único que quería era, bueno, eso, metérselo otra vez, por donde sea. Se había quedado sin palabras pero ya no le molestaba el silencio. Podía quedarse allí, con ella, para siempre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero a ella comenzaba a molestarle su mutismo. Antes hablaba tanto, y le gustaba el sonido de su voz. Quizás estaba cansado, aquello había sido un maratón y estaba segura que no terminaba aún. Sólo tenía que mover su rodilla entre sus piernas y todo comenzaría otra vez. Y, aunque también estaba cansada, quería escucharlo hablar otra vez. Tal vez porque pensaba que sólo formalizando una relación conseguiría asegurar el sexo con él, para siempre. Ya se imaginaba teniendo sus hijos. Por eso era preciso que hablaran, que se comunicaran, que intercalaran el sexo con los intereses comunes. “No quiero perderte, gordito, eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo”. No se sonrojó al pensarlo a pesar de que lo miraba directamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él le devolvió la mirada y sonrió, en su cara se reflejaba cierta curiosidad. No quería sexo en ese momento, estaba cansado, pero sabía que si ella lo besaba por algún lado iba a sucumbir al placer. Por eso fue un alivio cuando la escuchó hablar, mucho más cuando entendió lo que requería de él. Lo llevaba justo a su hogar, donde se sentía más cómodo, más ahora que tenía el sexo asegurado. Por eso aquella propuesta era la cereza sobre el helado, la habichuela sobre su arroz, un vaso de agua fría en un día caluroso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya tenía su propia Cho, pensó, y el mundo era mágico otra vez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Entonces, mi amor, háblame más de Cedric Diggory...”, la voz de su muñequita pelirroja parecía bailar frente a él con un sonido equivalente al esmalte de sus uñas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Elocuentemente, reinició su consabido soliloquio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguiremos charlando,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Neutrina  :)</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://neutrina.blogalia.com//historias/19296">
		<title>Primer encuentro con Kylie Hobbs: un infierno sobre las nubes</title>
		<link>http://neutrina.blogalia.com//historias/19296</link>
		<description>Estaba vestido de negro y era difícil distinguir dónde terminaba el suéter y dónde comenzaba el pantalón. Se sentó delicadamente a mi lado y murmuró un &quot;Good Day&quot; que no era estadounidense. Era extraordinariamente atractivo, sus cejas implacables vigorizaban una mirada oscura y pacífica que se escondía detrás de anteojos ligeros, pequeños y modernos. Tenía los labios gruesos y otros rasgos africanos se asomaban por su rostro angular y le daban un aire heterogéneo a su cara, que permanecía entre la rudeza atractiva y la afabilidad delicada.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Me hubiera gustado hablarle pero no parecía interesado. Recostó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos inmediatamente después de abrocharse el cinturón. Sus manos, bien cuidadas y limpias, reposaban sobre su regazo con los dedos entrelazados. Pero el llamativo hombre no estaba tranquilo. La sangre había abandonado sus nudillos y sus manos caían presas de intervalos regulares caracterizados por espasmos y temblores. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Probablemente le tiene miedo a volar&quot;, pensé.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Luego de la excitación del despegue y el ascenso, mi vecino separó sus dedos, se desabrochó lenta y cuidadosamente el cinturón y se estacionó por un momento en el angosto pasillo. Cuando se volvió a sentar, tenía un maletín negro entre sus manos.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Con un cuidado que rayaba en el perfeccionismo, el hombre abrió y extrajo del bolso una computadora portátil negra, la que depositó, luego de un inacabable minuto, sobre la bandeja frente a él. Con la delicadeza con la que se maneja  un recién nacido, el individuo se zambulló en un ritual conmovedor entre él y su ordenador; parecía acariciar el aparato en vez de usarlo. Abrirlo y encenderlo tomó casi diez minutos. Él pasaba sus dedos por sus doblajes, soplaba entre su teclado diminuto, revisaba minuciosamente su pantalla buscando huellas indeseables y, desde mi punto de vista, completamente invisibles e indetectables. El aparato brillaba en su reconocimiento metálico de ser &quot;tan apreciado&quot;. Recordé la enferma relación entre un francotirador y su rifle en alguna novela que leí.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El melodioso y familiar sonido de entrada al sistema operativo llegó hasta mí acolchado por el rugido de las turbinas. Observé como varias ventanas llenaban su pantalla y luego abandoné mi interés en él para sumirme en la lectura del libro, Zombie, de Joyce Carol Oates, que había comprado en el aeropuerto. Cuando el sombrío criminal de la novela describía a una de sus víctimas, ya muerta en la tina del baño, empezó la turbulencia.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El principio fue brusco e inesperado. No bien dos minutos habían pasado desde que escuché el sonido distintivo de que nos abrocháramos los cinturones y la voz del capitán que le ordenaba a las azafatas a que tomaran asiento, cuando, al parecer, nos deslizamos de una corriente de aire a otra. Todos en la cabina sentimos como si cayéramos irremediablemente al vacío. Sentí que el estómago me llegaba a la garganta y se devolvía, una de las azafatas que caminaba hacia su lugar, perdió el equilibrio y fue a parar de espaldas al estrecho suelo del pasillo. En ese instante, también salió volando la computadora del hombre a mi lado y cayó precisamente sobre la mujer que yacía semiinconsciente en el suelo.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Mientras observaba los desatinos a mí alrededor, noté que la mujer sentada a mi otro lado había sacado la bolsa blanca del bolsillo delantero y estaba convulsionando dentro de ella. El avión palpitaba entre nubes delgadas que pasaban rápidamente por sus enormes y poderosas alas. No tenía miedo de volar y sabía que una pequeña turbulencia no acabaría con el aparato, pero comenzaba a preocuparme por la sangre en la cabeza rubia de la desplomada azafata.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El hombre a mi lado estaba completamente entumecido. Sus ojos permanecían fijos en su apreciado aparato que yacía incómodamente entre los muslos de la abatida mujer. Me puse de pie y le pedí en inglés que me permitiera pasar. En ese momento, otras dos azafatas llegaban a socorrer a su compañera. Cuando llegamos hasta ella percibí que los gritos y las oraciones de una señora de origen latino que rezaba el Padre Nuestro mientras le imploraba a su dios que no la dejase morir allí, me estaban enervando el temple seriamente. &quot;¡¡Ay, Jesús, recuerda que hace diez años que no lo veo y tú me prometiste que lo volvería a ver!!&quot;. Era seguro que cuando aterrizáramos ella le atribuiría el &quot;milagro&quot; de su salvación a sus oraciones y a su fe. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Caminé hasta la señora y le pedí que me ayudara. Ella dejó de gritar sus rezos para escucharme, su mirada era el pánico renacido.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Si usted se me desespera, mi doñita, las cosas empeorarán. La mejor forma de ayudarnos es quedarse tranquilita en su sitio, cierre sus ojos y concéntrese en Dios. Todo va a salir bien, créame.&quot;&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Cuando me volví hacia la derrumbada aeromoza noté que la mirada azabache de mi vecino de asiento se había posado sobre mí. Sus manos estaban todavía temblorosas pero alguien le había devuelto su ordenador, que había guardado dentro de su maletín y colocado de vuelta en su regazo. Le sostuve la mirada y me le acerqué, el avión se estremecía dentro de las corrientes de aire y las nubes.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Es mejor que pongas eso en el compartimiento de aquí arriba. Estará mucho más seguro&quot;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Me entregó el maletín sin cambiar la expresión en el rostro. No parecía tener miedo, más bien aparentaba estar en un inigualable estado de confusión. Su frente se hallaba colmada de gotitas de sudor y su cara brillaba con la humedad, noté que su pelo lacio se pegaba a su cuello por culpa de la transpiración y que su respiración estaba notablemente alterada.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;¿Te sientes bien?&quot; le pregunté y posé mi mano sobre su hombro. El estremecimiento del tipo le comenzaba en las entrañas y su mirada era pura angustia. No podía ni hablar.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Voy a ver si consigo un poco de agua&quot;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Pero una de las azafatas me pidió que tomara asiento, ella se encargaría de traernos algo de beber. Un hombre que parecía descendiente directo de los vikingos se ofreció a trasladar a la azafata herida. Al parecer había sufrido una concusión al caer, su cráneo había chocado con uno de los asientos y no sólo tenía una herida severa sino que además había sufrido un golpe serio. Sus compañeras lucían preocupadas y el agua tardó siglos en llegar.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Antes de que el líquido mojara la garganta seca de mi espantado amigo, noté que la señora que vomitaba a mi lado ya no estaba. En  ese momento, la aeronave atravesó por otro cambio de corriente de aire que envió a la doñita latina a otro episodio psicótico-religioso y provocó que el infortunado vecino, afectado brutalmente por un ataque de ansiedad monumental, tomara mi mano y la apretara como si se tratara del &quot;final-final&quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando me encontraba a punto de pedirle que me aflojara un poco la mano, la situación se normalizó por un reducido momento y la azafata llegó con algunas botellas de agua mientras otra de sus compañeras intentaba calmar a la perturbada señora. Le arrebaté mi mano al llamativo vecino y tomé la botella de agua junto con dos vasitos con hielo. Le serví un poco y él bebió como si hubiese estado tres días perdido en el desierto. Le volví a llenar el vaso y saqué de mi cartera la mitad de un Rohypnol.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;¿Lo quieres? Te relajaría mucho&quot;, lo tomó de la palma de mi mano con sus dedos temblorosos y se lo llevó a la boca. Me daba mucha lástima verlo sudar, lucía tan vulnerable y un hombre atractivo y vulnerable produce sentimientos peligrosos en el cerebro femenino. &quot;Puedes tomar mi mano si quieres, pero no me la aprietes mucho&quot;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Sonrió pero aún no podía hablar. Comenzó a devorar el hielo de su vaso masticándolo furiosamente, su mandíbula a veces temblaba como de frío. Cada vez que el avión se sacudía, él entrelazaba sus dedos entre los míos y me apretaba. Todo el conjunto neuronal de mi sistema límbico imploraba porque continuara la turbulencia.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
En medio de un momento de estabilidad, la azafata que nos trajo el agua se acercó y le pregunté sobre el estado de su compañera. Nos informó que estaba mejor, había recobrado la conciencia y no parecía tener ningún daño grave. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Sin embargo&quot;, dijo la aeromoza en voz más baja y acercándose un poco más a los dos, &quot;la señora que estaba sentada a tu lado murió de un ataque cardiaco. No se pudo hacer nada para salvarla&quot;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Sentí que él apretaba mi mano y deslizaba su pulgar por mi piel, pero no en forma de caricia, más bien como si se tratara de un tic nervioso. Lo miré, no sabía qué decir.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;¿Viajaba sola?&quot;, le pregunté a la joven que me miraba como esperando una reacción más dramática.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;No, su hija estaba sentada unos asientos más atrás. Ahora está con el cuerpo&quot;. Cuando articuló las palabras &quot;el cuerpo&quot;, cambió la inflexión en su voz. &quot;Sólo llevo unos meses trabajando en esto y es la primera vez que viajo con un cadáver en la cabina. He sabido de cuerpos que van en ataúdes con el equipaje, pero esta vez es distinto&quot;, la mujer susurraba y noté que el individuo que me tomaba de la mano se tensaba con cada murmullo de la aeromoza. Ella, al parecer, también lo notó.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;¿Tu esposo está bien?&quot;, me preguntó dulcemente. Era una chica joven, algunos 24 años, y podría perfectamente ser la representante de Iowa en cualquier concurso de belleza americana.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Él pareció no escucharla porque no manifestó ninguna reacción que yo pudiera rastrear. &quot;No creo que esté bien pero no es mi esposo, ni siquiera sé su nombre aunque llevamos más de media hora tomados de la mano. Creo que está padeciendo de un ataque de ansiedad, le he dado un calmante. No estaría mal si se tomara un trago de Whisky también&quot;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Ella sonrió y le puso la mano en el hombro. Antes de hablar sacudió su larga cabellera rubia como para quitársela de la cara, a pesar de que ninguna hebra le cubría el rostro, y se le acercó peligrosamente. &quot;Everything is going to be fine. The captain has already told us that everything is under control. It usually is, unless you count the dead woman in the back&quot;, estas últimas palabras fueron susurradas coquetamente frente a él. El flirteo de la mujer me parecía inexplicablemente ofensivo, pero mi vecino en ningún momento soltó mi mano, así que no le hice caso. Además, la convencí para que nos trajera dos tragos.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La noticia de la mujer muerta muy pronto llegó a nuestros oídos por otros labios. El suceso saltó de un lado a otro hasta recorrer todos los espacios del avión, desde los recovecos de su cola, donde se enfriaba el cuerpo inerte, hasta la comodidad de primera clase, donde algunos curiosos se atrevieron a asomar sus caras entre las cortinas azules esperando ver sangre, indelicadezas y anomalías por doquier.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Si algunos de esos ojos extraños y adinerados se posaban en mi asustado vecino y yo, contemplarían a una pareja tomada de las manos disfrutando de una amena conversación. Y es que el trago y el medicamento consumaron al fin sus funciones y le habían soltado la lengua al ansioso caballero que ahora se interesaba en los más curiosos y particulares temas. Mi celestina fantasía comenzaba su rápida trayectoria  hacia una muerte ineludible.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;¿Le temes al infierno?&quot;, fue la primera pregunta que me hizo. Su acento era decididamente exótico a mis oídos, quizás de origen australiano, pero el tono de su voz era melódico y poseía una característica apaciguadora que hipnotizaba eficazmente al unirse con la ambigüedad en su mirada de luna nueva. &quot;¿Le tienes miedo a Satanás?&quot; &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Las cortinas de terciopelo negro que simbolizan mi escepticismo comenzaron a caer sobre el necio romanticismo que amenazaba con apoderarse resbaladizamente de mi cerebro. Mi confuso silencio permitió que él siguiera formulando extrañas preguntas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;¿Crees que Dios sea justo al juzgarnos? No me parece que entendamos la justicia divina. Creo que andamos perdidos entre sus conceptos, no entendemos nada y por eso muchas veces Dios nos rechaza. Quizás nos mande a todos al infierno...&quot;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Me miraba fija y seriamente. Era tan atractivo que no pude más que detenerme a escuchar a mi suerte que se reía como hiena rábica dentro de mí cabeza. &quot;¿Por qué, por qué, por qué?&quot; preguntaba por otro lado mi cerebro a nadie en particular.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;No creo en ningún dios, ni monstruo, ni divinidad. No creo que exista Satanás ni el infierno&quot;. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Luego de casi una hora de permanecer tomados de la mano, sus dedos lentamente se despidieron de los míos y abandoné toda posibilidad de que nos pasáramos el tiempo que restaba de vuelo besándonos como impulsivos desaforados.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;¿No crees en Dios?&quot; El temblor en su voz traicionaba lo desagradable que le resultaba esta sorpresa. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Así es, hace mucho que soy atea&quot;. Aquel cambio de escena era terrible, lo que menos me apetecía era una conversación religiosa. De hecho, para mis objetivos sexuales, era mucho peor que el individuo resultase un fundamentalista religioso a que me revelara que era &lt;a href=&quot;http://www.ntsearch.com/search.php?q=gay&amp;v=56&quot;&gt;gay&lt;/a&gt;, por lo menos este último no terminaría aburriéndome. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Permanecimos unos segundos en silencio, el avión continuaba su paseo abrupto entre las nubes pero él parecía ensimismado en otros problemas. Di la conversación por terminada y comencé a buscar el libro en mi mochila.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;¿Le tienes miedo a la muerte, entonces? Preguntó, mantenía sus manos alejadas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Le tengo miedo a una muerte dolorosa&quot;, expliqué mientras buscaba la página marcada.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;¿Y qué piensa un ateo que sucede luego que uno muere?&quot;&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Pues esta atea cree que sucede lo mismo que ocurre antes de nacer&quot;. El avión jugaba con la pequeña tormenta y sus estremecimientos volvían a intimidar a mi compañero de asiento. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Me llamo Kylie Hobbs, vivo en Queensland, en &lt;a href=&quot;http://www.ntsearch.com/search.php?q=Australia&amp;v=56&quot;&gt;Australia&lt;/a&gt;. Pertenezco a una organización bautista en mi país y voy camino a mi primera misión religiosa en el extranjero&quot;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Parecía un pequeño Scout recitando las metas a lograr. Lucía menos nervioso, aunque no dejaba de cambiar de posición en el asiento. Me miraba como tratando de entender su designación. Yo intentaba salir de mi agotado asombro.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Mi cerebro estaba capturado por la impresión de que aquel hombre, silenciosamente, ansiaba descifrar los motivos que podría tener su deidad para ponerlo en tan embarazosa situación. Temía seriamente que se le metiera en la cabeza convertirme a su fe.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Pero, tienes que creer en algo, ¿no? Todo el mundo necesita creer en algo&quot;, enfatizaba nerviosamente la palabra creer. Cerré el libro, crucé las piernas, me quité las gafas y sonreí lo más sinceramente posible.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Decididamente creo en muchas cosas. Yo sólo he decidido desconfiar de los eventos sobrenaturales y los acontecimientos extraordinarios a menos que vengan acompañados de pruebas extraordinariamente contundentes. He ido descartando deidades y si descarto una no veo por qué no descartar otra y otra y otra. En algún momento llegaría a la tuya, ¿no crees?&quot;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Pero es que no puedes descartar a Dios. Él es verdadero&quot;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Entonces tendrías que demostrarme su existencia. ¿Puedes hacerlo?&quot;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Cuando Kylie Hobbs sonrió, su rostro completo sucumbió a su sonrisa y me fue posible creer ciega e instantáneamente en la belleza humana. Imploré con todas mis ganas que corrientes de aire en distintas direcciones nos pusiera en un momento apretado para que el bello Hobbs me tomara de las manos otra vez; aunque me doliera íntimamente que su diálogo incluyera a un hombre crucificado en una cruz y otros relatos violentos.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Puedo hacer que lo sientas en el corazón. Si me dejas, por supuesto&quot;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;¿Y qué tendría que hacer yo?&quot;&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Sólo escucha mi testimonio. Hoy es un día muy importante para mí y creo que el Señor me está poniendo a prueba. Todo lo que está pasando me afirma que el Señor quiere estar seguro que voy hacer un buen trabajo para él&quot;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Kylie, luego de preguntar mi nombre y tomar nuevamente mi mano, me contó sobre su familia de clase media en Queensland. De sus hermanas y hermanos, de su padre, un pastor muy popular de la iglesia; su madre, una mujer elegante y hermosa que se enorgullecía de trabajar para Jesús, de sus sobrinitos y demás relaciones. En definitiva, la familia Hobbs estaba dedicada en cuerpo y alma (para ellos literalmente) al estudio de la Biblia y a la espera de la segunda llegada de Cristo. Desde pequeño, Kylie escuchaba voces y padecía ataques extraños, probablemente algún tipo de epilepsia del lóbulo temporal. Sin embargo, toda su familia estaba convencida de que aquella enfermedad era una señal divina y que &quot;little Kylie&quot; era una persona importante entre los siervos de Dios, destinado a grandes cosas. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Tanto se lo dijeron que Hobbs terminó creyéndoselo.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;A los doce años preparaba discursos que leía para una congregación infantil que formó mi padre para que yo los guiara por el camino de Dios. Papá y yo ensayábamos nuestros discursos y orábamos juntos antes de partir hacia la iglesia. A los trece años ya participaba en un programa de televisión. Pero mi verdadero llamado estaba más allá, no quería predicar para los convertidos, mi pasión era atraer a los descarrilados, los que se habían alejado de Dios al no entender sus motivos y es que los motivos de Dios siempre serán diferentes a los nuestros, porque Él es capaz de ver más allá en tu destino y saber lo que te conviene&quot;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Su discurso era perfecto. Animado por el alcohol, el Rohypnol y el estado de desequilibrio que emanaba a nuestro alrededor, el pastor Hobbs usaba su carisma, aparentemente interminable, para depositar la idea de Dios en mi cerebro. Él hablaba y mis neuronas vislumbraban lo que sería besar apasionadamente aquellos labios tan sensuales. El joven hombre llevaba dos años entrenando para participar en la organización de su iglesia y ser enviado a otro país a predicar la palabra de Dios. Ahora nos dirigíamos todos a Managua, Nicaragua.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&quot;Hace unos meses que vengo dudando del poder del Señor. Me enamoré de alguien que no pudo corresponderme, meses despué